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sábado, 28 de enero de 2012

La importancia de escoger bien un nombre

Alfonso VIII fue rey de Castilla entre los años 1158 y 1214. Más allá de lo que sucediera a lo largo de su Gobierno, lleno de luces y sombras, fue protagonista directo de una de las más curiosas anécdotas de la historia de la monarquía europea. De su mandato diremos que cuando perdió frente a los musulmanes en la Batalla de Alarcos (año 1195), se vieron reducidos los territorios cristianos en la Península de manera alarmante. Del resultado de otra batalla, la de Las Navas de Tolosa (1212), se puede decir que supuso el principio del fin del Islam en tierras españolas. ¡Una de cal y otra de arena!

Sea como fuere Alfonso VIII mantenía excelentes relaciones con Inglaterra, casándose de hecho con la hija del rey inglés, y con Francia. Los tres reinos (Castilla, Inglaterra y Francia) llegaron a un acuerdo  para que el heredero del trono francés se casara con una de las hijas de Alfonso VIII. Se encargaría la reina inglesa Leonor, suegra de Alfonso VIII de escoger a la prometida entre sus nietas, a las que aún no conocía. Cuando llega a Burgos, le son presentadas Urraca y Blanca. Y al conocer el nombre de la primera, sin dudarlo, se decantó por Blanca, pensando que tan castizo y castellano nombre no iba a ser entendido en Francia.

Jamás sabremos si acertó del todo, pero el recuerdo de Blanca de Castilla es inmenso, entre otros, por ser madre del rey Luís IX, San Luís de los Franceses. 

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