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jueves, 19 de enero de 2012

Toledo, cruce de destinos

Ha habido que esperar al menos dos capítulos para desentrañar por qué derroteros caminaría la flamante serie de estreno en Antena 3 sobre el periodo bajomedieval de una Península Ibérica compleja. Hace dos semanas se nos presentaba con un sabor de boca mucho más grato del que uno esperaba, habida cuenta de la manera tan torticera y dogmatizante que exhibió la cadena con la serie Hispania y que supuso la completa pérdida de crédito a las labores de historiografía que en el formato de folletín televisivo suelen ofrecer las televisiones nacionales. Si bien es cierto que en esta entrada me importa poco la actuación, enfoques, cuestiones técnicas e interpretativas o el físico de sus protagonistas, porque bien saben, uno se acerca a este tipo de programación con la deformación profesional por bandera y juzgando el contenido, la verosimilitud y la manera de tratamiento que al respecto de la historia hace la serie. Y a ello vamos.


A priori estamos ante una de las mejores recreaciones, buscando la verdad historiográfica en piezas, joyas, armas o vestimentas, y pongo por ejemplo la palia episcopal, la malla de guerra musulmana o los pasadores de orfebrería de los que idénticos y en buen número se conservan en el prestigioso Museo de la Alhambra de Granada, probablemente el más prolífico de arte hispanomusulmán del Mundo. No hay que olvidar que la espada usada por el gobernante islámico guarda parecidos extraordinarios con la que en el Nacional de Arqueología fue posesión del último sultán granadino, a imagen del de sus antepasados... Boabdil.

Algunos fallos se cuelan de repente en la serie; la tornapunta que sostiene el balcón de la casa propiedad del magistrado Rodrigo es una pieza de fundición barroca, contrastando en exceso con el carpanel deprimido que es el arco de ingreso a la vivienda y que sí sería propio de la época. Más allá, sigue chocándome sobremanera la forma de vestir de Fátima. Está claro que el guión de la serie buscará el recurso literario centenario y popular del romance entre ambos pueblos, entre dos razas y dos culturas antagónicas. Y no nos queda duda que la actriz es digna de ser mostrada como Dios la trajo al Mundo. Pero resta seriedad y compromiso que ande por Toledo sin el embozo propio de la época, que era común hasta en las cristianas, hasta en los hombres. Y por supuesto, cuando suele desnudarse para regocijo de adolescentes y salidos mentales en pantalla, cumpliendo con el baño, se comete juna tropelía histórica digna de mencionar: jamás un musulmán dejaría de acudir al baño público y jamás Fátima, como nos lo pinta la serie, lo haría en el turno de la mañana reservado a las mujeres.

Del lenguaje podemos discutir menos. Ni el más preparado de los historiadores que anden por España ahora mismo entendería con fluidez ese arcaico castellano, más romance que otra cosa, como para pedirle a la serie que respete la lengua del musulmán. Está claro que los tres pueblos se comunicaban entre sí y además en romance. Pero esto no significa que como mínimo, la producción no dé muestras de alguna coherencia y que prescinda de términos en árabe cuando hablan entre sí Fátima y su padre para a renglón seguido expresarse en la lengua de Cervantes. ¡Choca cuanto menos! Es más útil no introducir nada en la lengua del Libro del Corán y no llevar a engaños. ¿Acaso alguien cree que dentro de su propia vivienda, un padre y una hija musulmanes no iban a hablar en árabe? Pierde sentido y lógica con estos detalles la serie.

Antes de que terminara el primer capítulo estaba contento. Al fin se había atrevido este país a terminar con la leyenda mentirosa, ficticia e irreal de la convivencia entre culturas que nos vienen intentando colar desde años atrás y que en esta misma Alacena he desmentido hasta en tres ocasiones con pruebas y referencias históricas. He aquí que estaba mi sorpresa, buena, mi gratitud por la manera exacta a la hora de tratar el espinoso asunto de la paz o no de la España Medieval y es entonces cuando el rey Alfonso se expresa en términos sacados del manual progresista/socialista del siglo XXI para decir que siempre ha buscado la convivencia entre culturas. ¿Ningún espectador se ha leído someramente la biografía del rey sabio? ¿Alguien desconoce que fue parido prácticamente en una guerra?

