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lunes, 31 de octubre de 2011

La Capilla Sixtina

El 10 de abril de 1508 recibía Miguel Ángel el encargo de decorar los 40 metros de longitud de los paramentos de la capilla que Sixto IV mandó construir dos décadas antes en las estancias papales de la Ciudad del Vaticano. Por aquel entonces Bramante encabezaba el capítulo de los artistas de prestigio de aquella Roma que estaba transformando el concepto de arte en el Mundo, desbancando a Florencia como capital de las aptitudes estéticas. Y no dudó en aconsejarle al Papa que fuera el Buonarrotti el autor, a la espera de verlo fracasar en el proyecto.

Miguel Ángel se consideró siempre escultor. A pesar de las cualidades que tenía reservadas para toda disciplina artística, que lo hace ser el genio más grande que han visto los tiempos, sin necesidad de patrañas pseudo históricas que envuelven la vida de otros, y me estoy refiriendo a Leonardo. Y lo cierto es que la situación entre Julio II y el florentino no pasaba por sus mejores momentos, después de haber vivido una disputa sin precedentes a causa de la tumba papal, algo más relajada aquella riña que tres años antes obligó al maestro a recluirse en su Florencia natal dejando atrás los que ya para él eran peligrosos Estados Pontificios.

Miguel Ángel se dejó aconsejar por frailes agustinos de Roma, que fueron los artífices intelectuales del proyecto iconográfico. Siempre soñó con cubrir bóvedas y lunetos de la oscura y angosta capilla con Cristo como eje referencial de la Humanidad. Desde las profecías milenarias que advertían de la llegada del Mesías hasta su glorificación, Cristo “sería la Capilla”. Y empezó el mayor calvario que el más inmenso artista haya de haber vivido nunca.

Primero, Bramante ideó un sistema de andamios suspendidos del techo mediante cuerdas que resultó un fracaso. Al Buonarrotti le obsesionaba cómo sortear los agujeros que dichos andamios iban a dejar. De forma que venció al enemigo proponiendo andamios sobre tablas que descansarían en los vanos de los laterales, permitiendo así cubrir con su magisterio la totalidad del espacio. El Papa apremió al autor y así, dejaba a Donato Bramante silenciado de por vida.

Completamente recostado sobre la madera del andamiaje, mientras la pintura caía sobre sus ojos, Miguel Ángel soñó con el Génesis, las sibilas, los grandes Profetas... Y esperaba pacientemente la llegada de un Papa megalómano que llegaba incluso a pegarle con un bastón mientras escamoteaba el dinero que requería el autor para proseguir con la obra. Al punto, el de Florencia tuvo que seguirlo en las guerras que sostenía el Estado Pontificio para recibir el dinero que tarde y mal le llegaba. "Nadie ha penado nunca lo que yo estoy penando y padeciendo ahora, sin salud y con muchas fatigas, y, sin embargo, espero con paciencia el momento de alcanzar el fin deseado". Las palabras del artífice hablan por sí solas. Y en esto que llega a Roma Rafael Sanzio para que decore las estancias papales, a la vez que Miguel Ángel hace lo propio en la Sixtina. Si en principio temió a este otro rival, presumiblemente con ganas de usar artificios que lo dejaran en mal lugar, su inalcanzable magisterio deshizo la competencia: Rafael se dejó influir por Miguel Ángel y no cejaba de alabar la calidad de su obra en las bóvedas de la Sixtina.

Al fin estaba terminado este tesoro pictórico. Antes de su consagración definitiva, Julio II sugiere a Miguel Ángel que llene cuerpos y vestimentas con oro. A sus ojos, los personajes les resultaban “pobres”. Y el artista contestó con la rotundidad de la que hacía gala: “los que están aquí representados, fueron pobres”. Al fin, se abría el 31 de octubre de 1512. La crítica fue unánime: nadie antes había visto tal prodigio. A los cuatro meses moría Julio II, mecenas y demonio, a la vez, del gran Miguel Ángel. Y se cumplía palabra a palabra el dicho español: “más vale malo conocido que bueno por conocer”. En 1522 el Papa Adriano VI se plantea destruir los frescos. Llegó a decir de esta Capilla que “parecía una sala de baños llena de gente desnuda”, y añadía que estaba “llena de las lascivias del mundo y cosas oprobiosas y abominables". Pero ya Miguel Ángel era conocido, para cualquier mortal, como EL DIVINO. El Papa pudo cerrar el Belvedere para que nadie viera los desnudos de las estatuas griegas y romanas que poseía el Vaticano, pero no pudo acabar con una de las maestrías más grandes que ha podido hacer el género humano.

