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viernes, 9 de marzo de 2012

Antonio González López

Vuelves al lugar del que nunca debías haber salido, porque la gente que tiene cosas que contar y hacerlo como tú lo haces, no puede ser tan egoísta como para privarnos a los demás de disfrutar del arte. Y por eso vuelves al lugar que siempre ha debido ser uno de tus hábitats incuestionables porque en efecto, eres el verdadero emir de los mimbares de la palabra pregonera, el monarca de los tronos donde se riman versos con sentido y el soberano de la fiesta de la palabra. 

No sé si algún día podrás agarrarte a la filigrana de bronces policromada y dorada del atril institucional, ese que ha servido para que pasen sin pena ni gloria sobre las tablas del Isabel la Católica la inmensa mayoría de los que llamamos oficiales. Y a veces barrunto que esta ciudad de Granada, cainita y rencorosa, preferirá verse tuerta antes que algunos conservemos un ojo, y nos dejará sin verte donde hace muchos años ya deberías haber estado. 

Yo sé que vuelves, y espero que sea para no volver a ir irte... 

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