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miércoles, 28 de marzo de 2012

Arte cofrade granadino

Hace unos años los orfebres que llevan durante alguna que otra década ostentando el incuestionable título de “los mejores”, los hermanos Delgado López, se deshacían en halagos, delante de mí, hacia la figura de un orfebre granadino como uno de los que más depurada y meritoria técnica tenían, pero falto de diseño. Esta ha sido la cruz de muy buena parte de nuestros autores contemporáneos que con el aprendizaje del oficio calado en los huesos y capacidad sobrada para llevarlo a cabo se han encontrado con el muro de las dificultades que tantas veces adorna a Granada, algunas referentes al dinero (su escasez), otras a la incapacidad de confiar en estos autores.

De haber podido gozar de la libertad creativa y económica, la Semana Santa de Granada sería hoy muy distinta estéticamente a la actual y sin lugar a dudas, y para alivio de algunos, menos deudora de la influencia de otros lugares; donde indudablemente la posibilidad de acometer proyectos de envergadura que se quedaron en el sueño, hubiera sido una realidad. Algunos de estos permanecen en la ciudad de Málaga que por aquellos años sí que podía costearse y permitirse un patrimonio de envergadura. En buena parte de los tronos, bordados y orfebrerías de la Málaga de los años 20 al 50 del pasado siglo, en el patrimonio barroco antequerano y en algún que otro guiño más, reposa la verdadera personalidad de la Semana Santa granadina. Y dista mucho de la que algunos puristas consideran. Así quedan de manifiesto en los ricos y cuidados proyectos de las dos fotografías de arriba, diseños del eminente Nicolás Prados López.

De lo que fue y no es me parece absurdo hablar. De lo que fue y se ha dejado escapar sí me duele un poco. Viendo los diseños que proyectaba Prados López y sus muchos recursos técnicos y artísticos siempre me he preguntado cómo podía haber sido aquel primitivo paso que ideó para el Cristo de los favores en el año 1944 y que no pudo acometer la Hermandad y dejó que con los años y el tiempo se quedara en un proyecto frustrado. Luego vino el admirable conjunto que actualmente tiene y que basa su esplendor en la imaginería de Ángel Asenjo, sea dicho de paso. Precisamente para ayudar a que este paso pudiera alcanzarse, se vendió el anterior, o lo poco que Prados López pudo realizar del anterior, a fin de ingresar cuanto más mejor para costear el nuevo paso que sirve hoy al Señor de los Favores.

Con destino a Huéscar, se nos fueron cuatro inmortales sellos de lo granadino que hemos dejado perder. Lo hemos hecho porque nadie de las Juntas de Gobierno de las 16 Cofradías que han cambiado paso en estos últimos 15 años sabe absolutamente algo de arte, de historia o tiene capacidad de recuperación; nadie ha demostrado un poco de sensibilidad hacia un elemento original y distintivo de Granada como son los candelabros regulares, simétricos, casi de platero que han lucido nuestros canastos en las esquinas, y que hoy conserva como único testimonio de los muchos que hubo, el Señor de la Amargura de la Hermandad del Vía Crucis.

Nadie puede decirme que estas piezas no son dinámicas, carecen de movimiento o tienen capacidad de sugestión como el candelabro de guardabrisas que nos ha venido desde Sevilla y que admiro por su belleza, pero que nadie puede arrebatarme el sabor a Granada del que yo refiero; porque si se trataba de dinamismo, movimiento y fuerza expresiva, lo teníamos todo eso en el candelabro granadino. El caso es que los penúltimos se fueron hasta el norte de la provincia adquiriendo los hermanos de San Juan algo más que una pieza histórica, que después de 70 años algo tienen de esto, pero sobre todo, una huella de Granada, de lo más granadino que se puede escribir en cofrade.

Desconozco si San Juan de Huéscar pagó cantidades ingentes de dinero a la Hermandad de Favores con las que pudo afrontar el nuevo paso, que dicho sea, tiene en su talla un mérito como muchísimo, igual al que poseía Prados López. Quiero creer que la ayuda de esta venta fue capital, aunque seamos sinceros, y si conocen la Semana Santa oscense más: es difícil de creer que la venta del viejo respiradero y los cuatro candelabros supusieran un capital incontestable, aunque lo que sí fueron es una pérdida de la huella granadina y una oportunidad de conservar un patrimonio más histórico que artístico y que pregonaba una identidad estética de la Semana Santa que hemos ido perdiendo, primero porque no tuvimos el dinero suficiente para costear los proyectos de envergadura que nos presentaron nuestros artistas del siglo XX (pero que sí hicieron en Málaga) y porque una cosa es ser un “pollo arenas” en lo cofrade, un transgresor, y otro un memo integral. Y tan peligroso es el arcaico defensor de lo granadino, como el pro-andaluz cofrade, como el que no sabe ni de dónde viene ni a dónde va.

¡Y la última pena, fue perder tras 85 años, el paso de la Hermandad de la Cena! Era poco meritorio, pero toda nuestra historia que no valorarán ni en Guadix ni en dónde sea. Para eso habría que disponer de espacio y de lugar donde quedaran nuestro patrimonio en desuso guardado. Como los peines de los intestinos de un museo. Como el almacén del patrimonio municipal. Como el vigilante de la memoria de un arte que se nos va, muchas veces sustituido por algo mejor, otras, por bazofias vendidas a bombo y platillo que nos tenemos que tragar y que no valen para salir ni en la Semana Santa de Bostwana. 

P.D. Mi agradecimiento a Emilio Caro, grande de esto y a quien me inspiró la entrada y otras cosas...

1 comentario:

Ginés Ruiz dijo...

Los dos primeros diseños de tronos de Nicolás Prados López los hizo para Huércal-Overa (Almería). Se trata del trono de San Juan Evangelista y el de Nuestra Señora de las Angustias. También hizo un tercer para el Cristo de la Sangre. De estos tres pasos, el del Cristo de la Sangre y el de la Virgen de las Angustias siguen procesionando actualmente.