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jueves, 26 de enero de 2012

Jaime Peñafiel


Ayer el Diario Ideal nos ofrecía una entrevista con este periodista extravagante controvertido y reconocido por burlar la confianza que un día pudiera depositar el Rey en él, que, a mí personalmente, me cuesta creer. Sus devaneos en los círculos de famosos y sus apariciones en programas concretos de cadenas concretas que no están ni sintonizadas en el televisor hogareño, me resta poca pérdida de tiempo. Su contribución a la sociedad la considero hartamente frugal y de su granadinismo, que es una condición a caballo entre el amor y la locura por la tierra de uno, la única verdadera patria que cada día me da la bienvenida, más que escueta.

Peñafiel hace cientos de millones de años que dejó su ciudad de nacimiento a la que poco ha regalado. Pero textualmente decía ayer en el Diario Ideal lo que sigue: “Creo que es una ciudad [refiriéndose a Granada] de la que hay que irse. Si te quedas estás perdido. Hay granadinos fantásticos que no han tenido el valor. Es una ciudad cómoda para vivir, para pasear... Pero te mata, te anula. Cuando he vuelto siempre me ha parecido ver las mismas caras, el mismo guardia de circulación, las mismas putas en las calles de putas... Y han pasado 50 años. Parece que la vida se ha parado en Granada”.

Yo he viajado cuanto he podido y espero seguir haciéndolo; pero nunca he dejado Granada, a pesar de las ofertas, a pesar de las propuestas. Nunca he dejado lo único que me da todos los días ganas de seguir en la tarea impuesta y asumida de prodigar, difundir y dar nombre a Granada: el resquicio del Pico del Veleta, mayestático, erguidamente insuperable que veo desde la ventana de casa todas las mañanas de un nuevo día donde Granada, su historia, su patrimonio, su cultura y sobre todo, los míos, me van a ocupar hasta la madrugada.

Conozco a decenas de extraordinarios granadinos que han estudiado una, dos y hasta tres licenciaturas en una de las más prestigiosas universidades de Europa, la nuestra. Con una formación académica que enterraría en intelectualidad al periodista en cuestión y al más pintado. Que destilan por cada poro de su piel capacidad y don... Y que nunca han dejado Granada, tal vez porque para acabar como el hazmerreír nada menos que de la prensa más sucia y rastrera que el periodismo jamás haya inventado, no hace falta perder de vista la rotunda mole rojiza de la Torre de la Vela, ni olvidarse de la grácil silueta de la segunda catedral más grande de España, ni evocar con anhelo el olor del arrayán justo después de que el cielo haya descargado su lluvia sobre calles y monumentos, algunos, con 1.000 años de historia a sus espaldas.

Muchos optamos un día por fijar en la pared del dormitorio unas baldas. Escuetas pero suficientemente amplias como para que cupieran en ellas las Guías de Gómez Moreno y de Gallego Burín. El trabajo de Barrios Rozúa, el de Bosque Maurel y las Efemérides de Morell y Terry. Con eso basta. Con esos cinco libros es suficiente para que todos los días, uno nunca olvide donde fue parido y por qué esta tierra asombró a los más ilustres de cada época y cada rincón, o fue el escenario donde nacieron grandes como muy pocos pueden igualar.

Muchos optamos un día por consagrarnos a la difusión, a la divulgación de la ciudad. Desde nuestro trabajo, con nuestras conferencias, con nuestrso artículos, participaciones en Enciclopedias, obras colectivas o en solitario con someros y primorosos libros culturales. O abriendo una ventana al Mundo para que todo el que quiera entrase en una Alacena que lleva Granada como la más sagrada de las palabras que en ella se ha escrito.

Granada no es la panacea laboral ni la que ofrece las mejores posibilidades para ejercer profesionalmente lo que uno ha estudiado y en lo que uno se ha especializado. Pero ningún granadino con un mínimo de respeto a su cuna, se atrevería a desprestigiar la patria de la infancia, la tierra de los suyos, sino elevar la queja oportuna, en hora y tiempo, reclamando las mismas posibilidades o cuantas merezca su Granada. Y ahí estriba todo... “Su Granada”. Porque el que nunca ha hecho nada por ella, jamás podrá sentirla dentro, pero no como una propiedad, sino como una responsabilidad.