Hoy se cumplen 499 años de una de las mayores aportaciones al Arte Universal. Cinco siglos separan al Divino de nuestros tiempos. Cinco siglos, de supremacía artística. Buen día para rendir tributo al Apolo florentino que en cuatro años, seis meses y veintiún días, hizo una de las maravillas del Mundo.

domingo, 30 de octubre de 2011

Federico Fellini

Italia había protagonizado el cine de las producciones grandilocuentes, de los escenarios y atrezos más atrevidos, de los mil extras y de la necesidad de hacer epopeyas teatrales, óperas costosas y narraciones imposibles de carácter histórico en esa década de los diez del siglo XX cuyo testigo recoge la Francia del “cine de arte” y desbanca a una cinematografía italiana carente de nuevas ideas y de capacidad para sorprender. En el resto de la historia hay que incluir el régimen fascista, el país de la II Guerra Mundial y la reconstrucción espiritual de una nación que siempre ha sido el Everest de las artes.

Y llega la paz en aquel 1945 y el parto de un nuevo modo de hacer cine, alejado de los sistemas hollywoodienses donde un buen guión y una pléyade de estrellas rentabilizan la obra. Asistimos al neorrealismo, a un nueva idea de hacer cine, a remover al espectador en su butaca y obligarlo a la empatía, a no olvidarse del mundo que lo rodea. “Roma, ciudad abierta” es el acta fundacional donde se gesta una Italia cinematográfica única y novedosa, y Visconti aprovecha todo su talento para encoger hasta el tamaño de un puño al espectador con “Ladrón de bicicletas”.

Ya están los ingredientes para que un guionista novel, “un artesano que no tiene nada que decir... pero sabe cómo decirlo”  despierte a la ejecución del cine y nos traiga obras que merecen la categoría de inmortales. Federico Fellini, recordado por sus doce nominaciones al Óscar, su victoria en 4 ocasiones, la concesión de un quinto Óscar honorífico y títulos como “La dolce vita”, “Amacord” u “Ocho y medio” que describen a un director que tuvo como armas de “cuenta cosas” al realismo, el surrealismo y la ironía, todo ello dentro de un contexto narrativo cuidado y grandilocuente, casi circense, tal era su pasión por las artes de la carpa.

Fellini nos dejó hace hoy 18 años pero aún nos queda un legado intacto y actual. Spielberg reconoce su pasión por el italiano y muchos lamentan el escaso interés que “La dolce vita” despertó en los académicos estadounidenses, pero no en los países donde un largometraje de 1960 causó verdadero impacto. El mejor homenaje, es recordarla antes de que termine el mes de octubre donde el impulsor de Marcelo Mastroianni y el que deja sus influencias a Woddy Allen, desaparecía. Y no quiero olvidar esa sentencia suya, intacta tras décadas: “Un buen vino es como una buena película: dura un instante y te deja en la boca un sabor a gloria; es nuevo en cada sorbo y, como ocurre con las películas, nace y renace en cada saboreador”.

sábado, 29 de octubre de 2011

Falange

El día que los falangistas celebran los 78 años del nacimiento de su ideología y a buen seguro recordarán a su fundador, esta Alacena se va a preocupar bien poco de desentrañar méritos y deméritos de la opción política que está de aniversario, así como de sus ideales y mensajes sociales, más que nada porque aquel 29 de octubre de 1933 en el madrileño Teatro de la Comedia, el marqués de Estella, José Antonio Primo de Rivera, estaba pariendo el que sin duda es el partido político más indefinible de cuantos existan en la faz de la tierra, preocupado por sostener un nacionalismo español bajo piel socialista, llamar a la revolución del obrero con el uniforme imperial de la España histórica y hablar de que la única democracia real es la de los puños y pistolas.

José Antonio dice textualmente sobre la democracia que es “el más ruinoso sistema de derroche de energías”. Prosigue explicando cuál es su sentido de Patria y durante el intento fundacional de un partido político, pide, y cito literalmente, que “desaparezcan los partidos políticos”. Y este es casi el fin de su discurso: “Y queremos, por último, que si esto ha de lograrse en algún caso por la violencia, no nos detengamos ante la violencia. Porque, ¿quién ha dicho al hablar de "todo menos la violencia" que la suprema jerarquía de los valores morales reside en la amabilidad? ¿Quién ha dicho que cuando insultan nuestros sentimientos, antes que reaccionar como hombres, estamos obligados a ser amables? Bien está, sí, la dialéctica como primer instrumento de comunicación. Pero no hay más dialéctica admisible que la dialéctica de los puños y de las pistolas cuando se ofende a la justicia o a la Patria”.

Lo que sí me gustaría es acabar de una vez por todas con un error garrafal sostenido por los mismos falangistas sin ánimo de corrección: el nacimiento del símbolo de Falange, esto es, el yugo conteniendo el haz de cinco flechas tal y como tienen en la foto de arriba. Y puesto que normalmente suelen atribuírselo a Ramiro Ledesma, habría que precisar que el símbolo, tomado de los Reyes Católicos y estos a su vez de Roma, nació en Granada, en las aulas de la Facultad de Derecho de la Universidad granadina, cuando el profesor Fernando de los Ríos, hablando sobre el fascismo, dijo dibujando el definitivo emblema del falangismo: “si algún día hubiese un fascismo español, este podría ser su emblema”. Estaba en esa clase como estudiante de derecho el que al tiempo sería procurador en cortes y destacado político franquista. Era Juan Aparicio López, uno de los fundadores de las JONS,  nacido en Guadix y que trasladó la ocurrencia de Fernando de los Ríos a los dos padres del movimiento nacional sindicalista español, Ramiro Ledesma y Onésimo Redondo.

