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sábado, 30 de julio de 2011

El sueño de una noche de verano

Tienen algo los cascos históricos más allá de los valorados precios del urbanismo que acogen y las prestaciones y servicios a los que están llamados a responder. Presentan algo que a los ojos de los ciudadanos de una evidente falta de sensibilidad se oculta. Implícito en sus nombres, en ese apellido procurado y quizás altisonante, guardan su verdadero ser y sentir. 

Nadie mejor que el que se despierte al arrullo de las piedras de un conjunto patrimonial, al sonido de las campanas pretéritas de una vieja Iglesia, o frente a la obra consumada del hombre para entenderme. Y tal vez, nadie que no sea vecino del centro del centro de sus ciudades para entenderme. 

Está Motril dormido. Pero hace horas, tantas como la caída de la última luz del día que todo el perímetro de la ciudad de murallas adentro ( que es lo mismo que decir que el mismo centro neurálgico del pasado) lleva tiempo en silencio. En uno de esos casi inquebrantables silencios que asustan. El marco es idílico. Me tienta con su verticalidad aplastante el torreón colegial. Los años, que son como la factura, la deuda impagable de la piedra, hacen mella en sus paramentos. Huele a la lejanía a ese galán de noche de los jardines de poniente del edificio. Y sigo pensando que un día habría que hacer el esfuerzo y dejarse de dar medallas de oro inválidas de sentimiento a personajes y personalidades y concedérselo a ese patrimonio tocable pero intangible que es el arbusto oloroso de los jardines de la Mayor.

Mi balcón lleva jornadas siendo reclamo de amigos, familia y personas de las que dejan huella en uno. Cada butaca es un medicamento hipnótico. Y el continuo ir y venir de esa brisa fresca, descarada y casi marina que azota inmisericorde la placeta aledaña, un alivio y un medicamento impagable y apetecible. 

No faltan los caldos ni los espirituosos, que es la manera ñoña y bien de decir que las tertulias no suelen bajar de las tres de la mañana; y en buena compañía. Puede ser una visita de un primo que representa el gracejo más inmutable, mientras sorbo a sorbo, el café es la excusa para repasar el mundo del perro. O ese otro que lo fue, es y será y que desde Uruguay firma la diversión y el mejor sentido del humor. Ni que decir tiene que la terraza de este casco histórico no sería tal sin el primo de los primos, y queda dicho el resto; o sin ese tío que puede ocultar un "miarma" para colarlo sin querer; o de ese hermano, amigo y cura que estira sus muchos centímetros de altura con su bondad innata...

Y lo será más, y me sabré en verano, cuando reciba con las mismas ilusiones y novedades de cada día si unos vecinos cumplen puntuales con el obligado momento de "bajar". Y habrá noches que puedan ser más mágicas que otras, y de eso he sabido no ha mucho. Y entonces se saltará en la conversación de la manera de mandar un paso, al estreno de una Hermandad. O de la literatura francesa al cine de oro americano. O de un "melillero" a la clase política. 

Da igual; hay un influjo excesible en el entorno. Porque la quietud, el silencio roto con el bisbiseo de la tertulia, la benignidad del clima y la hipnosis rítmica de cada mecedora, responderán al marco que nos acoja. Y saberse en el espacio urbano donde nació Motril, hace más de mil años, mirando las piedras que vieron los ciudadanos de hace 500 años o imaginando que estás en el escenario de las lágrimas y derrotas y las victorias y los sueños de decenas y decenas de generaciones precedentes, obliga y estimula a la conversación y el disfrute del tiempo. 

Los cascos históricos son mucho más que los depositarios del más pretendido comercio, del trasiego infernal de las mañanas y de la especulación de propietarios y propios del mundo empresarial. Son lugares donde aún hay lugar para sentirse en paz con uno mismo y leer, si se tiene el ojo educado para ello, la vida de miles de personas que legaron el espacio perfecto para vivir, cada día, "el sueño de una noche de verano"

martes, 26 de julio de 2011

Marta Domínguez

Nos ha emocionado en infinidad de ocasiones y ha reverdecido el estéril universo del atletismo español con cada uno de los esfuerzos que en pistas llenas de obstáculos o con un fondo que se escapa a la mayoría de los mortales, ha conquistado traduciendo sus hazañas en colecciones de medallas de los tres metales y en marcas imbatidas e imbatibles cuya única poseedora sigue siendo ella. 



Ha dignificado el deporte de los pobres, el que a duras penas saca un rácano puñado de euros para su financiación y no tiene decenas de minutos diarios de seguimiento periodístico. Ha sido portaestandarte regia de una bandera que sigue dañando ojos incultos y ha lucido su oxigenada cabellera por los estadios de medio mundo con esa risa inabarcable, franca, certera y arrebatadora. 

