Visitas

miércoles, 15 de febrero de 2012

Baltasar Garzón

Anda media España muy enfadada desde el pasado jueves 9 de febrero; a la otra mitad nos ha tocado ser testigo de una sentencia dictada de manera unánime y entendida como la aplicación de la ley a la comisión de un delito. Aquí, impune, no puede ser nadie. Y el juez de jueces, el icono de la progresía, el símbolo por excelencia de la virtud socialista y los buenos propósitos obreros, resulta que no era esa figura de bonhomía y de integridad de la que muchos hicieron su icono sino más bien un humano más con sus sueños, pretensiones y  no exento de una vanidad profesional que lo ha confundido y empujado a vulnerar el Estado de Derecho y la libertad de sus conciudadanos. Porque de esta sentencia y de las causas pendientes a las que haya de enfrentarse Garzón, se nos sugiere que legislar para sí mismo o para una ideología concreta, desposeyendo de la venda de los ojos a la "figura de Justicia" y trucando la balanza o romana de sus manos, tira por alto una brillante carrera comprometida con la verdad. O haciendo un resumen a la manera de titular: tantos años de intachable labor empañada por errores que han de ser condenados con la aplicación preceptiva de la ley, la misma que ha señalado como prevaricador al juez y que ha recordado a todos los españoles, por muy indignados que estén algunos, que para su desgracia Francisco Camps es inocente y Baltasar Garzón culpable.

Algunos de los propósitos judiciales de nuestro protagonista nunca fueron bien entendidos. O tal vez sí: barruntamos algunos que persiguió una notoriedad sin precedentes que ha significado la apertura de su propia zanja profesional y popular. Ya en el instante en que Felipe González lo traicionó se nos resolvía ante nuestros ojos la verdadera entraña del aplaudido juez... O conmigo, o en mi contra. Y España acudió a las televisiones para ver cómo los padres de la patria socialista acababan entre rejas; se le escapó el ex presidente del Gobierno; el socialista sevillano supo nadar y guardar la ropa, o Garzón no estuvo evidentemente hábil en la cacería, esa a la que después demostró afición con los ministros pertinentes de la justicia durante el mandato de la era Zapatero.

La Ley de Memoria Histórica, por muchas buenas razones y verdades que pudiera tener en su redacción, será la siguiente resolución desfavorable. Porque cuando un bando enemigo cree que puede ocultar sus atrocidades, tantas en odio y en número como las del otro bando, a cuentas de señalar con el dedo al malvado y no ver que las manos limpias la tuvieron  muy pocos, o estamos ante la mayor concentración de incapacitados intelectuales de los últimos siglos en Europa, o definitivamente, este país tiene un problema. Y hacer suya la causa y además con virulencia rayana en la desigualdad y en la ruptura de equidad jurídica ha seguido aumentando el tamaño de la fosa profesional que el juez Garzón, irreflexivamente, un día se empezó a labrar para sí mismo.

Es por eso que traigo un acontecimiento histórico muy ejemplificante, en torno a la figura de San Ivo (1253-1303). El religioso francés se doctoró en derecho y leyes en la Universidad de París y fue elevado al cargo de juez en 1280. Su fama fue gigantesca, conocido como el "abogado de los pobres". Se empleó con justicia y equidad y aún hoy se le recuerda por su desvivida preocupación hacia los más desfavorecidos. Es el patrón de los abogados. Pero a nosotros nos interesa por una de las anécdotas que protagonizó:

Se encontró San Ivo en la tesitura de juzgar a un pobre mendigo que tuvo la osadía, en aquellos años oscuros de la Edad Media europea, de asomarse a la casa de un hacendado de la época y oler el guiso que salía por su ventana. El delito existía y era recogido por la "particular" legislación franca del siglo XIII. La condena, también recogida por el código de la época, obligaba a pagar al pobre una moneda al rico al haberse atrevido a oler su guiso. Moneda por cierto que difícilmente tendría el mendigo; en la conclusión del juicio, San Ivo dictó sentencia y requirió la moneda al pordiosero mandando a su vez que se acercara hasta su escribanía al rico denunciante. Fue entonces cuando hizo girar la moneda que tintineó  y mientras sonaba esta sobre la madera de su mesa, le dijo al rico: he condenado a este hombre por oler un guiso; así que tú tendrás que conformarte con escuchar la indemnización. Y acto seguido, devolvió la moneda al pobre.