En el punto y final a esta entrada que pretende ser esclarecedora, valga decir que Ramiro Ledesma era un irredento admirador de Hitler. Hasta tal punto, que copió la caída de mechón de pelo sobre la frente del asesino nazi. Quizás, la muerte en 1936 de Ledesma le impidió conocer las verdades de Hitler y me inclino a pensar que al saber los crímenes del austriaco habría repudiado su figura. Pero quede dicho esto como parte de la historia. 

viernes, 28 de octubre de 2011

El retrato español

Federico Madrazo tiene la suerte de pintar esta genialidad; es Amalia del Llano y Dotrés, condesa de Vilches (1821-74), escritora de destacada participación en la vida cultural de aquel  Madrid de mediados del siglo XIX, siempre activa en los salones literarios de una ciudad que iba a frecuentarlos con asiduidad y donde las figuras intelectuales de la época se prodigaban. El cuadro es admirablemente rupturista sin necesidad de recabar ninguna estrategia extraña. Su cercanía, contemporaneidad y relación con el espectador emana de la pose distraída, próxima, habitual y cálida. A ello, suma Madrazo un virtuosismo en la realización de la anatomía y el cuidado de las ropas. Quizás, sea en la zona ocular donde el reconocido pintor de costumbres, hijo del notable José de Madrazo, alcance el paroxismo de la obra que nos ocupa. 

Doña Amalia es la mujer española del siglo XIX. Alta y delgada, de cutis blanquecino, de dulcísimos gestos, de una intelectualidad a flor de piel pero con la cercanía hogareña y con esa mirada tan sumamente atractiva que sirvió para que el cuadro fuera considerado como la Gioconda española y que pase, sin ambages, por el mejor retrato español de todos los tiempos. 


Fue realizado en 1853; por entonces, había visto Madrid las geniales contribuciones que al género del retrato dejaron figuras como Tiziano, Velázquez o Goya, sin necesidad de reparar en la perfección aduladora que Mengs y otros pintores de la Cámara Real sembraron en la España del siglo XVI a la de esta fecha de 1853. Pero todas estas obras eran presas de un lenguaje alagador, quizás en exceso, cuando no cargados de la pesadez atmosférica de la pintura barroca. La exaltación de Carlos V, Felipe IV, los pérfidos validos hispanos... no son más que una arte al servicio del poder. La mejor prueba la ofrece el retrato de Carlos II, obra de Juan de Carreño de Miranda (1614-1685) que en 1675 nos trae la figura del último Austria en el Salón de los Espejos del destruido Alcázar madrileño y tienen en la foto de arriba. 


Federico de Madrazo alcanza el cénit que un día preconizó Goya. El inmortal, el inconmensurable aragonés fue despedido en su momento como retratista de la Corona, desencantada con él la reina María Luisa de Parma (esposa de Carlos IV) porque no tenía reparos en representar lo que veía. La contemporaneidad abrasante de Goya la vemos en el famoso retrato colectivo que pasará por ser la pieza más interesante de los últimos siglos. De no haber existido Velázquez, nadie dudaría que Goya fue el mejor pintor español de todos los tiempos. Aún con todo, en la "Familia de Carlos IV" (foto de arriba), Goya deja bien claro que la modernidad de las artes era posible, y un siglo antes preconiza los movimientos vanguardistas cuando no, con cincuenta años de adelanto, supera a la pintura romántica y abre las puertas de los modos de artificio del impresionismo. Este "abuelo y padre de la pintura!" no puede competir aún así con la delicadeza de Madrazo y de su "Condesa de Vilches", quizás por su retrato colectivo frente al individual que hoy nos ocupa.


Madrazo cobró la mitad de lo que solía a doña Amalia. Que por cierto, su hijo Gonzalo, heredero del título condal y vizcondal, fue ilustre miembro de la Real Maestranza de Granada. La delicadeza, el ambiente que rodea mediante juegos de luces directas e indirectas la escena, la cercanía casi hogareña del mismo, a la vez que las verdaderamente amables y encantadoras facciones de la condesa, hacen de este cuadro un exponente perfecto de la pintura romántica española, del retrato en su vertiente fiel y psicológica y deja bien claro, por qué Madrazo fue el gran pintor encargado de patentizar la imagen de Isabel II, en una época de guerras carlistas, revuelos republicanos y denostaciones hacia la figura de la reina. Y a él se le debe la serie de retratos que inmortalizaron a Isabel II en Ayuntamientos (como el de Granada), Diputaciones y Cortes que nos traen a la madre de Alfonso XII, tal y como Madrazo la ideó en el retrato de arriba.


