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jueves, 1 de marzo de 2012

Hermanos Honorarios

La Junta de Gobierno ha de velar por el crecimiento espiritual y social de su Hermandad. Entiende que la relación con ciertas personas, puede suponer ventajas materiales que si bien desde la perspectiva más religiosa entrarían en confrontación con nuestra fe, lo cierto es que estos “aumentos” patrimoniales son necesarios y fundamentales para el sostén de la institución y de sus funciones y labores asistenciales.

La Junta de Gobierno sabe que el famoso, el hacendado o el gobernante, le dan prestigio a la Hermandad; quizás también se dejen caer con una sustanciosa donación, aunque a veces basta con relacionar su nombre al de la Hermandad. Basta con añadir la corona real al escudo y presumir que la Casa Real es hermana de la Cofradía, aunque lo sea de otras 3.000 más en toda España. Y basta por supuesto con presumir de actor, de cantante, de torero o de futbolista. ¡Da prestigio! O eso cree la Junta de Gobierno.

Y nace la figura del Hermano Honorario, Hermano Mayor Honorario o sinónimos diversos que vienen a ser lo mismo. El personaje, por norma, no ha sido jamás hermano; ni de esta, ni de otra. Lo más seguro es que ni sea de la ciudad y con dificultad la haya pisado en sus días por este mundo. Para colmo, puede que se trate de un paisano ilustre que hace tiempo se olvidó de su tierra de nacimiento, o despotrica de ella a lo Jaime Peñafiel.

Hubo una época en la que el ser y parecer era un todo; los tiempos de la Dictadura de Franco donde los hermanos hacían estación de penitencia guardando su anonimato bajo el antifaz mientras al lado del Paso de Cristo o del palio, generales, almirantes, gobernadores civiles y demás fuerzas vivas se daban baños de masas, de popularidad y de calor humano. Simplemente daba caché ante la opinión pública incluir en la “honorabilidad” de tu nómina cofrade a un tecnócrata o a un ministro del Caudillo. Y en la carrera de la vanidad, la granadina hermandad de los Gitanos se olvidó de la pastoral y de intentar la evangelización de su pueblo del Sacromonte, para convertirse en la Cofradía con mayor número de hermanos honorarios de cuantas hay en la Diócesis. ¡Que se dice pronto!

Hoy, la mayor parte de la comunidad gitana granadina, practica un cristianismo distinto al de nuestra Iglesia Católica, aunque hace 40 años, antes de que abandonaran el barrio que siempre fue el calé, eran católicos. Desde hace 40 años, a la Hermandad le importó algo menos el nombre que tenía y creyó que personas como don Manuel Fraga era idóneo para ser Hermano de campanillas y relumbrón de los gitanos sacromontanos.  Y en efecto, el pueblo calé no le reza a su Cristo pero decenas de ilustres que no han comido en su vida ni la castiza y granadina tortilla del Sacromonte, recibieron la medalla de oro, el título enmarcado y los honores y lametones oportunos de las Juntas de Gobierno de entonces.

Murió Manuel Fraga hace un mes y medio y nos enteramos por la prensa que la Cofradía de los Gitanos de Granada lo tenía distinguido en su historia personal... pero ni siquiera ofrecieron una Misa a su memoria. Una esquela en los diarios regionales, una corona de flores... A lo mejor ya no estaba de moda, ya no tenía poder como en la década de los 60. A lo mejor era contraproducente incluso que Gitanos de Granada, que convirtió en honorario a este gallego fallecido, le hubiera rendido el adiós que un honorario merece. A lo mejor, tanto nombramiento que solemos hacer los cofrades, son brindis al sol, cantos de cisne, pleitesía barata y mucha vanidad.

¿Cuántas Hermandades anuncian que el primer petardo de turno, o el político con poder, o el general con galones y chorreras en la camisa serán distinguidos por la Cofradía? A lo mejor reciben unos miles de euros en ese momento, pero adiós muy buenas. No sea que pase como a los hermanos del Huerto, que presumieron hasta la saciedad de Enrique Morente, el que se fue de este mundo sin Misa, sin función religiosa y con un ataúd privado de crucifijo. Pero con los candeleros del palio de la Amargura a los lados, que la pleitesía hay que rendirla hasta que la baba descienda a la altura de Bibataubín.

Aquel día comprobé que la estupidez humana tiene muchas maneras de hacerse visible, y me alegré que en mi Hermandad, tontos a las tres y famosetes petardos jamás podrán ser ni honorarios ni honorables ni lo que en otras hermandades es una colección de títulos como si se tratara de la afición por amasar “ilustres”. Porque en mi Hermandad, el único Honorable, Honorario, Mayor y Mejor, es el Santísimo Sacramento, que también reencarna y representa, el Divino Crucifijo de San Agustín; todo lo demás, concesiones a la galería y ganas de presumir. Pero los años ponen en su sitio a todos, y quedan retratados hasta el más pintado.

Se fue Enrique Morente y los cofrades de Granada nos preguntamos a qué vino tanto canto y tan poca religión, y quedaron retratados los que usaron su voz y su arte para presumir un Lunes Santo. Y se fue Fraga y los que en su día babearon en su orto lamiendo la circunferencia del recto del ministro, cuando visitó la Granada de los 60 del siglo XX, hipotecaron a la Hermandad... La misma que hoy, ya no sabe si el siguiente famoso en morir, también era Hermano Honorario porque desde luego aparecer, lo que se dice aparecer por la Hermandad, mandar una carta o demostrar la fe hacia Cristo y la Virgen llevando por todo el Mundo su devoción (ahí está Fandi, enseñando a millones de personas su Cristo del Silencio), como que no.

La estupidez cofrade es la única que no tiene fin. Y la honorabilidad de muchos de ellos, bastante cuestionable. El resto, hechos comprobables. 

4 comentarios:

Salva dijo...

"me cago en la perra barata" como suelo yo decir... no llevas razón ni ná tú.
Me he sentido identificado en que la estupidez cofrade es ilimitada, y los ejemplos, chapó.
Pero estoy pensando que todos los que estamos más o menos apegados a esto de las hermandades, hemos vivido situaciones parecidas a menudo. Por ejemplo, cuando a aquellos que están siempre al pie del cañón, se les ha desplazado ante la aparición en la hermandad de alguien con "cierta fama" en el mundo cofrade y se le ha sacado la vajilla de oro y la mantelería nueva y, a otros que están siempre incondicionalmente, como digo, se les relega y a veces hasta se les ignora, cuando no se llega a despreciarlos. Y digo esto porque lo sé. Después, cuando la efímera presencia de X personaje se evapora y se va tal cual vino, es cuando llegan los "madre mia" y nos rasgamos las vestiduras. Algo que, lamentablemente, creo que siempre pasará.

Anónimo dijo...

Amigo no solo ocurre en la hermandad que citas... lo siento

Anónimo dijo...

El funeral de Enrique Morente se celebró unas semanas después en las Comendadoras de Santiago, un abrazo.

David R.Jiménez-Muriel dijo...

Lo siento yo que no pudo despedirse cristianamente. Y como personaje público, mantendremos el silencio como respeto y prudencia. Porque en el fondo, ambos sabemos que... ¡ESO!