Visitas

martes, 10 de enero de 2012

La Cartuja de Granada

Hoy se cumplen  496 años de la Fundación de uno de los principales monumentos de la ciudad y lo catalogo como tal ya que las peripecias de la historia y la desidia de las Autoridades competentes han terminado por relegar a uno de los centros espirituales más acendrados de Granada a la simple valoración de “monumento”. Ahora bien, estamos con diferencia ante una de las joyas patrimoniales más distinguidas del barroco español y uno de los contenedores plásticos más elevados, donde algunas de sus piezas merecerían por sí solas la visita a la ciudad, aunque sólo ellas constituyesen el objeto de la visita a la vieja Capital de la Alhambra.

La Cartuja nació algo antes, en una escaramuza que el invencible Gran Capitán protagoniza en 1491. En el lugar donde se proyectó, fue sorprendido por la soldadesca nazarí y estuvo a punto de morir. Allí prometió a Santa María que si lo salvaba, erigiría en su honor una Iglesia justo en el sitio donde pretendió romper el cerco defensivo que sostenían las tropas granadinas musulmanas. Con los años, la Orden Cartuja, una de las exponentes del máximo rigor espiritual que ha tenido la Iglesia Católica a lo largo de su historia, propone a don Gonzalo Fernández de Córdova que sea él el patrono de su fundación. Este exige que la futura Iglesia Cartuja se levante en el mismo sitio donde la intervención divina hizo que no perdiera la vida aquel infructuoso día de escaramuza militar. Y así fue. Pero si hoy día la Cartuja sigue siendo uno de los sitios más alejados del centro histórico, en aquellos años la distancia a la ciudad era impensablemente retirada, de modo que servía de refugio en los cerros próximos a los más díscolos y levantiscos musulmanes que seguían oponiéndose a la victoria cristiana. Estos asesinaron a buena parte de los primeros monjes, por lo que la comunidad decidió bajarse unos cientos de metros y determinó que su nuevo Monasterio quedara algo más retirado del lugar primero, lo que no gustó al Gran Capitán que retiró las ayudas y patrocinios a los cartujos y las ofreció a los Jerónimos, bajo cuyas bóvedas descansa hoy como héroe, sirviendo San Jerónimo de panteón ducal cuando este iba a ser la propia Cartuja.

La Invasión Napoleónica, la Desamortización de Mendizábal y el Trienio Liberal hicieron estragos en la edificación. Los franceses expoliaron las piezas de plata y oro, especialmente el riquísimo sagrario que tanto costó conseguir a los frailes cartujos. El trienio liberal de 1820 a 1823 significó la venta de parte de las posesiones del Monasterio. Cuando los monjes regresan, al poco ven como la orden de exclaustración de 1835 los echa de nuevo de su casa. Es entonces cuando algunos particulares compran la Casa Monacal, la hospedería y la zona de huertas, donde se ubicaba la extraordinaria alberca donde los musulmanes hacían combates navales desde el siglo XIII.

El sevillano Manuel María Méndez compra en 1844 la mayor parte del Convento.  En un movimiento de especulación, inicia su derribo para aprovechar los materiales que más habían de interesarle y entre otros se pierde el fabuloso claustro grande de 2809 metros cuadrados de extensión con 76 columnas dóricas pareadas y dos alturas de arcos escarzanos. In extremis, se logra salvar el Claustrillo (lo que queda del Monasterio) y por supuesto la Iglesia. No será hasta la llegada de los Jesuitas que, vecinos de esta Cartuja (el Seminario, la Facultad de Teología) restauran buena parte de la misma y financia las obras de consolidación en 1969.

De su rico patrimonio pueden encontrar cualquier cosa en guías y en internet. No voy a detenerme en la misma. Posee una de las Capillas para el Sagrario más espectaculares del Mundo. Su sacristía es con toda probabilidad la obra cumbre del tardobarroco español y las obras de arte de Vicente Carducho, los frescos y lienzos de Fray Juan Sánchez Cotán o los trabajos de taracea y esculturas de José de Mora, José Risueño y otros, avalan a la Iglesia como una de las visitas obligadas que hay que realizar en Granada.

Y al fin, como colofón a la visita, el pequeño San Bruno de la Sacristía. Siempre termino allí mis visitas. En los años 40 del pasado siglo, siendo Arzobispo de Granada el Cardenal Parrado, visitó Granada el Nuncio Apostólico. Al ver esta pequeña obra hecha por José de Mora en 1713, dijo: “sólo por contemplar este San Bruno, ya habría merecido la pena venir a Granada”.

La Cartuja ha perdido su inmenso reflejo espiritual que a lo largo de 400 años tuvo. Posee historias sorprendentes, envueltas en el pasado de una ciudad contradictoria como esta. Sus bienes muebles y culturales eclipsan a cualesquiera intenten rivalizar con ella y su riquísima decoración de mármoles y yeserías, de zócalos y cornisas, hacen de ella uno de los espacios más armónicos, movidos y fantasiosos del barroco español. Hoy que hace 496 años que empezaron sus definitivas obras, no está de mal acordarse de tal prodigio del hombre para gloria de Dios. 

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