Produce fascinación. Y comprueba que no siempre los mejores hacen las mejores obras en todo género. Madrazo, de indiscutibles méritos, nos lega un retrato que sigue produciendo fascinación y sensación solemne, a la vez que cotidiana, aristócrata pero por supuesto con una carga de ternura y a la postre, belleza indómita en la figura de doña Amalia de Llanos, la condesa de Vilches. 

jueves, 27 de octubre de 2011

Musulmanes

Toda advertencia al respecto de los movimientos ideológicos que se producen en el mundo islámico suele ser respondida con la contundencia de quienes enarbolan la bandera de la libertad y la democracia hasta extremos un tanto sospechosos, al tiempo que los que pronunciamos opiniones fundadas, terminamos con las generosas y descriptivas etiquetas que nos emparentan directamente con aquellos que marcharon sobre Roma bajo el mando de Mussolini o que fueron artífices de esa “noche de cuchillos largos” de la Alemania de las SS. Es decir, que el español de bien (votante de partidos socialdemócratas y progresistas) espetaría ahora mismo sobre mí el famoso adjetivo calificativo más prodigado y si cabe en fechas de elecciones: FACHA.

Pero a las alturas que corren, uno ha escuchado tal límite de sandeces que su capacidad de sorprenderse ciertamente ha dejado paso a otras percepciones emocionales más positivas. El caso que me preocupa sobremanera el panorama que sucede en el norte africano, en la línea de costa mediterránea y en las zonas geográficas donde el Islam gobierna y además está dando paso a una radicalización extremista de las ideas y preceptos morales que hace retroceder a sus sociedades varios siglos en el tiempo, casi a los tiempos donde El Profeta conoció la palabra de Alá.

Túnez, Egipto o Libia, recientemente, cambian sátrapas por la ley de la sharia, conjunto normativo que desestima la ciudadanía y los derechos lógicos de la mujer, prohíbe consumos de bebidas, implanta códigos morales alejados de los necesarios para construir una sociedad y se resuelve diametralmente encontrada con los valores fundamentales que predican las naciones democráticas, precisamente las que hoy día encabezan el progreso y el bienestar de sus súbditos. El movimiento no ha de sernos indiferente, en tanto sus ciudadanos buscan una globalización de estos conceptos éticos y públicos, con una animadversión nunca disimulada hacia Occidente y su modo de vida. No es raro saber que en Marruecos, que por otro lado es el más moderno de los países islámicos, nadie puede hablar con libertad de cristianismo, por ejemplo, bajo la condena de pervertir al buen musulmán. Luego si el más occidentalizado de los países musulmanes recaba en todo tipo de restricciones y posturas dictatoriales, no nos es difícil averiguar qué será de la Libia salvada del tirano.

A propósito del país, todos nos hemos conmocionado, más que con la actitud salvaje y alejada de todo tipo de definición de “humano” que los insurgentes libios tuvieron para con Gadafi, con la ingente cantidad de mandatarios, conservadores y progresistas, comunistas o soberanistas, de América y de Europa que en décadas de gobierno despótico del coronel Gadafi no dudaron en salir retratados con este, aceptar las excentricidades de sus viajes oficiales e incluso de sus particulares regalos (el caballo pura sangre que se merendó Aznar, como botón de muestra). Pero sólo hace falta una reflexión pausada para comprender, visto lo visto, que para Libia, y quiera Dios que no yerre, pero para el Mundo igualmente, Gadafi era el mal menor del problema, como Sadam en Irak o las monarquías semi divinas de la Persia extinta y hoy un Irán nuclear que se ríe de las Naciones Unidas y de los países pacíficos y poco proclives a bombardeos irracionales.

El mundo árabe (término que no se corresponde con la realidad racial ni geográfica, pero sí quizás la cultural) ha despertado y no para traer una democracia. En Libia el pueblo ha echado a un militar que se hacía de oro, pero no para imponer unas cortes y un sufragio universal que haga responsable y dueño de sí a cada ciudadano mayor de edad. No. El país africano, musulmán y energético, cae en manos de un modo de gobierno muy adecuado para el siglo X, para el XV, por qué no. Incluso si me apuran, para el XVII. Pero cuando Europa entiende ya hacia 1750 cuál debe ser el modo de ver la sociedad (y las Declaraciones de Derechos, independencias norteamericana, ideas ilustradas, las filosofías sociales y otros son el mejor ejemplo), precisamos nada menos que 261 años de diferencia entre ese punto de arranque y el que nos contempla hoy. Un retraso mental (y permitan la dureza sin ambages de la expresión) de casi tres siglos es un fracaso humano.

Mi respeto al Corán y a lo que representa queda (y ha quedado) fuera de toda duda. El sagrado libro del Islam tiene incongruencias como las tiene la Biblia. Los cristianos hemos aprendido que no hay que confiar en ese Dios vengativo y arrasador. Y que por supuesto, algunas frases de San Pablo hacia la mujer, merecerían a día de hoy que fuera sacado del Santoral con una prontitud inmediata, al tiempo que las frases y estímulos de otros como San Agustín, constituyen el corpus de la Humanidad junto a las palabras de Cristo. Pero ese es otro tema.

