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miércoles, 4 de abril de 2012

Miércoles Santo en Granada

Otro de los días más fuertes y más seguidos en la ciudad. Las cinco hermandades, repartidas entre ese día en el Barrio del Realejo y aledaños, el castizo y racial barrio del Sacromonte y el centro histórico, lo convierten en uno de los más especiales y aplaudidos entre el granadino cofrade.

Abre la jornada la hermandad de los Gitanos. Una de las más conocidas fuera de Granada porque los últimos compases de su Estación de Penitencia transcurren entre el alborozo de su pueblo que le enciende hogueras en el Barrio calé que frente a la Alhambra, dispone de vistas incomparables. Es sin duda la Cofradía española con el apelativo de “gitanos” que tiene mayor número de éstos en el seno de la Hermandad y con referencias culturales a este pueblo más evidentes. Por cierto que para este Cristo, de 1685, hizo Antonio Machado su popular poema “Saeta” que cantaba Serrat y que es de las más conocidas marchas actuales.

El paso de palio subraya esa personalidad. Hecho entero en cobre, en recuerdo a uno de los oficios de mayor arraigo entre el pueblo gitano, queda presidida por esta dolorosa del neoclasicismo tan particular que ofrece una línea expresiva muy distinta.

Le sigue desde el centro, y desde el seno de la Universidad granadina, una Cofradía que trabaja a ritmos acelerados para hacerse con uno de los mayores reconocimientos entre las 32 cofradías granadinas y lo va consiguiendo, gracias al buen tino de su patrimonio, la compostura y número de sus hermanos nazarenos y el encanto de ese Cristo del círculo de Mora que aguarda un Misterio muy particular que veremos en 2013, así como la cada vez más cercana salida de la Dolorosa, la Virgen de los Remedios.

En las inmediaciones del Realejo sale una de las obras cumbres de la imaginería procesional andaluza. De hecho, es obra del conocido como padre de la escultura andaluza, Pablo de Rojas. El Señor de la Paciencia (hacia 1585) es el atado a la columna más personal. Sólo la contemplación de su recia y fibrosa espalda, conmueve.

Detrás, el particular paso de palio de la Virgen de las Penas, la que lleva la corona de mayores dimensiones de Granada y la muy completa colección de bordados de su paso de palio, obra del taller Fernández y Enríquez.

Pero es en el pleno Realejo donde la Hermandad del Señor de las Tres Caídas y la Virgen del Rosario capta todas las miradas. En unos años han hecho de la Cofradía la más popular, la del cortejo más amplio, el patrimonio más exuberante y el tipismo folclorista más acusado. El Paso de Misterio es el más antiguo de la ciudad; el Señor lleva procesionando 331 años y su conjunto es celebrado por la identidad del andar de su cuadrilla.

Luego, el palio que más ha progresado artísticamente en Granada. Y en todos los sentidos. El buen número de nazarenos, camareras y penitentes, la adopción de formas de otros lares junto a la tradición marinera que se le asocia y el buen gusto del cortejo describe todo lo que supone y escenifica esta Hermandad, llamada a ser de las más grandes de la ciudad.

La quinta Cofradía del día rezuma exquisitez. Fue una de las renovadoras de la ciudad hace más de 25 años y sigue en ambos pasos y en el resto de sus enseres dejándose notar. El Nazareno pasa por ser una de las aportaciones escultóricas contemporáneas más interesantes, como también la forma de procesionar, de manera silente, o sus cuidadas andas.

En el palio de la Virgen de la Merced se reúne la proporción, la armonía y la casi exclusiva oportunidad de escuchar el repertorio de marchas más clásico y cuidado de la ciudad. Un deleite para los que aprecian el corte de Hermandad seria y severa, a caballo entre el rigor de las corporaciones silentes y las de “capa”, pero con concepción austera y heterodoxa. 

En esta ocasión, las fotos son de dos de los más atinados fotógrafos cofrades granadinos: Sergio Aguayo y Manuel Puga.

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