Me desconcierta algo más; ¿para qué irnos al siglo XIII si lo que se quiere es mostrar cuatro pechos de veinteañeras y un par de asuntos espinosos, romances folletinescos y derivados? ¿Por qué perder la oportunidad única de recrear el siglo XIII, el reinado de Alfonso X y no traernos la espectacular contribución cultural que hizo el monarca, especialmente a nuestra lengua, a nuestro derecho, a nuestra literatura o a la conservación de la cultura clásica de griegos y romanos? No lo entiendo. Y de ese primer capítulo donde “se iba a procurar la convivencia entre culturas”, a un segundo donde de repente se escenifica un “scriptorium”, una biblioteca de época que sirve para decir que la cultura se escribe en lenguas cultas como el latín, el árabe o el hebreo... Pues de la segunda callaré, aunque más que escribir en esa lengua, lo que hicieron los musulmanes fue usarla para llevar la cultura ya escrita en latín de los genios romanos y griegos a su lengua. Es distinto, ¿verdad? Del hebreo, directamente, una mentira tan grande como el cartón piedra de la mayoría de los escenarios de la serie.

Y por último, hasta el momento: ¿por qué ese fallo a conciencia y tan insultante de hacer que el hijo pequeño sea Fernando y el grande Sancho, cuando fue al revés? Fernando murió, de acuerdo. Pero puestos a mentir un poco y adaptar la historia a nuestros intereses televisivos, quizás lo más indicado hubiese sido engañar al telespectador ocultando la muerte de Fernando pero dejarlo como el mayor. De la manera que vemos en pantalla, la mentira es doble: se oculta que Fernando para entonces ya estaba muerto, pero además se le deja la condición del pequeño.

Ahora es cuando viene mi interpretación... ¿No será que como el heredero es Sancho (en la verdad de la vida, señores) y en esta serie, poco más o menos que el príncipe primogénito es la reencarnación de Mefistófeles y el pequeño de la Madre Teresa de Calcuta, adoctrinadoramente hacen crítica de la monarquía? Me da a mí que la temporada acabará con un Fernando convertido a los ojos del telespectador en el héroe de sus sueños (aparte del indudable atractivo del actor sobre el que encarna a Sancho) que morirá en alguna cainita actuación de su rencoroso hermano, que a la postre será el nuevo rey. Y ya está servido el argumento para que rumien algunos: el malo, es el rey... Al tiempo.

Algo tengo claro. Las series españolas no respetan la historia ni un principio básico: bajo ningún concepto dogmatizar o juzgar desde la mentalidad de 2012 los hechos sucedidos hace 700 años. Pero lo que más me molesta es que agotados los formatos actuales y la imaginación (“periodistas”, “boticarios”, “porteros”; “taberneros”, “médicos de familia”, adolescentes problemáticos o danzarines de una escuela, entre otros miles...) se recurra a la historia para reinventarse pero con los temas de siempre. A veces la audiencia  no debe serlo todo; o a lo mejor digo esto porque mi trabajo se basa en el respeto precisamente a lo que las televisiones nacionales violan: la verdad de lo sucedido en otros siglos atrás.

Después de dos capítulos, voy adelantando cosas: hay un cura malísimo. De todos modos, tiene el mismo cargo que el que hasta hace un mes criticaba el Gobierno español, para más señas el del PSOE o de Zapatero: Arzobispo de Toledo. Sigo adelantando cosas... Fátima va a enseñar hasta las radiografías de las costillas flotantes. El malísimo heredero al trono, va a violar a la casta, pura y angelical hija del Magistrado Rodrigo y de cultura, de avances, de filosofía y de literatura de la época Alfonsina, no vamos a ver nada. Pero nada de nada.

Una ocasión desaprovechada para colar cultura e historia en los hogares sacrificado todo ello por vender más; y si dos tetas no tiran más que dos carretas, resucite Alfonso el Sabio y lo vea.

4 comentarios:

Santi dijo...

Coincidimos es que en los créditos iniciales se intuía que se iba a enseñar "carne" y que la Iglesia iba a ser retratada como mala y que los judíos, que apoyaron con parte de la nobleza la invasión musulmana peninsular, iban a quedar "muy bien".
Al menos los musulmanes no los han puesto, como A. Otegi, de hombres de paz... pero, deberás coincidir, que para la programación que hay, hay cosas bastante peores a la misma hora... y que no son horas, para algunos, para la lectura.

Gracias por tu juicio.

Pitu dijo...

Eso,eso,tías en pelota. Esas son las buenas series...

Pitu dijo...

Eso,eso,tías en pelota. Esas son las buenas series...

J. Carlos Medina dijo...

Está visto y comprobado que mentir sale gratis. Alfonso el Sabio no se puede querellar pero creo que se debería presionar para que, como mínimo, pusiese en la cabecera de la serie aquello de: Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

Una vez mas a la iglesia le dan con la libertad de expresión en todos los morros.

Quisiera saber para cuando una serie sobre el Islam y quien es el valiente que se atreve a poner un dibujo del mismisimo Alá.


Efectivamente hermano, ya nada me sorprende.