El Islam es lo que quieren que sea los musulmanes. Igual que hace siglos la intolerancia cristiana nos ha dejado retratados de por vida, la respuesta actual de la mayoría de la población musulmana no nos deja dudas algunas: la intolerancia, falta de respeto, actitud violenta e impositiva y la inmoral e inhumana manera de tratar a sexos, tendencias, pensamientos y colectivos, son propios de la Europa cristiana de hace más de dos siglos. Luego el atraso es tan enorme que asusta.

La advertencia por tanto, para un occidental que escribe a otros occidentales, está claro que no es recomendar viajes a destinos tranquilos, apacibles y culturales, sino la prevención de derechos adquiridos por los que piensen de manera análoga a estos que defienden la forma de actuar de afganos, iraquíes, iraníes, yemeníes, sauditas, libios, tunecinos o marroquíes, por completar groso modo un pequeño esbozo geográfico donde Sharia, intolerancia, desprecio a la mujer, persecución al occidental, condena al cristianismo, muerte para el homosexual y otras lindezas propias de animales y no de personas, constituyen la realidad de un universo ideológico que puede hacer peligrar el nuestro. Y por supuesto, reconocemos lo perverso e injusto que puede ser el occidental, pero a tenor de lo expuesto, resulta el mismo Cielo paradisíaco en relación al páramo de cultura, tolerancia y respeto que está naciendo con renovadas fuerzas en África.

El chador, pañuelo y no digamos burka, es una ofensa. Y no hace falta bajo ningún concepto ni explicar ni tolerar cubriciones y distinciones de carácter sexista en el siglo XXI Europeo. La propagación de conceptos de interpretación del Corán, también. Porque la rectitud del libro trae consigo, como un animal parasitario, interpretaciones que violan la verdad de las palabras de Alá. Y ven que siempre tenderé manos a otros ciudadanos con otras religiones, y hasta me preocuparé por conocer, aunque sea someramente qué dicen sus libros sagrados. Pero en España, ya desde el siglo VIII (y catorce siglos dan para mucho) sabemos que desde las madrazas se han arengado a las muertes, asesinatos selectivos y distinciones raciales, religiosos y culturales. A Dios gracias es un tiempo pasado, al menos desde el Estrecho de Gibraltar hasta los glaciares del Polo. Luego si desde el Estrecho hacia el Cabo de Buena Esperanza los pueblos se someten de mil amores a las pasiones desaforadas de imanes y directores espirituales con una falta educativa evidente como para interpretar debidamente el Sagrado Corán, hagan lo que plazcan. Pero no aquí.

El Islam sí es una religión de paz. Los dirigentes que imponen un Islam pervertido y adulterado no. Los males menores para el pueblo musulmán fue la figura del dictador occidentalizado que gobernó durante décadas a una masa que ha saltado de la constreñida sociedad de los últimos años, a la de la liberación espiritual que prometen organizaciones terroristas, o la represión infame que exhibe el fanatismo doctrinario que reduce a la mujer a un mamífero con capacidad de procrear. Gadafi, que como Sadam fue un asesino legitimado por las armas, tenía a su vez los mismos males de los que somos testigos en la zona afgano-iraquí y que pronto conoceremos en Libia. Y créanme, para Occidente, estos sátrapas siempre eran menos peligrosos que un pueblo igualmente desnutrido y mentalmente roído por infamias religiosas con ganas de alcanzar el Paraíso, allí, o aquí, a costa de tierras santificadas por los derechos humanos, de los ciudadanos y por la libertad.

Prevengo casi proféticamente. Y mantengo la misma actitud reivindicativa: por favor, nadie crea que el enemigo es el Islam. Rotundamente no. El enemigo es el intolerante, el fanático, el que simpatiza con la muerte (que condena Alá y que condena el Corán) y el que hace de las leyes civiles un código parecido al que hace 2.771 años hizo para Mesopotamia, Hammurabi. Pero es que si en casi 3.000 años no ha aprendido nada la sociedad, no merece ser considerada como tal. Y sociedad que está corrompida, puede corromper a las vecinas, luego es necesario que sean extirpadas. Y aquí dejo toda libertad al lector para que imagine cómo y por qué.

Dijo Churchill que la democracia era un mal sistema político, con la pega que no había ninguno mejor. Yo añado que Occidente es cuna de mil errores, pero el sitio terrestre más proclive para vivir bien y en paz. Los occidentales hemos de respetar de qué manera quieren vivir en otros lugares del Planeta. Pero hemos de estar alerta para que nadie, N A D I E, viva en nuestro lugar de manera distinta a cómo lo hacemos aquí, porque nuestra lucha por conquistar derechos y libertades habrá sido en vano. Por cierto que si alguien quiere algún otro argumento sobre lo democrático de impedir sociedades no democráticas dentro de la nuestra, que se plantee, de un lado, llevar nuestra filosofía mundana a Oriente y en segundo lugar, tenga siempre presente el dicho español que subraya aquello de “donde fueres haz lo que vieres”.

