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lunes, 18 de junio de 2012

Juan Martínez Montañés

Hablar de un genio de la escultura como éste del que hoy se cumplen 363 años de su muerte, acaecida en 1649, es simplemente jugar a la reiteración, porque poco más se puede añadir del autor cuya estela, tan inalcanzable, le ha terminado por reconocer sus méritos al punto de sobrenombrarlo como “el dios de la madera”. En todo caso lo que realmente nos interesa de Montañés es esa etapa en la que su formación granadina marcaría una conformación del estilo que adoptó a los años Juan de Mesa entre otros, y que viene a señalar la ciudad de Granada como el epicentro de las escuelas escultóricas del barroco en el sur de España.

Es innegable que Montañés se formó con Pablo de Rojas como que nuestro hombre terminará por adoptar los estilos y modos que el maestro le influiría. La revisión del crucificado de la Sacristía de la Catedral de Granada lo emparenta más que nunca con las obras de Rojas y de sus seguidores. Ésta soberbia pieza es una atribución al grupo de barristas granadinos del manierismo, preconizadores del barroco, los Hermanos García. Precisamente hay un detalle estelar que nace en Granada y adopta Sevilla a través de Montañés para convertirse en uno de los elementos de la estatuaria del barroco hispalense: la corona de espinas tallada sobre la base craneal enroscándose con vehemencia en la cabeza del Hijo del Hombre. El elemento definitivo y definitorio que Juan de Mesa dejó en el Gran Poder y hoy más que nunca, conviene indicar su procedencia granadina.

Montañés es el vínculo y nexo entre ambas zonas del sur de España: Granada y Sevilla. Incluso toda vez que es admitido como maestro escultor (entallador) sigue su vinculación granadina ejerciendo de padrino de bodas o llevando a acristianar a hijos de amigos. Si Pablo de Rojas es el “padre de la imaginería andaluza”, Montañés hace lo propio en Sevilla, dando forma y contenido a la que después serán las líneas básicas con las que se pueda definir la escuela sevillana.

A su muerte, ya era más que seguro que desaparecía uno de los creadores más grandes que el Barroco español dio y daría. Su calidad, las líneas naturalistas, el casi eclecticismo de sus obras, entre el clasicismo a la romana y el barroco hispano y su arrolladora personalidad (como Hermano de la polémica Cofradía de la Virgen de la Granada, otra vez más el nombre de esta ciudad en su vida) han terminado por hacer de Juan Martínez Montañés, el maestro más insuperable de la imaginería religiosa universal. 

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