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lunes, 23 de enero de 2012

Los leones de la Alhambra

Provienen de la que fue residencia del visir del Reino de Granada, el judío José Ibn Nagrella, que corrió la misma suerte que el resto de sus hermanos hebreos, siendo perseguido y asesinado por musulmanes como los otros 5.000 granadinos de ascendencia israelita. El Primer Ministro se estaba construyendo un Palacio en la hoy Antequeruela de Granada suntuoso y delicado. Del mismo vendría la suntuosa fuente con los doce leones que le da nombre al afamado Palacio de la Alhambra y que felizmente hemos podido recuperar desde este enero, con la restauración completa de tan inigualables piezas escultóricas.

La primera de las curiosidades que estas doce esculturas nos arroja es que ninguna es igual a otra. No encontrará el visitante un león idéntico entre sí debido a las diferencias en el pelaje o en los rasgos faciales que los distinguen y hacen únicos. La segunda de las particularidades reside en el tamaño. Seis son más grandes que los otros restantes, de forma que la taza de la fuente descansa realmente sobre la mitad del conjunto mientras que la otra mitad están tan solo adosados a la pieza. Así las cosas, se trata de seis leones y seis leonas, siendo los machos los que cargan con el peso de la fuente..

El sentido simbólico de este conjunto ornamental es complejo y sin dudarlo poético. Su origen estriba en la representación de las doce tribus de Israel, señalándonos en efecto al primero de los propietarios, el ministro hebreo Nagrella. En Mesopotamia y Persia el león es fiel representante de virtudes y cualidades como la bravura o el instinto sanguinario, además de otorgarle el mundo árabe la misión de vigilar y guardar las entradas de la ciudad o de los palacios, dejando en el mundo occidental, en el Mundo Cristiano dicha influencia como nos explica San Carlos Borromeo en el Concilio de Milán que se efectuó entre 1575 y 1582, donde el eminente cardenal recomendó "poner estas representaciones en las puertas de las Iglesias para recordar a los sacerdotes la vigilancia precisa en el cuidado de las almas.

El león como figura alegórica tiene en el Islam diversas interpretaciones, empezando por Ali, yerno de Mahoma, conocido por los siíes como el "León de Alláh ". En el Corán aparece relatado como un símbolo de justicia, ya que seis parejas escoltaban el trono de Salomón, al tiempo que la dinastía otomana solía incluir leones que figuraban sustentar el trono del califa. Sin duda, cuando Muhammad V, el emir de Granada, hace instalar esta fuente que estuvo arrumbada durante años para signar la zona privada de la Alhambra que hoy conocemos como Palacio de los Leones, advirtió esta antigua tradición persa y bizantina variando aquella simbología hebrea de las doce tribus de Israel sosteniendo el trono de Salomón para aplicarlo a la dinastía nazarí de los granadinos y a la Casa Real que él presidía en ese siglo XIV desde cuando están en este Patio alhambreño. 

En la taza hay un poema que Ibn Zamrak compuso en honor del siguiente sultán, Muhammad VI, casando la idea de poder y justicia regia con los leones, defensores del sultán que es el que ostenta el derecho y ejercicio de poder y de justicia. Se orientan en grupos de tres a cada uno de los puntos cardinales lo que ha hecho que algunos hayan querido interpretar a estos granadinos leones con una significación astrológica,  los símbolos del Zodiaco, los doce meses del año y todo ello en definitiva como ideal de eternidad.

La leonas miran hacia las Salas de Mocárabes y de los Reyes (antes conocida como "de la Justicia"); dos leones se orientan hacia las Salas de Abencerrajes y de Dos Hermanas de las que dijo el eminente arabista y profesor de la Universidad de Granada Emilio García Gómez, son el escenario de la confirmación del poder del sultán justo cuando se libró del presumible peligro de una oposición por parte de las familias nobles que amenazaban el trono. Si aceptamos esta teoría, la Fuente de los Leones toma una nueva dimensión: los animales están velando por el Emir, por el Palacio y por el Sultanato, de tal forma que encarnan la personificación de su Guardia Personal. Y si seguimos leyendo el poema, el agua que vierte el surtidor se entiende como los favores que da el Rey de los granadinos a sus súbditos. Por supuesto, los leones son los ciudadanos de Granada que reciben esa justicia y el bien de las decisiones que toma en favor del Reino. 


No podemos olvidar el concepto de la numerología para las culturas de Oriente y Occidente. Son dos grupos de seis y en seis días se hizo el Mundo como recoge tanto la Biblia como el Corán. Pero en este caso, el león tiene el valor que le dio San Jerónimo en el siglo V: "es terrible con los malos y dulce con los buenos". Y así, se convierten en los guardianes del Paraíso, seis de ellos permitiendo la entrada de los justos, otros seis expulsando a los que no son dignos de entrar en él. Y todo ello, quedaría magnificado si conservaran su policromía original, que cubría toda la blanca superficie de su impoluto mármol. 

Los leones de la Alhambra son obras de arte casi milenarios y todo un programa iconográfico, simbólico y poético que hace de ellos una de las mejores muestras e inventivas del Mundo del Arte. 

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