Si al Islam. Pero no a los islamistas, sino a los musulmanes de paz, de orden y de respeto. Sí al Corán, pero no a los que lo violan desde una madraza. Y sí a Oriente, pero no a lo orientalizante. El mundo civilizado tolera a veces, con una paciencia infinita. Pero aunque Shakespeare creyera que esta es la primera de las virtudes, no es menos cierto que como todo en esta vida, puede gastarse y acabarse. ¡Así sea!

miércoles, 26 de octubre de 2011

Ciclistas

Admiro profundamente a los ciudadanos que, cada vez en mayor número, hacen uso de un medio de transporte que más allá de los beneficios para el medio ambiente, en una Granada como la nuestra, es silencioso. Me refiero a la bicicleta. Es muy digno de estimar la conciencia ambiental, de circulación y de ruido que combaten; a sabiendas que les es favorable a los usuarios de la bici, y nos beneficia a la vez al resto. Y todo ello heredando modelos europeos donde la climatología, las distancias  y la orografía es más adversa que aquí, pero donde la combinación es una ecuación perfecta y saludable.

Hay pegas. Partiendo de la base que me parece un gesto juicio, responsable y muy generoso, han de señalarse pegas. La primera es la proliferación por el acerado de muchos usuarios de la bici. Y encuentro el motivo en el peligro que la mayor parte de los conductores granadinos viene a representar para el que se monta sobre la endeble estructura de una bicicleta. Hay que tener el valor de un torero para ser ciclista en medio de un atasco; también es cierto que el uso de la acera por parte de estos a veces obedece a la congestión de alguna calle y la impotencia de no poder sortear las largas filas de coches taponados ante semáforos interminables. Suele ser habitual que en la Calle Alejandro Otero, lamida por el río, y hacia la mitad de esta en dirección al Hospital de la Inmaculada, puede contarse dos filas de vehículos, cada una con más de cuarenta coches atrapados frente a la libertad: girar a la derecha camino de la Circunvalación, o a la izquierda, buscando Zaidín o acceso a los pueblos del Área Metropolitana.

Es entonces cuando el ciclista, bien porque se pone en evidente riesgo ante un centenar de vehículos, bien porque los beneficios de inmediatez, rapidez y fluidez de su medio de transporte se ven mermados, decide hacer uso de la acera. Antes que nada hay que precisar varias cosas: hay ciudades cuyas normativas municipales permiten el uso compartido de la acera para el peatón y la bicicleta, siempre y cuando la anchura de la acera sea igual o superior a los cinco metros. No dándose esto, el ciclista ha de usar la calzada. Ahora bien, yo que soy un convencido peatón que en ciudad no hace uso ni de transporte público ni privado por una desaforada pasión a andar, nunca me ha molestado que una bici vaya por la acera o calle peatonal, salvo en estos últimos días que he tenido encontronazos indeseables con ciertos usuarios de la bici. Pero por supuesto no se vea atacado el colectivo ciclista de Granada, sino el maleducado, vaya en coche, en avión o en el Juan Sebastián Elcano si cupiera por el Genil.

Usar la acera porque se va, según en qué calles, más rápido que por la calzada, es un uso incívico de un medio de transporte limpio y plausible. Pero lo que más me enerva es el sonido del timbre. El dichoso timbrecito que algunos ciclistas se atreven a usar en aceras que no llegan a dos metros de anchura para advertir al peatón, mucho más lento, que ahí va él (en mi caso ella, y de al menos 50 años de edad) y con derechos adquiridos a adelantar con premura. En este caso, a punto de colisionar con mi perra. Y en este caso, ganándose todo lo que mi castiza boca, epíteto de la malafollá, supo trasladarle en agradecimiento al correcto uso de la vía pública y del civismo que estaba haciendo.

La falta de educación es con seguridad el peor de los males. Y últimamente, más si cabe cuando llueve, el ciclista se deja poseer por el espíritu excitado del conductor de un coche y hace una operación mental muy ilegítima y a todas luces ilegal: si el coche es más fuerte que yo y me avasalla, y yo soy más fuerte que el peatón... Sobre la línea de puntos, puede el lector si quiere completar a su gusto el fin de la frase. Y por desgracia cada vez se da con más fuerza. Ya ha pasado, según me chivatea Google, en Sevilla o en Málaga, donde el ciclista arrollador y atropellador, ha tenido que indemnizar al peatón que en el justo uso de la acera, el lugar que le corresponde, ha sufrido de esguinces y otras lesiones propias de un encontronazo con una bici y la pseudo persona que iba sobre ella.

