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martes, 6 de marzo de 2012

Incienso, Cera y Micro

Lo más seguro es que se lo hayan ganado, nos lo hayamos ganado o merezcan (merezcamos) las críticas. No porque sean justas, sean razonables o sean reflexivas, sino porque aquí nadie aguanta que le digan las verdades. No sigan dándole vueltas: me refiero a los medios de comunicación en relación con las Hermandades y al concepto que en Granada se tiene de ellos. Atroz, despiadado, desmedido y sanguinolento.

No disculpo contenidos, ni maneras de llevar a cabo un programa de televisión o de radio y mucho menos a ciertos personajes que han hecho con el micrófono un arma a blandir según necesidades y según caprichos. No toleraría quienes han usado el poder (vanidad, siempre vanidad) de la audiencia para verter auténticos despropósitos por la boca. Y antes de nada, no creo que yo nunca, en mis diez años y medio de seguido que tuve en una primera etapa y el cuarto de hora que llevo de esta segunda, lo haya hecho todo bien y probablemente incluso alguna vez me dejara seducir precisamente por los halagos. La conciencia, eso sí, está a prueba de bombas porque nunca fui partidista y nunca actué en mi propio beneficio. Para que no se levantara polvo, a los programas nunca vinieron mi Hermandad ni mis intereses. Ahí queda eso.

Aquí esta ciudad de Caínes y algún Abel con el paso cambiado, ha matado al único que algún día habrá que agradecerle ser incombustible y dignificar la afición por contar las cosas de nuestras hermandades. El que no sepa su nombre que no espere que yo lo apunte. Es el más veterano que de renglón seguido ha hecho radio, o televisión, o radio, televisión y prensa y a quien se le achacan cosas que jamás han desfilado ni por su pluma ni por su voz. Pero es el blanco más fácil quizás porque es el que más ha contribuido. El que más ha dado y el que más espacio de servicio público ha conquistado para las mismas hermandades que en su día (tal vez hoy también) le criticaron un partidismo, un favoritismo o un amiguismo que difícilmente ha de sostenerse. Lo que le sucede a esta bendita Granada que a veces se disfraza de madrastra es que no es capaz de acordarse de todo lo bueno que se ha ido almacenando el plato del haber, pero no deja de acordarse de lo que hay pesado en el debe.

Luego uno se alarma sobremanera cuando te ponen como ejemplo programas concretos de la inigualable Sevilla y hacen de estos la conciencia de cabecera del cofrade. Sin pararse a reflexionar si unos y otros medios, quizás con los mismos colores y símbolos, tienen igualdad de presupuestos, si las hermandades de Sevilla y las de Granada son capaces de revertir la misma información y del mismo grado e interés y (ahora voy más allá) si tienen la misma facilidad de sugestionar, de embelesar, de sobrecoger, unas Cofradías de la Baja Andalucía y otras de la ciudad de Darro y Genil.

No quiero que nadie se mese los pelos de la barba, pero debe ser absolutamente irresistible y complacientemente mágico narrar cómo el paso de palio de la Señora de San Gil pasa ante uno, apostado, micrófono en ristre, ante los desfigurados ojos del que se apresta a contar qué y cómo transmite la más universal Imagen de la Semana Santa mundial. En cambio (y poner nombres aquí es indecente), hay que contar cortejos de 34 nazarenos, 17 mantillas, pasos botando, piezas de recorte, edificios de 14 plantas en ladrillo visto con las bragas recién colgadas en el balcón del 4º y en el centro de todo este valleinclanesco escenario, algunas Imágenes Titulares que algunos seguimos planteándonos cómo consiguieron burlar a la Delegación de Patrimonio de nuestra Diócesis.

Pero ayer en el muro de facebook de unos pocos amigos, aparecía la Madre de la Esperanza, la prodigiosa e insuperable Reina de todo cofrade con gusto y dedos de luz en la frente, contada y cantada por Carlos Herrera. Traslada a Carlos, al gran Carlos, al “líder” Carlos a ciertas calles, a ciertas horas y con ciertas hermandades, y que saque oficio y cuente. Y al contar, que pellizque. Ahora bien, el cofrade granadino se pirra por retransmisiones hechas desde la tortuosidad de Francos o a la vera de los muros de un Alcázar. Se embarra de placer radiofónico cuando oye programas hispalenses donde un hermano mayor plantea informes nazarenos de más de dos mil hermanos o cuentan el estreno firmado por el Taller de Santa Bárbara de un manto que deja a la mayoría de los bordados granadinos a la altura de meras piezas de la tienda de los chinos.

Y están aquellos que se descargan en sus flamantes móviles programas televisivos donde se ha grabado el Altar de Cultos del Señor de las Penas de San Vicente o el Vía Crucis de una ciudad que lleva al Nazareno de la Salud hasta la fantasmagórica Catedral, la más grande y la más magna del Orbe. Aquí, se le saca jugo a lo que tenemos, y la mayoría de las veces nuestros programas son el reflejo de nuestras hermandades. Que nadie se lleve a equívocos, cuando se emborrache del solemne gusto de los que ponen voz y cara a la Semana Santa sevillana; porque ven lo que es esa ciudad tan amada y tan odiada a partes iguales y que algunos hemos hecho nuestra sin serlo. Porque en Granada ven la realidad, no la defenestración de nada. Y oyen lo que han de oír.