Hablaba el periodista que nos ocupa de la ausencia de galardones y reconocimientos que Granada ha tenido para con él, saliendo a relucir en sus palabras Tico Medina. ¿Acaso el cuenta chismes de la Corona pretende igualarse a quien, mejor o peor, se despierta todos los días vestido de granadino y se acuesta dando gracias por saberse granadino?

Pero a fin de cuentas, yo tengo que rebatirle algo más importante al señor Jaime Peñafiel, que decía “haberle parecido ver las mismas putas”. Pero... ¿no dice que ya no le queda familia aquí? Y preguntar, dice el españolísimo dicho, no es ofender. 

7 comentarios:

José Miguel Moreno Sabio dijo...

Hola David, te voy a contar algo que puede clarificarte el asunto Peñafiel.
Hace ya algún tiempo que una antigua compañera de estudios en el conservatorio de Madrid fue invitada por mi centro de trabajo, el conservatorio de Cuenca como sabes, a impartir un curso de música contemporánea. Estuvimos almorzando juntos y no paraba de preguntarme acerca de cómo era posible que estuviera afincado en Cuenca, cuando, según ella, mi sitio estaba en Madrid. Dado que mis explicaciones, que eran de índole familiar, no la convencían, un tanto harto de su insistencia le devolví la pregunta. Su respuesta me lo aclaró todo rápidamente. Vivía en Madrid según me dijo textualmente porque "era el único sitio en el que era posible medrar y esa era su pasión".
Así comprendí como una persona que no toca un pimiento el piano ha podido estar dando conciertos durante muchos años, eso sí, con obras compuesta especialmente para ella y cómo una periodista, lo es, pues se licenció en la Complutense, de la que nunca he visto publicada ni una sola línea estaba colaborando en una cadena musical, la más importante, de nuestro país. Actualmente está en la cúspide de la misma en cuanto a gestión se refiere ...., y no sigo porque mi intención no es denunciar a nadie y menos a ella. Pero a tenor de este ideario te pregunto, ¿qué hubiera podido hacer Peñafiel en Granada? ¿Con quién y ante quién hubiera podido medrar? ¿Qué carrera habría desarrollado de no ser por el chismorreo que se ha traído y llevado acerca de los asuntos más banales de las casas reales?, ¿Hubiera aportado algo a Granada un personajillo de esta particular ralea?
Pues eso, que sea muy feliz en Madrid, en Sebastopol o en Antofagasta y que medre a placer todo lo que quiera y que chismorree en la prensa amarilla todo lo que pueda.
Un abrazo, amigo David.

J. Carlos Medina dijo...

Al Peñafiel le pasa lo que a mí con los programas en los que interviene: Me parece ver a los mismos imbéciles en los programas imbéciles.

La única diferencia es que yo tengo razón y él no.

No me importa que no hable bien de granada (Señor, perdónalo que no sabe lo que dice) lo que me jode es que un impresentable como este se haga llamar granadino.

Por no tener no tiene ni el arte de la malafollá granaina.

monaguillo dijo...

Absolutamente magistral. Puntualizaré un par de cosas con su permiso:

1.- Además fue un mojón de Pregonero de la Semana Santa.

2.- Por mucho que intente vestirse cada mañana de granadino, el bueno de Tico Medina es otro "fistro" de categoría.

Un abrazo gigante... ponte un "saquito" debajo de la chaquetita, miarma.

Anónimo dijo...

Este individuo fue el bufón de la corte, y ahora el bufón del personajillo de sálvame, y otros programas de su estilo, y además mejor que ni asome por Graná, vallamos que a alguna mente,pensante lúcida o traslucida, lo proponga para otro pregón, que vaya mierdas hace.
Un beso hermano.
Morillas.

Anónimo dijo...

el que es gilipollas en español, es gilipollas en español(vicente del bosque dixit)
RAFALCALA

Derechatras dijo...

Compadre,como dice Del Bosque,el que es gilipollas español,es gilipollas español.
Por desgracia o por suerte,tengo mi vida fuera de Granada,pero llevo el nombre de mi tierra por todo lo alto y me siento muy orgulloso de haber nacido en GRANA.

Anónimo dijo...

Por cosas así, me tiré cuatro años, 1 mes y 14 días yendo y viniendo a diario de Málaga para trabajar. Sencillamente porque esta ciudad me da la energía para seguir sonriendo día a día. Y porque quería que mis hijas tuvieran la suerte de criarse en ella. La misma suerte que tuve yo.
Francis.