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jueves, 12 de abril de 2012

Semana Santa en Granada 2012: exornos florales

Palio de la Amargura. Foto de Álvaro Abril.
A veces los ejemplos más sencillos son los de mayor calado. Imaginen que esta entrada versa sobre los recursos turísticos granadinos. Y que ponemos a debate las visitas que recibe Granada como reclamo cultural. Está claro que la Alhambra es el bastión patrimonial que nos asegura millones de visitas al año. Luego, si los palacios nazaríes tienen la fuerza histórica y artística suficiente como para convertirse en el primero de los focos de atracción en España, nadie a estas alturas sustituiría el conjunto alhambreño por un edificio nuevo, diseñado por Foster en colaboración de Calatrava, que seguro se convierte en un referente pasmoso pero que le iba a costar y mucho sustituir a la Alhambra en cuanto a funcionalidad cultural cuando ya tenemos la gallina de los huevos de oro en casa. 

Foto de Álvaro Abril.
Algo parecido viene a sucedernos con los exornos florales: después de décadas que teníamos en la mano el modelo perfecto de vestimenta floral de un paso, un exceso de creatividad por parte de los responsables, ha terminado por colocarnos una variedad de flores, de estéticas y de abotargamiento que hace peligrar la esencia real del adorno en nuestras andas procesionales. Y antes que señalar cualquier paso granadino, viendo las flores que lucía el palio sevillano de la Aurora, he terminado por creer que tenemos el rumbo atrofiado. 

Palio de la Amargura. Foto de Álvaro Abril.
¿Para qué sirve la flor sobre un paso? La pregunta a estas alturas parecería ñoña y sin sentido pero quizás algunos han dejado de entender que la flor es una ofrenda entendiendo que un paso, en la calle, juega el mismo papel que un altar, luego ha de llevarla. Pero en su justa medida. Bien es cierto que durante muchos años, la flor además servía como disimulo, como elemento destinado a tapar aquello de lo que se carecía o era precario. Como aquel calvario de Favores, que hizo las veces de canastilla del paso cuando este no existió, o esas flores que disimulaban malos basamentos de varal y tapaban los tubos metálicos que hacían las veces de candelería. Por eso, cuando algunos palios presumen de generosas esquinas que ocultan filigranas plateras y si me apuran, hasta desproporcionan en anchura los límites de las andas, no hago más que preguntarme en qué estamos fallando.

Palio del Rosario. Foto de José Velasco.
El Rosario ha sido mi predilección. Clavel. En el frontal, en el friso, en las jarras entre varales. Clavel y solo clavel. ¿Acaso por llevar clavel la Hermandad viene a señalarse modesta, pobre o falta de ingenio? ¿Acaso el palio que sirvió al resto del mundo como alfa y como omega (con permiso de Amargura de San Juan de la Palma) y que tiene a la Reina de San Gil bajo el mismo, no va de clavel? Me extraña estos empeños de priostes, floristas y asesores que inciden en colocar las violeteras de una manera, los frisos de otra, las jarras de otra... ¿Se imaginan una chaqueta con una manga de cada color, los faldones de otro y el pecho en un cuarto y distinto tono? Eso pasa en nuestros palios de hoy en día. Eso pasa con la Virgen de la Esperanza, que llevó clavel y solo clavel pero un día pensó que las violeteras con otra flor sería mucho más efectista, cuando la visión desde todos los lados y ángulos de un palio como ese, tan completo, tan sublime, tan estudiado, con una flor justa y comedida para que no reste protagonismo al patrimonio y siempre en una misma dirección estética, sería simplemente evocador. 

Jesús de la Pasión. Foto de José Velasco.
Y del palio llega al Paso de Cristo o de Misterio la innovación, y los calvarios quedan salpicados de frisos en varios tonos y con varias flores... Cuando una alfombra de clavel rojo, un monte de lirios o la flor más precisa, más ajustada, más comedida y más escueta (la necesaria, ya está) sería simplemente lo idóneo. 

Angustias de la Alhambra. Foto de José Velasco.
Blanco o rosa para María. E inventamos después de haber aprendido eso. Y buscamos tonos morados para nuestras violeteras. Cuando la flor encierra en sí misma un sentido iconológico. Ver que al pie de la cruz de la Soledad de Mora o de las Angustias de la Alhambra nacen centros descomunales que rompen con el entorno del planteamiento, nos deja fríos. Porque en la Alhambra, después de haber visto como las fotos llevan razón y que el color rojo es el que mejor casa en el paso, en la jornada, en la iconografía y si me apuran, hasta con el cielo de Granada, cuando de nuevo asistimos al magnífico placer de lo sobrio (que ya el Misterio de esa Piedad se basta por sí solo, no digamos la filigrana de las andas), las esquinas (que hubieran sido únicas con un color morado, de una misma flor y sin más) recibieron la flor más reproducida por los productores de plástico para los hogares decorados en bazares orientales. 

Palio del Rosario. Foto de José Velasco.
Clavel, sobrio, elegante, medido... Así iba el Rosario. Porque el Banco de Alimentos necesitó que la Virgen de Santo Domingo se empeñara en ser recatada este año o por lo que fuera. Que lo juzgue quién quiera. Y eso no quiere decir que no pueda llegar Álvaro Abril y diseñar un conjunto homogéneo, con sentido, con elegancia, con simbolismo y con vehemencia en el palio de la Amargura. Sin tapar lo que no se debe y resaltando cromáticamente el todo que son las andas de la Divina Comendadora. Pero en los excesos está el pecado, y sabrá entenderme él si digo que en Triunfo, no fue por el camino más debido. El pináculo y el crisantemo se escapa a una Hermandad de Gloria como esta, pues así la llamó dentro de la Catedral Su Excelencia Reverendísima y como "Estación de Gloria" que hace (y así dijo el Prelado granadino), los entre varales de Santa María del Triunfo hubieran sido más ideales para una dolorosa en el seno de una Hermandad severa y contrita. 