Sí, lo reconozco. Me hubiera gustado participar en la conexión en directo de un Pregón Oficial con Caro Romero, con el Rvdo. P. Sánchez-Dalp, con el “líder”,  hasta con Barbeito y su particular texto. Pero he llevado a donde nos dejaron entrar a pregoneros que ya no sabían de esta ciudad y sí de las miserias de la ropa interior de la Casa Real; o que habían hecho esa misma mañana el pregón en un aeropuerto; o que leyeron dos textos a falta de uno. O que pedimos al cielo, que ya que no nos respeta casi ninguna Semana Santa íntegras, que al menos hiciera lo propio con ese pregón, acuñando aquella famosa frase de “¿no va a llover en el pregón a ver si acaba?”.

Somos injustos. Sé que muchos que me leéis lo hicisteis investidos de amigos, que lo sois y de los buenos. Cuando anunciamos que nos metíamos de nuevo en camisas de once varas, hablasteis de soplo fresco y necesidad... Y no sabéis cuánto lo tenemos presente, porque es la única manera de hacer las cosas bien (mejor que en las dos ocasiones anteriores, entonamos el mea culpa), pero por respeto precisamente a vosotros. Aún así, me quedo con el caluroso abrazo de Rafael Troyano de la Cadena SER. De la ayuda brindada desde el minuto uno por Jorge Martínez desde la radio y la televisión municipal. De la alegría y de la sinceridad de profesionales como la copa de un pino de otras radios, que resumo en uno solo pero vale por todos: Vicente Gomariz.

Los medios de comunicación en Granada andan de dinero igual que un cojo de rodillas. El ejemplo es gráfico. A todos los responsables de cada uno de los programas les encantaría tener a Paco Robles, a Antonio Cattoni y al mismísimo Marconi si pudiera resucitar. Pero con dos euros mal contados, bastante tiran de oficio chavales medio púberes que no se llevan un duro y que por un bocadillo frío y un refresco caliente, se patean de cuatro de la tarde a tres de la mañana la ciudad de punta a punta, cargando con todo un equipo a a las espaldas.

Ojo, esos mismos responsables, también les gustaría contar que Granada está poblada de deliciosas imágenes de Mora, de Mena, de Risueño, de Peral, de... Y hablar de sus cortejos, de la inspiración devocional y estética que despiertan, de cómo se recortan en edificios imponentes, de cómo canta por derecho una saeta un flamenco de veras y de cómo suena Carmen de Salteras... Peor escuchan a la Banda de [pongan nombre] y a un saetero que parece un gato con afonía pisado por la estampida de la Madrugá aquella, mientras el palio bordado con plástico evidente cobija a una Dolorosa de escaso tirón devocional y menor gusto en el aderezo, al tiempo que vuelve de regreso con los mismos cuatro de siempre mientras en la puerta preparan un “encuentro”, una “cohetada” o vaharadas extrañas y poco recomendables.

Si el medio en concreto omite la crítica, suaviza la denuncia y da la callada por respuesta, es imperdonablemente cobarde y nada útil. Si se envalentona y dice, con argumentos y con verdades contrastadas qué y qué no ha de permanecer en la escena, un despotricador, un destripador, un injurioso conjunto de niñatos a cuyo frente está el más pérfido de los granadinos que ninguna mujer haya parido antes, destrozando la Semana Santa granadina.

Y entonces, vía internet, está empezando a 250 kilómetros un programa de radio; o de televisión. Y de fondo suena Tres Caídas de Triana, se superpone la voz de los Villanueva, se habla del último parto de los Hermanos Delgado López e informan que miles de personas han besado la mano de la Reina de [pongan aquí también el nombre]... Y los medios de comunicación de Granada, dedicados con más perjuicio que beneficio a difundir y ocupar espacios públicos para mantener viva y fuerte nuestra Semana Santa, son malos. Malísimos. 

3 comentarios:

Jesús Ortiz dijo...

Más razón que un santo, hermano.
Otro día puedes hablar de imposiciones, dictaduras y caprichos varios del "porque lo digo yo".
Cualquiera hoy en día se cuelga el carné de periodista, y piensa que posee el poder absoluto, sin pararse a pensar de lo efímero que puede llegar a resultar todo, absolutamente todo, evidentemente, TODO.
No aprendemos y así nos va, desprestigiando este mundillo un poquito más cada día que pasa...

Anónimo dijo...

Mucha razón pero para decir las verdades oscuras de nuestra semana santa no es necesario ensalzar a otras que por supuesto estan en muchos aspectos 500 años por delante. Con críticas constructivas nada se rompe, todo se afianza.
Félix Benito

monaguillo dijo...

Podría y tendría que decir muchas cosas... pero no va a ser por aquí.

Tan sólo recalcar que ni lo nuestro es lo peor, ni lo de otros lados es lo mejor. No sigo... que me caliento.

El mundo de la Semana Santa es un nido de falsedad, pero es inevitablemente atractivo por otras muchas cosas.