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martes, 7 de febrero de 2012

Pedro Muñoz Seca

Dicen que de tal palo tal astilla; cualquiera que haya tenido la suerte de leer algo de Alfonso Ussía, desde sus geniales artículos a las novelas con las que nos ha ido deleitando, sabrá que derrocha un sentido del humor fino y cuidado. Algunos tal vez desconozcan que su abuelo fue el genial Pedro Muñoz Seca, nacido en el gaditano Puerto de Santa María en 1879 y que escribió la friolera de casi 140 obras de teatro hasta su muerte, o mejor, su asesinato por la izquierda española en 1936. Sus contemporáneos lo llamaron el Lope de Vega del siglo XX y era profundamente admirado por Valle Inclán. Los que lo conocieron destacan su sentido del humor, su ironía, su jugosa gracia. Algunas de sus obras se han convertido en clásicos imperecederos, como el caso de “La venganza de don Mendo”. Cuando estalló la II República, se atrevió con una obra que parodiaba al comunismo: “La oca”, el acróstico de Libre asociación de obreros cansados y aburridos. Y al año siguiente, en 1932, estrenó “Anacleto se divorcia”, una comedia cargada de sutileza burlándose de la recién aprobada ley del divorcio.

Que estaba dotado de una gracia especial lo confirman algunas de sus respuestas; como por ejemplo, el día que su padre le preguntó si era verdad que su prometida (Asunción Ariza) no era muy alta que digamos. Para contestar al padre, Pedro Muñoz Seca le escribió este poema:

No quiero engañar a usted:
es tan chiquita Asunción,
que cuando estamos de pie
me llega hasta el corazón.
Y, a mi me gusta la mar
el defecto que usted alega,
pues nadie podrá dudar
que es una mujer que llega
a donde debe llegar.

En otra ocasión le preguntaron por sus escritores favoritos contemporáneos. Y esta fue la respuesta:

Don Miguel de Unam-Uno
Benito Pérez Gal-Dos
Miguel de Cervan-Tres
Luca de Tena, Don Tor-Cuatro
Benavente, Don Ja-Cinco.

Hasta para morir, el bueno de don Pedro Muñoz Seca tiró de humor, de ironía y de ingenio. En Paracuellos, el escenario de la matanza de miles de inocentes por parte de la izquierda de este país, era conducido al lugar donde sería asesinado. Durante el corto trayecto desde que lo bajaron de la camioneta hasta que llegara al lugar del crimen, tuvo tiempo de decirles a sus asesinos: “Veo que ustedes no tienen intención de incluirme en su círculo de amistades”. Y cuando el pelotón estaba a punto de dispararle, dijo: “Me podéis quitar todo, la familia, la libertad, mis bienes, Pero, ¿sabéis lo que no podréis quitarme jamás? El miedo, este miedo horrible que tengo”. 

3 comentarios:

J. Carlos Medina dijo...

Si tuviese que escribir mis memorias "La Farola" tendría más hechuras que mi libro. Pero si algo recordaré siempre serán mis tiempos mozos en los que mis pinitos teatrales me llevaron por la comarca motrileña haciendo una gira de cuarto y mitad representando La venganza de Don Mendo.
Genial por siempre D. Pedro Muñoz Seca.

Gracias por traer a esta alacena un trozo de memoria histórica, de esa memoria que, curiosamente, alguien quiere enterrar en las cunetas a estas alturas de siglo.

Anónimo dijo...

Hombre, sería muy gracioso por su ideología conservadora y antirepublicana, pero no por su humor, que era zafio y chabacano, dirigido.

J. Carlos Medina dijo...

Supongo, señor anónimo, que a lo que usted llama zafio y chabacano se refiere a un humor inteligente y satírico llamado astracán que escocía y mucho a la izquierda radical de la época.
Me sorprende por otro lado que usted se sienta igual de escocido a estas alturas de siglo. Discúlpeme si esta apreciación mía es errónea.
Ante las críticas, que como la suya, venían a ridiculizar este subgénero del teatro cómico, críticas de la intelectualidad de la época, que no del pueblo, el mismísimo Valle-Inclán acalló muchas bocas diciendo de él: "Quítenle al teatro de Muñoz Seca el humor; desnúdenle de caricatura, arrebátenle su ingenio satírico y facilidad para la parodia, y seguirán ante un monumental autor de teatro".

Lo siento Sr. anónimo, no comparto su concepto de humor aunque creo que lo que no le gusta de él es su antirepublicanismo reflejado en su humor.

Al final vino a tener razón de tanto antirepublicanismo; no en balde se lo cargaron los republicanos por expresar su opinión.

Como verá, la libertad de expresión no estaba bien vista en ningún bando.