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sábado, 25 de febrero de 2012

Jesús Arco López

Sus 21 años nos aseguran de un lado, que está llamado a hacer más aún en la disciplina artística que ha escogido y que tendremos, Dios mediante, muchas décadas de arte a través del cauce de su creatividad. Lo bueno es que ya no es una promesa del futuro sino una realidad del presente gestada mediante esfuerzo, dedicación y profesionalidad.

Hace un binomio perfecto, un tándem glorioso con Álvaro Abril. El que a estas alturas necesite presentación del mencionado está convicentemente ajeno a lo cofrade y a lo artístico, a la vez. Huelga decir, una vez más, que puede ser uno de los mejores diseñadores andaluces que exista y han existido en el último cuarto de siglo y uno de los más avezados y reflexivos vestidores; y la brevedad de lo expuesto es suficientemente rotundo.

Jesús bebió de César Gómez, ejemplo de buena persona y dechado de cualidad humana, un hijo del Cristo de San Agustín y un celoso guardián de los secretos del bordado cultista. A partir de ahí, nuestro protagonista vino a revelarnos sus capacidades dirigiéndose con firme y rotundo paso a lugares que por el momento sólo eran habitados por la mítica Trinidad Morcillo; y tras décadas de orfandad en relación a grandes de este oficio y esta disciplina, se asoma ya con legítimo derecho a la ventana del Olimpo del bordado granadino.

La última aportación ejemplifica algo: en su comprobada juventud reside el interés siempre demostrado por mejorar, por seguir siendo cada día mejor, por dar más a costa de horas de sueño y de sensaciones... pero cuyo premio es el aplauso meritorio que le dedican los que saben de esto y lo observan a sabiendas que el día de mañana, Jesús Arco López no será ese joven de la Hermandad de los Ferroviarios que un día firmó dos corbatas de palio y un pectoral para su Madre...

Porque con ese binomio perfecto que es el que componen Álvaro y Jesús, Jesús y Álvaro, no habrá que esperar mucho para tener delante proezas a la altura de pocos y la ocasión perfecta para sacar pecho y poder aseverar que al fin Granada está a la altura de otras míticas ciudades y sus obradores cofrades. 

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