Palio de la Caridad. Foto de José Velasco.
La flor, que hemos dicho, sirve para ocultar. Y se intentó simular en los costeros del Paso de Misterio de la Cena que allí irán (Dios mediante y los tallistas quieran) los candelabros de guardabrisas que faltan. Pero si los centros suben tanto y me impiden ver parte (escueta, sí, pero parte) de la soberbia concepción del apostolado del Cenáculo granadino, yo he de proclamar que vengo a ver un arte que me refleja el simulacro de la Institución Eucarística, no flor. Para eso quedan otros espacios, otros lugares. 

Palio de la Merced. Foto de José Velasco.
Y la muestra, la Merced. La pionera en la orquídea (en Granada, claro) y la que no se sale del guión: sin tapar nada, sin abotargar nada, sin condicionar nada. Por eso se fijó en el ejemplo del palio carmelitano la Caridad y asumió estos presupuestos, consiguiendo efectismo para las andas de la zaidinera. 

Palio de la Estrella. Foto de José Velasco.
O la Estrella. No le cabe más tino en la disposición de su friso o de la flor de sus jarras, pero le sobra esa innovación de las violeteras. Insisto que el color es un empleo centenario en la liturgia. Y a María, como en sus fiestas hace nuestra Iglesia, siempre el blanco. O el rosa. Y sobra lo demás. 

Palio de Consolación. Foto de José Velasco.
Y después del alarde de gusto y de detalles que Antonio Boraita firma en Consolación, hasta me atrevería a proponerle que en 2013 se atreviera con algo sencillo, simple y rotundo: color blanco, una única flor (a su elección) y seguir con su tino, como en los encajes que asoman debajo de los exornos de las jarras de los costeros, que hacen tan singular, tan rebuscadamente elegante y maravillosa su labor de florista (y tantas cosas más) en el Palio de la Hermandad de San Agustín. 

Palio de Amor y Trabajo. Foto de Álvaro Abril.
Mirad Maravillas. Un tono, un mismo estilo, un mismo concepto. Y el resultado es.... SUBLIME. Proponeos ese conjunto de Amargura obra de Abril Vela. Y el resultado (homogéneo, contundente) es... SUBLIME. Y observar esa geometría imparable de las jarras de Ferroviarios, la que el pasado año nos dejó a todos simplemente sorprendidos. A pesar de salirse del rosa, o del blanco. Pero hay que descubrirse al estilo encontrado y conseguido. 

Claro que quiero creatividad. Pero echo de menos lo clásico, lo que siempre ha funcionado y parece que, de tanto verlo, nos da miedo usarlo no sea que nos llamen "antiguos" o "pobres". Por eso, apuesto por la imaginación, pero que de vez en cuando haya una flor como la de Rosario. Porque sólo así tendremos equilibrio en esta balanza. No olvidemos que el uso de la flor está más que definida desde hace siglos. Que se destine a lo que debe, y no cobre más protagonismo que la Imagen Bendecida para la que va destinada. Y esas especies naturales importadas y metidas a la fuerza en nuestro lenguaje estético cofrade, a lo mejor, quedan bien sobre el escenario de un teatro, en la convención internacional de unos médicos o para adornar las mesas de una comida de empresa de Dolce&Gabanna. Pero sobre un paso del sur de España, puede que no. 

Y ante la retina de mi memoria está pasando ahora mismo el mejor parto cofrade que hubo: el que Juan Manuel ideó para la Macarena. Con el manto camaronero y esos varales renacientes. Con los respiraderos de dragones. Con el fulgor de sus bambalinas. Con esa peana que parece el frontal de un altar vaticano. Y Ella... Y en el friso, en las jarras, en las violeteras... VEO SENCILLEZ. Y citando al Génesis: "Vio Dios que era bueno".

En conclusión: me quedo con Amargura, Ferroviarios y Merced. Homogeneidad, respeto a colores litúrgicos y sencillez, teniendo en cuenta los tres modelos presentados. 

P.D. Las fotos son obra de José Velasco y Álvaro Abril, que han demostrado una diligencia, una generosidad y una prontitud inusitada a colaborar con esta Alacena. 

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Este año Merced no iba con orquídeas...

Santi dijo...

No insistas con lo de gloria, hermano, que no es así; aunque lo repita año tras año, pues es tozudo como un servidor que, aunque lo es, no cae en servilismo.

No comparto que el exorno sea monocromático/monovarietal; una cierta variedad, no extensa, bien conjugada creo que va bien. Igual que coincido que las jarras cónicas no son del todo para una hermandad de capa, pero hay que dejar cierta creatividad y unos márgenes, la pena es que no tengamos algunas corporaciones un estilo definido en esta parcela.

Y lo de que la flor se ajuste a colores litúrgicos, al menos en el palio, ¿cómo tendrían que ir las Dolorosas del Domingo de Ramos? En la variedad, pensada y ajustada al estilo de la Hermandad, esta el gusto... y, por cierto, creo que junto con las vestimentas estamos en un nivel más que aceptable.

Un abrazo glorioso en pascua.

Anónimo dijo...

Yo en este asunto, me remito a lo que diga mi Prioste de Cabecera.
Francis.

Anónimo dijo...

Yo lo que no acabo de pillar es lo de las manzanas vergeleñas... doctores tiene la iglesia pero a veces pecamos de exceso de imaginación...