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viernes, 13 de abril de 2012

Semana Santa en Granada 2012: vestimentas

Llevaremos más de cien años vistiendo tal y como hoy día lo entendemos a nuestras bendecidas Imágenes. Cientos, miles de bendecidos simulacros revestidos con el arte efímero del que hoy nos toca hablar. Por tanto, a estas alturas, queda claro que la capacidad de innovación está poderosamente restringida. Y quiero que esta reflexión de inicio nos acompañe de ahora y hasta el final de esta entrada. Para nada afirmo con rotundidad que no haya vestidores capaces de salirse de la norma, de presentarnos algo distinto y poco conocido, pero no nos engañemos: poco hay que a estas alturas, no hayamos visto. Luego los "partos e inventos" quizás sean más provocativos que efectivos. 

Y por supuesto que no es Granada la ciudad que tiene a sus Dolorosas vestidas con experimentos, a pesar que se hayan hecho algunas vestimentas dignas de mezclar con gaseosa hace unos años. Lo cierto es que vivimos en una ciudad que tiene la suerte de poder comprobar la capacidad creativa y técnica de nuestros paisanos consagrados a este arte efímero, sin nada que envidiar a ciudades de enjundia. Nombres (y los ordeno alfabéticamente para no levantar suspicacias) como Álvaro Abril, Israel Cornejo, Esteban Cruz, Francisco Garrido, Francisco Garví o Fernando González son exponentes de unos méritos absolutamente desconocidos hasta no hace tantos años. 

Pero aunque lo ya dicho no deje de ser mentira, lo cierto es que al igual que ayer habláramos de abandono de lo sencillo en pos de lo rebuscado, y no siempre para mejor, en las vestimentas corremos el riesgo de vivir algo parecido. Entiendo que haya vestidores con un grado de profesionalidad (entendiendo esta como el desempeño de esta labor con una pasión desmedida) tan grande que quieran rizar el rizo a cada año, sin percatarse que quizás esté ya todo inventado, casi todo dicho y que cuando se ha dado con la fórmula perfecta, cambiarla por nuevas propuestas que buscan originalidad y distinción no siempre es lo más acertado. 

Si algo echo de menos en Granada es a esos cofrades de otras ciudades, con los arrestos suficientes como para presentar siempre a su Virgen, invariablemente, de la misma forma. Porque me imagino el año que el vestidor acierta de pleno con el material empleado. Con el tono. Con la colación. Consigue en efecto que rostrillo y pectoral estén al servicio de la mascarilla de la Imagen. El juego de tonos entre el tejido y la policromía es el adecuado. Efectúa un tipo de vestimenta que permite resaltar perfiles y volúmenes de la Obra Bendecida. En resumen: da con la cuadratura del círculo... Bien, pues ya está. Como dijo el poeta, "así es la rosa, no la toquéis". Pero en nuestra ciudad, una vez que hemos cuajado el tipo de vestimenta idónea para una Imagen concreta, nuestros vestidores, bien por el prurito de no ser criticados si repiten, bien por exigencias de los hermanos responsables (a su vez, con el prurito de no ser criticados si se repite vestimenta), bien porque se exceden en la búsqueda de innovaciones y originalidades que no siempre sientan bien, abandonan el paso dado para hacer algo distinto. Y no conseguimos que arraigue un tipo, una estética que defina incluso la personalidad de la propia Dolorosa. Y por supuesto, como ejemplo rotundo, se me ha venido a la cabeza la exquisita manera de ataviar a Presentación, impertérritamente igual. Clamorosamente bien. 

El ejemplo ahora mismo traído me sirve igualmente para abundar en otro tema: la sencillez. Pareciera que lo fácil (si es que tiene algo de fácil vestir bien una Imagen) no es precisamente lo apropiado. Y vemos pectorales con una y mil vueltas de blonda, varios tipos de encaje, varios colores y complicadas maneras. Una amalgama de trazos de tela sobre el pecho de la Virgen que parece el urbanismo del Albaicín. Hasta que llega un vestidor este 2012; sin más pretensiones que resaltar todo lo posible la genialidad artística de una Virgen y casar su atavío con la personalidad de la Imagen y de la Hermandad de la que es Titular. Ya está. Y coge un sencillo tul, hace unas escuetas tablas, y firma la elegancia, la finura, la gracia y la delicadeza en algo tan sencillo, tan sobrio y tan escueto. Sí, efectivamente... Es Paco Garví y es la Virgen Jerónima de la Soledad. 

