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viernes, 24 de febrero de 2012

Taifas cofrades

Divide y vencerás; lo dijo el erudito Nicolás Maquiavelo en 1513, cuando dejó el absolutamente imprescindible Tratado de “El príncipe”. Y 500 años después, los cofrades nos empeñamos en seguir la máxima renacentista como si fuera una recomendación de libro de cabecera. Porque así es como nacen los cuerpos de costaleros, los de camareras, los de acólitos, los de...

Tenemos exiguas Hermandades que rondan en nuestra Granada la media de los 600 hermanos. Para alcanzar esta cifra las hay que no llegan a los tres centenares y las que holgadamente superan el millar. En un conjunto humano tan pequeño se hace difícil sesgar la Cofradía en grupos independientes, entre otros porque la organización anual de la misma no tiene nada que ver con la necesidad de ejecutar comisiones y grupos independientes a la hora de funcionar. No se puede pertenecer a una Hermandad en calidad de fiel durante un año y porque un día tan solo del resto de los 365 se procesione en la Estación de Penitencia como costalero o como camarera, integrarse en un “cuerpo” la mayoría de las veces con amplia autoridad y capacidad de gestión propia.

El trasiego de todo esto lo expongo a renglón seguido... ¿para qué una Junta de Gobierno que de 14 a 25 miembros, es absolutamente capaz de regir los designios de la Hermandad, y a su vez grupúsculos con amplia independencia y capacidad de gestión propia? Me resulta anacrónico que las mujeres de una Hermandad que durante 364 días son hermanas como otra (u otro) más, tengan sus propias juntas o cabildos, sus propias cuentas corrientes y toma de decisiones, por el mero hecho de revestirse con una mantilla un día al año. Y me resulta anacrónico igualmente esta misma característica si hablamos de costaleros, de nazarenos o de acólitos, estos dos últimos grupos afortunadamente sin representación real bajo el mal entendido nombre de “Cuerpo de...”

Divide y vencerás... Porque he sido testigo de cómo usando el nombre de las Imágenes Titulares y de la Hermandad misma, colectivos de diversa índole han organizado pregones, montado celebraciones con fines recaudatorios y ejecutado todo un vasto panorama de actividades a veces escapando a las directrices de la Hermandad mediante la legítima Junta de Gobierno, a veces disponiendo de lo recaudado para fines poco razonables.

El Gobierno de España es regido por un conjunto de 20 personas, a fin de cuentas. Admitiría igualmente a todos los diputados y senadores, lo que me da una cifra de 616 personas y quizás algún ministro (raro) que no tenga escaño. Pongamos para beneficio de los incrédulos un total de 620 personas para dirigir (bien o mal) a 49 millones de españoles. Más de 79.000 personas por cada alto funcionario o padre de la patria. ¿Me está alguien diciendo que para la buena organización de una Hermandad, con unos 600 fieles en su nómina, no bastan si acaso los 14 hermanos oficiales de su Junta de Gobierno que como poco exige nuestra Autoridad Eclesiástica, y que da como resultado ni siquiera 43 hermanos por cada uno de los que aceptan la responsabilidad de gobierno para llevar a buen puerto la Cofradía?

Entiendo que dotar de autonomía y de capacidad de dirección y decisión a órganos dependientes en todo caso de una cabeza referenciada no es beneficio para el concurso positivo de nuestras instituciones religiosas. Ya se prevén dos cauces para que todos los hermanos nos sintamos plenamente identificados con la labor: los Cabildos de Oficiales y los Generales o de hermanos. Y sobra. Las cuentas son públicas, los anuncios y actualidad se envía a casa, se publica mediante las nuevas tecnologías o en los boletines (y correspondencia) y cualquier paso que se dé en una Hermandad ha de ser aprobado por dos cabildos distintos y dependientes uno de otro, luego la reunión de un conjunto de mujeres que un día al año ejercen de “camareras” y el resto no son más que hermanas, otras más, me deja el sabor y la sensación de la división y la falta de unidad.

Nacieron en su día, y no es algo que se pueda ni corroborar ni negar, como pago de favores, o como núcleo de presión. Las camareras con las grandes damas de la sociedad granadina de principios del siglo XX, fueron reconocidas y distinguidas con cargos que pudieran desempeñar y parcelas de trabajo donde mantenerlas entretenidas y premiarlas por el ahínco demostrado o la capacidad para convencer a esos señores que tenían algo que decir y eran sus maridos. En el caso costalero, quizás el mejor ejemplo sea el de la cuadrilla “madre y maestra”, la Victoria, cuando don José (de fausta y dichosa memoria) negó la posibilidad de que esos jóvenes de los años 70 del pasado siglo fuesen hermanos, y éstos pidieron tomar el nombre de la Niña de los Domingos y ser independientes en todo... Y aquella necesidad de 1979 y siguientes se convirtió en males que tienden a erradicarse, pero en algunos casos persisten en nuestra ciudad.

Estos sesudos y complicados organigramas establecidos a veces para alimentar vanidades particulares desinflan a las hermandades y las ponen en aprietos innecesarios. Más de una vez hemos visto colectivos que a espaldas de sus Juntas de Gobierno y con la reprobación de estas han actuado libremente a la hora de recaudar dinero con destino a algo no establecido ni proyectado por el cabildo de hermanos, luego tampoco por la Junta de Gobierno. Y para colmo de males, reconoce la existencia de congregaciones, de corros de hermanos que incumplen uno de los preceptos fundamentales que impulsaron el nacimiento de nuestras hermandades: ser todos iguales, porque todos somos Hijos de Dios. Esa equiparación (salvedad hecha de quienes han de mojarse en la organización y dirección de la hermandad, no seamos estúpidos) rota y desequilibrada tiene por añadido perjuicios (aunque sean de refilón) que venimos a pagar en estos años: el detrimento de otros colectivos del cortejo, jamás representados, jamás dotados de ese protagonismo, como los nazarenos, verdaderos y esenciales figuras de nuestras estaciones de penitencia.
 Vanidad... protagonismo... peleas intestinas por el gobierno de la Hermandad... cortijos en definitiva y hermanos que se apoltronan en el yo más... Lo que nace viciado o por “necesidades protocolarias”, muere viciado. Y al final, paladeamos la sensación de fractura cuando en corporaciones de tan reducido tamaño, remar todos juntos y todos igualados, nos reportaría mucho más. 

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