Hace unos meses le pusieron la prueba no clasificatoria más dura de su ya laureada e incuestionable trayectoria. Dos carreras en forma de imputación que se ha vuelto a saltar con el espíritu de lebrel incombustible que tiene y se ha alzado de nuevo en el podio de la victoria; aún así, cometió un error mucho más imperdonable que si de veras se hubiese alguna vez dopado, o suministrado sustancias ilegales a sus compañeros: ser del PP. A estas alturas, y después del escabroso y ridículo sentido periodístico de algunos medios de comunicación, ya empezamos a intuir que a la palentina había que hundirla en el pozo de la sospecha por ser una deportista conservadora, concejal por el Partido Popular en su tierra y española, orgullosa de cubrir sus vigorosos deltoides con los dos colores de la Patria invicta que lleva dentro como lo hacemos un puñado de ciudadanos todavía. 

No ha habido conmoción alguna. En esta nación donde la envidia se imparte como asignatura común desde el Jardín de Infancia y se cultiva en los periódicos vendidos (o comprados) que a diario se empeñan en aprovecharse del Caso Gurtel pero callan el Faisán, a todas luces mucho más grave, a Marta no le vale con haber demostrado por los cauces de la Justicia que está más limpia de lo que nunca podrá probar Rubalcaba, que sale a escándalo por Gobierno socialista en el que anda metido. Ahora, Domínguez, que es como una Atenea del deporte hispano, tiene que limpiar el nombre deportivo y personal que le han ensuciado unos pocos; y no sé si recuerdan el aciago Caso Wanninkhof, quizás el más irregular de la historia de España, donde María Dolores Vázquez terminaría convertida en la asesina patria por excelencia y que no ha recibido la compensación moral y ética que debiera, después de que la mayoría de los medios de comunicación la hubieren sepultado en vida. 

Los informativos de hace unos días de esa sectaria (hasta en el juego de palabras que su nombre presta) cadena de televisión salida del capricho personal de Zapatero dieron vergüenza. Aún, golpeados porque la "palentina de oro" no hubiese tenido ni un ápice de relación con las imputaciones que recibiera, se atrevían a cuestionar sus silencios y su actitud en la rueda de prensa en la que atendía a la calaña de cerdos de la profesión que no dudaron en revestirla de culpabilidad cuando nunca lo fue. 

Marta ha sufrido la condena injusta de la sociedad española, cotilla y envidiosa estando embarazada; si me apuran, algo execrable si ya no lo es todo este circo de intereses e ideologías creado en torno a la figura de una de nuestras más reconocidad deportistas. Pero ni con ella han podido ni con los que esperamos verla en la siguiente cita, dejándose la piel y las ganas, para recoger esa bandera de España que cubra su fibroso y palentino cuerpo y explotar de emoción y alegría por el logro deportivo y porque ningún complot, y me atrevo a sospechar que de carácter político, ha podido con ella. 

Mientras, altos cargos del Gobierno mantienen relaciones de un amiguismo ilegal y delictivo con ETA, y no pasa nada. Nuestra prima de riesgo sigue imparable hacia la barrera de los 400 puntos, nuestra economía es, cada jornada, más insalvable y ostentamos el récord de paro de la historia de Europa. Tenemos un Gobierno que habría que juzgar por alta traición (y en una sala militar) y los presidentes autonómicos socialistas que han esquilmado al pueblo y dejan las deudas más insostenibles y amorales son exculpados con una celeridad abusiva. 

Y Marta Domínguez, una de las mejores deportistas españolas de todos los tiempos, la atleta española más reconocida y laureada, una ciudadana española que no tiene tacha alguna y que es más inocente que muchos con escaño parlamentario o ministros recién salidos, seguirá siendo objeto de sospechas por parte de una buena porción de españolitos iletrados que creen con fe de carbonero lo que diarios y cadenas de dudosa profesionalidad y al servicio de unos amos ineptos, quieran contarles. .

¡Esto es España, amigos!

lunes, 25 de julio de 2011

Santiago

Podría hoy hablar de cómo los intereses progresistas siempre intentaron sustituir unos valores tradicionales por otros nuevos, y no necesariamente, ni siempre, mejores; podría señalar los empeños demudados y renovados en sustituir fiestas, conquistas de espacio público, señas de identidad, símbolos que encarnan valores de vida y de amor... Pero voy a tragar toda la saliva con hiel que nos han servido estos siete años atrás y regocijarme por el día que celebramos, más allá de la trascendencia espiritual y devocional de la figura del Apóstol Santiago. Porque a fin de cuentas, 1.167 años después de la Batalla de Clavijo, once siglos más tarde de aquel suceso entre lo legendario y lo ferviente, España repasa una historia fecunda de jaculatorias y arengas con el nombre del santo peregrino en sus labios, en aquellos tiempos donde los valores permanecían inmutables y el honor era cosa de hijos de buen nacer. 