Pero déjenme que les indique qué dice la Ordenanza Granadina sobre el uso de la acera por parte del ciclista:

No se permite circulación por paseos centrales (como la Carrera de la Virgen, Avenida de don Bosco o de la Constitución) ni acerado en general, excepto zonas debidamente señalizadas y “siempre que se respete la prioridad del peatón, se adecue la velocidad a la de los viandantes, sin sobrepasar nunca los 10 km/h, y no se realicen maniobras negligentes o temerarias”. ¡No pueden sobrepasar los 10 kilómetros por hora!

Por norma general queda prohibido el uso de aceras, excepto: donde haya cierta intensidad de tráfico en la calzada y la acera no tenga aglomeración de viandantes, disponga de 4 metros de ancho y al menos 3 metros de ancho sin obstáculos (árboles, señales, o mobiliario urbano). Además, estas aceras que permiten el uso compartido para el peatón y el ciclista, debn tener una señalización que advierta de la posibilidad de uso para el que monte en bici.

Además, los ciclistas tienen que cumplir estos requisitos: mantener un metro de separación con las fachadas de edificios y con cualquier peatón, respetar la prioridad del peatón, adecuar la velocidad a la de los viandantes, no sobrepasar nunca los 10 km/h, y no realizar maniobras negligentes o temerarias.

Dicho esto, al siguiente ciclista que me advierta de su presencia con un timbre odioso, sea más listo que nadie y me sobrepase a más de un metro, use una acera con menos de cuatro metros o, como es el apabullante número de casos que últimamente vive Granada, se salte impunemente estas normas, le espera una buena conmigo. Y más si osa rozar milimétricamente a mi perra. Por mucho beneficio atmosférico, medioambiental y sonoro que traiga. Porque desde luego, los peatones de verdad, los que vamos a todas partes andando en nuestra ciudad, contaminamos menos, hacemos menos ruido... y estamos hasta las narices de la mala educación de muchos (y no ya casos aislados) ciclistas que confunden la realidad.

Y termino. ¡No puedo con el timbre! ¿Se imaginan a un peatón más ágil silbando o chillando a los que tiene delante para que se aparten porque él es más rápido? No lo hacen, por supuesto, ni aquellos amantes del deporte que salen a correr y tienen que cortar su ritmo por cualquier imprevisto. Así que antes de reclamar carriles bici y otras cosas, demostrad civismo y sobre todo educación. Porque así desde luego, ganáis pocas batallas para con el resto de ciudadanos. 

martes, 25 de octubre de 2011

Picasso


Pervertir la historia siempre ha sido uno de los instrumentos más fáciles para cambiarla y modificarla a gusto propio. El célebre cuadro de Pablo Picasso no iba a ser menos, y desde hace 60 años vive una vorágine impagable de mitos y leyendas que vician su verdadero significado. Aún con todo, lo malo del arte contemporáneo es que cualquiera puede ser esclavo de las codificaciones que el artista ha querido plasmar en la obra. Recuerdo con brillantez como el poeta José Hierro se lamentaba de algunas interpretaciones que la crítica llegó a hacer de ciertos poemas. El peligro real del arte que nos es coetáneo no es otro que la posibilidad de ser usado dependiendo de los intereses de cada uno.

Guernica, no hace referencia en nada al bombardeo que la alemana Legión Cóndor practicó sobre el pueblo vasco que le prestó su nombre. También conviene precisar algunas cosas sobre Guernica, en esta ocasión refiriéndonos al pueblo: tenía siete refugios antiaéreos para 5.000 habitantes, una desproporción que acaba explicada de la siguiente manera: en Guernica se producían bombas incendiarias que usaba el Gobierno de la República (y precisamente no para la recogida de la aceituna), había tres cuarteles y todos sabían de la importancia vital de la villa. Una productora de bombas es un objetivo militar si estamos en guerra. Y estando en guerra, los alemanes bombardean Guernica, mueren 126 personas, y todo ello teniendo en cuenta que la población era de 5.000 y ese día había feria comarcal en el pueblo, concitando a muchos vecinos de otros lugares. 


Lamentando, casi 75 años después la muerte de 126 personas, vemos que durante una guerra, a tenor de las cifras ofrecidas y teniendo en cuenta que había una industria de fabricación de bombas, ni la carnicería fue tal, ni hablamos de una hecatombe sin precedentes. Más que nada porque un año después, el ejército republicano sí que bombardea Cabra (en Córdoba, para los lectores de la ESO) con 107 muertos, cuando ni era un pueblo que contribuyera a la guerra, ni a la fabricación de elementos de muerte como sí hacía Guernica, y para colmo, tuvo que reconocer la aviación republicana su error. Pero nunca hubo interés por hacer un cuadro que conmemorara algo mucho más horrendo y execrable que lo ocurrido el 26 de abril de 1937 en el País Vasco.