¿Y la Virgen del Triunfo? ¿Habrá forma más comedida de plantear a una Imagen letífica sin abusar precisamente de su carácter de gloria? El encaje justo y las formas idóneas que conjuguen con tonos de policromía, ademanes gestuales de la Obra y la jornada en donde Ella ha de procesionar.

A veces esta sencillez además comulga con una linea marcada desde hace tiempo por el vestidor, el prioste y/o la Hermandad. El resultado, siempre, salta a la vista. Como en la foto de arriba con Fernando González y la Virgen de la Estrella. 

Foto de Javier Núñez de la Red Social Tuenti
Y en la búsqueda de lo ampuloso se puede resolver a la perfección el carácter de la Cofradía, de su barrio, de la propia Obra bendecida. Nada mejor para ello que su propio autor, si su propio autor tiene la garra y la originalidad de este. No me atrevería a decir que con el auxilio de Antonio Hernández, maridaje que en otras ocasiones ha provisto para nuestra ciudad cosas sublimes, pero desde luego, si esta de la Virgen de la Salud es en su integridad de Israel Cornejo, no viene más que a decirnos que en efecto, como ya demuestra desde hace años con Remedios, estamos ante uno de esos artistas versátiles y descomunales.

La Amargura recibía proporción y mesura en su atavío. Lo efectuaba Paco Garví con el objeto de resaltar la policromía de la Virgen. Hayque estar muy atentos siempre a estas vestimentas teniendo en cuenta que una Dolorosa de tan aplastante calidad es una superación rigurosa que a estas alturas muchas veces se antoja difícil. 

No olvidemos las imágenes secundarias. Las legiones de sayones, de romanos, de ángeles o de la Santa de Magdala. Tan importante como la misma dedicación que hay que ponerle a una Titular. Y ahí Esteban Cruz, en los Misterios de la Cañilla y en el de Jesús Despojado echa el resto para maridar rigurosidad histórica, necesidades plásticas y dinamismo. Sobresaliente este año el de Fígares. Original y sobresaliente. Como el de Resurrección, consiguiendo el imposible de aportar movimiento y contundencia al Ángel o los romanos, en esta ocasión mediante el siempre impecable hacer de Álvaro Abril con el auxilio de Rafa Alors o de buena parte de la priostía de los de San Miguel Arcángel. 

Pero sinceramente... ¿Alguna de nuestras Imágenes se viste a día de hoy mal? El nivel es mucho, la exigencia mayor y la sana competencia entre los citados hacen que estemos a una altura complicadamente superada por otras ciudades. Sí pido que se hipoteque un tanto los "visos" de originalidad por los de funcionalidad. Que adquirida una linea, no está de más repetirla, aunque algunos consideren que es una falta de creatividad. Yo por el contrario opino que es la consagración de un modelo. Algunos podían dejar de exhibir tanto ingenio y no jugar con alguna de nuestras mejores y más grandes Dolorosas. En todo caso, se lo permite la Hermandad. Al igual que hemos de felicitarnos por la aparición en Dulce Nombre de Francisco Álvarez, que poco a poco empieza rescatarnos la que para mí fue y será la mejor aportación foránea del siglo XX a la Imaginería procesional granadina. Como sabemos de la capacidad de Jorge Heredia y de la salud incuestionable de nuestros vestidores que tienen sobrados méritos para aderezar como conviene a la Madre de Dios y a las Imágenes que procesionan. 

Pero como siempre, prudencia... Y la gaseosa para el vino. 

Fotos de Fernando Daniel Fernández para el Diario La Opinión de Granada.

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