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sábado, 4 de febrero de 2012

La casa de los siete moros

Una ciudad que cifra su historia en 2.700 años y que ha sido el escenario de las principales partidas con influencia sobre España y el Occidente cultural es una urbe que atesora un patrimonio difícil de abarcar... Y es también el espacio escénico donde la ignorancia o la especulación ha arruinado parte de su esencia y de su carácter. Granada perdió una considerable heredad sin necesidad de franceses ni de guerras, porque fueron los suyos mismos los que hipotecaron el legado histórico de muchas de sus calles.

En la de los Molinos, en ese barrio con identidad propia que es el Realejo, se levantaba una de las viviendas que mejor pregonaron el pasado y la tradición identitaria granadina. Su fachada posterior recorría los límites del Campo del Príncipe y sus dueños eran los herederos nada menos que de la Casa Real granadina, patentada en el nombre de los Cidi Hiaya. Se trataba de un caserón mudéjar con portada renacentista. Una edificación del siglo XVI de patio peristilado, columnas de piedra de Sierra Elvira, torreón con galería y la esencia misma de la arquitectura renacentista señorial en Granada. Quizás una de tantas muestras que un día perdimos y que mejor interpretaba la personalidad urbanística de la ciudad. En 1974 fue derruida, mientras que años antes toda su decoración, artesonado y elementos nobles habían sido vendidos.

Pero el caserón nobiliario recibía su nombre del escudo de la portada, donde la cabeza de siete moros se disponían en el cuartel de la siniestra, mientras que en la otra simétrica mitad del escudo de armas, Madrid seguía campando y luciendo su símbolo más genuino, guiñando al entronque familiar que sus dueños tuvieron con castellanos viejos; y así fue como un palacete de cuatro siglos y medio, que además era el único guiño madrileño (curioso y lírico) que tenía la ciudad, murió aquel 1974 ante el batallón de la piqueta para dar paso al ladrillo visto y la carpintería de aluminio.

Ese día se fue un poco de Granada... y un poco de Madrid. 

1 comentario:

Anónimo dijo...

Son muchas las obras que los granainos han dejado que se pierdan, quizá por ese carácter nada emprendedor y tacaño que sólo mira su bolsillo y su comodidad.
Pero lo peor, es que esa desidia la han trasladado desde las instituciones a toda la provincia.
Sierra Nevada se impulsa gracias a los de fuera y en especial a la dirección de un motrileño, Mariano Terrón, que le dio el empujón definitivo.
Es un milagro que la Alhambra siga en pié.

Saludos,

Emilio.