Y de una u otra manera, me he puesto a pensar que si hace 730 años había jueces como San Ivo, no hemos progresado mucho en más de siete siglos, si de vez en cuando nos topamos con magistrados que le piden monedas a los pobres por oler guisos, que vulneran derechos fundamentales, escuchan conversaciones, se exceden en sus funciones y atribuciones, toman como suyos los delitos y encima, media España, aplaude procedimientos que están fuera de la ley en todo caso. Tal vez hacen llevamos años exaltando figuras que no eran de la dignidad creída, cuando teníamos otras verdaderamente ejemplificantes.

Menos Garzones y más San Ivos.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Es cierto, el secreto de las conversaciones privadas entre abogado y denunciado es casi sagrado en derecho penal. El acto es punible. La condena, perdona pero justa no es. SE han querido limpiar de por vida a un juez, cuando a otro, que realmente si hacía sentencias a medida del que pagara, le pusieron más o menos lo mismo. Aquí se ha medido muy y mucho el tiempo de condena, para que basicamente se incorpore a la judicatura casi para la comida de despedida por jubilación.

El problema es que se ha metido a investigar un partido político, no lo olvides. Ah, TAto, hasta aquí podíamos llegar. Le dejamos que investigue a Pinochet, pero esto ya es peligroso. Si lo hubiera hecho con un delincuente común, no os habría sobresaltado tanto. Ahora bien, ha querido investigar la financiación de los partidos políticos (lo hizo con PSOE y ahor con PP), y ahi, y no en otro sitio, ha cavado su tumba. Lo malo es que dentro de los comunes, algunos de los ciudadanos normales, os alegrais de que nuestro sistema judicial permita que una serie de personas (políticos) y sus allegados (altas instancias judiciales, nombradas generalmente por partidos políticos) esten y se mantengan fuera del sistema de intervención y auditoria. Seguís como borregos lo que se comenta desde Ferraz o Génova. Le seguid bailando el agua.

Lo peor de todo esto es que se ha mandado un mensaje al resto de jueces y miembros de seguridad. Ojo, podeis investigar lo que querais, incluso os vamos a salvaguardar los posibles excesos que cometais, siempre y cuando lo investigado no sea lo político.

AY, David, ves el problema de lso sindicatos tan bien como yo. Pero te ciega esa fe tuya en lo político. Y más en lo político de derec...
Francis.

Anónimo dijo...

El problema es que la justicia, paera muchos, sólo es justa y proporcional cuando va a su favor... y es una dictadura, es falsa, es exagerada cuando no. Y, en caso de no estar a su favor, vale cualquier cosa... y ejemplos tenemos en la historia más o menos reciente del país.

Se ha demostrado que el Sr. Garzón es un delincuente, ha prevaricado, y tiene la sentencia que preve la ley. Y punto.

Por otro lado, de un cohecho impromio se ha absuelto al Sr. Camps. ¿Quién nos dice que el revuelo mediático fue un montaje para atacar a un partido? ¿Lo mismo que con el bachiller Pepiño? Esperaremos a ver que pasa con el Sr. Blanco, y que dictan...

Santi.

J. Carlos Medina dijo...

Garzón es la mejor prueba de que la justicia da tanto asco como la política. Cuando la fiscalía iba al acoso y derribo en la legislatura del anterior presidente, de cuyo nombre no quiero acordarme, del ciudadano Camps y ahora que gobierna el PP, la misma fiscalía decide no seguir con el recurso porque considera que no hay pruebas suficientes, demuestra que la justicia es una veleta que se mueve al viento que sopla mejor. Bildu, Amaiur y toda esa panda de perros sarnosos es otra gran prueba.

Y Garzón otra y de las grandes. ¿Por qué? Pues porque si la izquierda está a su favor y la derecha en contra este ciudadano está condenado por las ideologías y no por sus actos.

Para lo único que ha valido la justicia aplicada a Garzón es para igualarlo al resto de los ciudadanos anónimos de este país ya que, al igual que todo condenado, el Sr. Garzón ha dicho lo que todos, que su condena no es justa.
Lo siento hermano David pero la condena a Garzón no es justa y no porque tenga elementos de juicio que así lo indique, que no los tenemos ninguno, es injusta precisamente por eso, porque no tenemos ni la más pajolera idea de lo que se cuece entre las bambalinas del poder.

Si, bambalinas, eso de backstage me jode un montón.