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jueves, 15 de marzo de 2012

Saca tu papeleta de sitio

Nos llevan siglos y eso se nota... No sé si de tanto repetirlo, terminamos realmente creyéndonos que en efecto, aquellas ciudades que fueron conquistadas casi dos siglos y medio antes que Granada, disfrutaron de Semana Santa dos siglos y medio antes que nosotros y por eso tienen el emporio patrimonial, la definición estética y el arropo devocional que a veces demandamos en esta ciudad; y no es cierto. Pero de ninguna forma lo es.

Sí, existieron hermandades desde el siglo XIV por ejemplo en Sevilla. Pero el concepto cofrade que durante la Semana Mayor tenemos, nace a raíz del Concilio de Trento y en concreto desde su apertura en 1545. Es entonces cuando se decide que hay que contrarrestar de alguna forma la posible expansión del protestantismo. Es entonces cuando recibe toda clase de parabienes la religiosidad popular y será con Pío V, (Papa que encarecidamente apoyará las manifestaciones laicas desde 1566), cuando las procesiones vengan a ser primera entre las herramientas de catequización pública de la Iglesia Católica. Luego, el barroco haría el resto.

Para que un ejemplo hable mejor que todo lo que uno pueda decir, valga de muestra la Hermandad del Cristo de San Agustín. Está presente en nuestra Semana Santa desde 1993, y desde 1989 es hermandad penitencial, pero eso no quiere decir que su antigüedad real sea de 1680 y que haya estado viva y con actividad cultual y devocional desde entonces hasta que tomó carácter penitencial. Igual sucede en Sevilla, en Córdoba y en cuantas ciudades fueron reconquistadas para el cristianismo por los reinos castellanos. Tendrán hermandades del siglo XIV, pero su Semana Santa empezará a contar como en Granada, el último bastión musulmán del continente, a partir de la convocatoria de Trento.

Esto conviene especificarlo porque los cofrades de esta ciudad, en una demostración de desconocimiento, achaca las diferencias que siguen notoriamente existiendo entre la Tierra de la Giralda y la nuestra a esa diferencia secular en la reconquista cristiana, y si bien es un factor que pudo ser condicionante en la implantación religiosa, no en la estética y patrimonial. El verdadero motivo por el que Sevilla fue, es y malicio que será referente cofrade, primero, hay que buscarlo en sus hijos, en sus ciudadanos. Como es tarea del antropólogo o del sociólogo, lo dejo apartado. Pero la cuestión nace a raíz de las continuas supresiones cofrades que el Consejo de Castilla hizo desde Carlos III y que especialmente fueron cruentas durante los gobiernos liberales del reinado de Isabel II, al punto de que ciudades pujantes como Jerez de la Frontera, perdieron todas sus hermandades; pero en Sevilla los reales decretos pasaron sin pena ni gloria y la instalación de la “otra corte real” en el Palacio de San Telmo, la de los Montpensier, hicieron el resto. El siglo XIX fue resolutivamente próspero para las Cofradías sevillanas, mientras que en Granada, subsistían las del Entierro y la Soledad (entonces en Santa Paula), amén de la del Cristo de San Agustín por citar a las actuales que siguieron vivas, pero esta última sin implantación procesional y penitencial.

Esto me sirve para además subrayar una idea que para muchos es heréticamente incomprendida. El motivo, el origen y la sustancia que hizo nacer a las hermandades penitenciales, es la de procesionar. Está claro que como católicos estamos llamados al ejercicio de la caridad, y que al escoger libremente el compromiso de ingresar en una Institución Pública de la Iglesia, hemos de demostrar con más ahínco las responsabilidades que nos exige nuestra fe. Pero que nadie olvide que nuestras Hermandades nacieron con el objetivo primero y primordial de procesionar. Y es incuestionable.

Luego, y resumiendo: no, no somos tan diferentes por tardar más en ser Reconquistados; lo estamos por diversos y complejos avatares históricos y porque el celo y el arraigo cofrade de unas y otras ciudades no prenden por igual. Y no, no puedes quedarte en casa. No puedes dejar de procesionar en tu Hermandad. No puedes sentirte cofrade, ser cofrade y disfrutar de la Semana Santa, y no tener ya la papeleta de sitio, o saber al menos que en estos días, estará en tu mano. Porque si un día decidiste ser de una Hermandad, evidentemente, era para procesionar. 

6 comentarios:

Fernando dijo...

Servidor ya tiene su papeleta de sitio y su túnica (reservada desde el año pasado). Y por mucho que entre Madrid y Granada haya aproximadamente 435 kilómetros de distancia, las ganas no me las quita nada ni nadie. Es más, cuanto más lejos estoy de mi tierra, más cofrade me siento y con más impaciencia cuento los días que quedan para el Domingo de Ramos.

Como siempre, un placer leerte, David.

costalero gruñón dijo...

Eso es así, no tiene sentido poder participar con tu hermandad en la calle y quedarte fuera luciendo la medalla mientras ésta está haciendo estación de penitencia..."toma tu cruz, y sígueme"...

Un abrazo

monaguillo dijo...

Ya tengo dos y voy a por la tercera... lo que viene siendo una derrama.

Santi dijo...

El "hermano acerero" es una verdadera tradición extendida... lo que ocurre que cuando las cifras globales superan el millar en nómina, los cortejos tienen empaque; cuando es el caso, como de Granada, con mayoría que ronda los 500 hermanos aprox. (porque seamos serios, las bajas tardan en darse) tenemos los cortejos que tenemos... aunque sea ilógico pertenecer a una Cofradía y no procesionar; vamos, como yo, que tengo el carnet de golf y tiraba bolas de vez en cuando pero no salía al campo... así que en enero, cursé mi baja federativa; comparativa que leí en un blog, no recuerdo cual, quizás el del monaguillo...

JUAN PEDRO dijo...

amen señor david, y usted dice que mi blog es bueno?? pongase las mismas estrellas. un saludo.

Anónimo dijo...

costalero gruñón y el viernes santo pasado donde estabas?