José María Sánchez Roda era, en el año 1937, presidente de la Junta Delegada del Tesoro Artístico Nacional, un cargo que con toda claridad le permitía conocer el encargo que el Gobierno republicano le hizo a Picasso para el Pabellón de España de la Exposición de París de 1937. Al parecer, Sánchez Roda sabía que una institución mejicana había encargado a Picasso en 1935 un cuadro que exaltara la fiesta de los toros. La Administración mejicana libró los primeros pagos acordados entre ellos y el artista malagueño, pero al tiempo decidieron olvidarse del pedido y dejaron sin abonar la obra a Picasso. Tampoco la pagaron íntegramente. No tuvo que pasar más de un año desde entonces, para que el pintor recibiera una comisión republicana. Pero a esto llegamos ahora después.

Picasso no se había vinculado con la República en nada. Antes de la proclamación ilegal e ilegítima del 14 de abril de 1931, fecha en la que ya el artista vivía en París (un empadronamiento que inició en 1901), Picasso había dejado un testimonio muy revelador: “soy monárquico porque en España hay rey”. A esto hay que sumar que su entrada en el partido Comunista francés se produce al término de la II Guerra Mundial. Todo esto sirve para romper esas ataduras tan consistentes pero inventadas que la historia ha ido contando sobre la implicación de Picasso en los intereses republicanos. Eso sí, lo cierto es que en 1936 lo nombran director honorario del Museo del Prado. El primer paso (algo cicatero) ya estaba dado.

El 8 de enero de 1937, el Director de Bellas Artes de España y otros escritores amigos del pintor lo visitan en París. Allí le proponen un cuadro que sea “referencia” del pabellón español en la Exposición Internacional que ha de celebrarse unos meses después en la capital francesa. Picasso estaba haciendo unos grabados que serían llevados a postales par venderlas y cuyos beneficios obtenidos sirvieran para apoyar al ejército republicano. Se trataba de una ridiculización del General Franco con un lenguaje propio del cómic. El que firma el acuerdo o contrato de hechura entre el Gobierno español y Picasso es el mencionado Director de Bellas Artes, José Renau Berenguer. El mismo que durante su exilio en Méjico (desde el fin de la Guerra Civil a 1958) llega a comentar que poco a poco le pareció “caradura” el Picasso que aprovecharía una obra ya iniciada con la temática más que evidente de la tauromaquia, para el pabellón español. De hecho, antes del bombardeo del 26 de abril de 1937, Picasso tenía en esbozo  el toro, la mujer con la luz, el guerrero derribado en el suelo y el caballo. Sería el 8 de mayo de 1937 cuando incluye la mujer con el niño muerto en sus brazos.

Algo que todavía sorprende más es que el 4 de mayo de 1937, el afamado Diario francés Le Monde ya conoce la obra que realizará Pablo Ruíz y que el nombre será Guernica. Algo no cuadra. Han pasado sólo 8 días. El Gobierno español no se ha pronunciado al respecto. Será sólo L`Occident quién narre lo ocurrido días después. ¿Cómo en tan poco tiempo sabía Picasso que había de hacer? Planea por ahí la sombra de Negrín y los esfuerzos redomados porque Picasso escogiera este tema y bautizara un lienzo de 27 metros cuadrados de superficie (todo ello en días de producción, IMPOSIBLE) como Guernica. Y vayamos más allá: El malagueño, desde que se puso a trabajar hasta que lo concluyó, tardó 60 días (con un formato de casi 4 metros de alto y casi cuatro metros de largo... nada desdeñable) y cobró 150.000 francos de la época.

A la luz de estos datos, habría que decir:
1.- Poco republicano o adepto al régimen ilegítimo parecía Picasso. Tal vez, como con Lorca, como con Jarcha, interese contar algunas cosas. Y cobrar 150.000 francos de la época (equivalente a casi 23.000 de 1937) no parece un acto de contribución a la causa de la II República.
2.- La inspiración del cuadro queda en entredicho. Si sabemos la acogida del público, en ese Pabellón Español de la Plaza del Trocadero parisina. ¡Le daban la espalda! Tal es así que el Gobierno no tiene ningún inconveniente en desentenderse del mismo, que viaja a Estados Unidos y no regresará a España hasta 1981.
3.- Lamentamos (y lo repetiré siempre) las 126 muertes de los habitantes vascos. Pero no se cargó contra la población civil, sino con un lugar donde se producían bombas que iban a parar a las poblaciones (Cabra es un ejemplo) y nutrían al enemigo. Era una industria para la muerte. ¡Quede claro!
4.- Parece ser que Picasso echó mano del refranero español y se acordó de aquel dicho tan nuestro: “aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid”... Y colocó un nombre y con ello un ejercicio de proselitismo que no es tanto.
5.- A la luz de las críticas, sin el Guernica es un cuadro innovador por la denuncia explícita que lleva aparejada y este leitmotiv desaparece, se convierte en un cuadro de “horrores de Guerra”, algo que 120 años antes ya hacía Goya. Por lo que no duelen prendas en decir: FALTA ORIGINALIDAD.

Las mentiras, si se repiten, crean verdades... Y todo esto lo publico hoy que se cumplen 130 años del nacimiento de Picasso.