Y por eso, apuro el último sorbo de despropósitos, confusiones provocadas, manipulaciones mediáticas y ataques frontales contra la dignidad, el credo y la historia de la mayoría de los españoles, para llevarme a la boca la mejor de las frases que hoy se me ocurren decir en voz alta y cuyo sentido espero transmitirles a todos y que la fortaleza moral de la misma se quede con cada lector de esta entrada...

SANTIAGO. Y CIERRA ESPAÑA.

domingo, 24 de julio de 2011

Amy Winehouse

Una hora tiene 3.600 segundos; un día, 86.400; un año no bisiesto, 31.536.000. Según el último informe de la ONU, cada siete segundos muere un niño por desnutrición. A esto habría que sumar los que mueren por explotación infantil, asesinatos como el de un loco noruego, los que caen en medio de cualquier conflicto armado, como el de Afganistán en el que tan a gusto parece estar el PSOE español... Pero si sólo contabilizáramos aquellos menores que mueren, cada siete segundos, por el hambre, nos sale la espeluznante cifra de 4.505.143 niños al año muertos. ¡Más de cuatro millones y medio!

Estos no eligieron jamás caminos vitales nocivos para sí; desconocen qué es visitar un hotel de lujo de un complejo paradisíaco y organizar un espectáculo bochornoso. No han tenido jamás oportunidad de faltar a un compromiso laboral porque la embriaguez se lo ha impedido, ni han coqueteado desde muy pronto con las drogas y han entrado en espirales autodestructivas nada ejemplificantes. 

A estos cuatro millones y medio de niños habrá que sumar cuántos jóvenes, cientos de miles, mueren al año en una guerra, sin duda sin haber escogido estar en un frente y ser apuntado con el cañón de la muerte. O tantos otros que mueren injustamente y sin que nada fortuito, como un accidente, se haya colado en sus vidas. Si pudiéramos hacer un cómputo real, las cifras nos harían palidecer. 

La muerte de la cantante londinense que jamás he escuchado y cuya discografía desconozco me parece de un patetismo feroz. Estoy a la espera de los muchos comentarios que pulularán por todo Internet hablando de juguete roto y de la perniciosa influencia de la fama si esta no es digerida; es simplemente vergonzoso que alguien con 27 años, una solvente economía y una imagen social proyectada y poderosa, ya en el parnaso de icono mundial, quisiera desde hace años entrar en el juego de matarse, no de acabar muerta. Desgraciadamente, en cada rincón del Planeta, y no sólo en la tan llorada pero olvidada África, muchos jóvenes de 27 años y muchos menos no tienen tantas posibilidades ni tantos recursos, no gozan de las comodidades que brinda el dinero, hasta para adquirir droga, y no pueden permitirse acaso ni el consumo de esta. Y nunca verán la treintena, pero no por decisión personal, sino porque la vida se encargará de cobrarles en clave de sufrimiento el único bien que conservan: vivir. 

Ni por asomo me alegra saber que una joven de 27 años que según la opinión general tanto tenía que ofrecer en el plano artístico, ha querido acabar en la barca de Caronte. Pero no me entristecerá porque encarna justo los valores contrarios que toda sociedad debería exhibir. No me causa sorpresa alguna entender que estoy ante un icono, un referente para decenas de miles de jóvenes de todo el mundo, que han visto en la vida, actos, comportamientos y degradación progresiva de la inglesa, algo esnob digno de imitar. No se echen las manos a la cabeza, porque hay tontos de este calado por cualquier punto de la geografía mundial. Así que a pesar de la tristeza que a todo mortal ha de seguirle al saber la desaparición de un congénere, creo que la Humanidad no pierde nada. Nos seguirá quedando la mejor contralto de todas, Teresa Berganza; y Arteta, con registros parecidos que fluctúan entre sus cualidades de soprano y contralto. Tendremos vidas más edificantes, más profesionales y más apegadas a la vida, valga la licencia poética. Y nos sabremos ante alguien que no deja en prenda tan horripilante ejemplo a muchos jóvenes, justo los que no han de temer por la edad de 27 años, porque su esperanza de vida es cuando menos tres veces más. 

Mientras, en muchos, muchos lugares de este Planeta, mientras has estado leyendo esta entrada, ya han muerto unos pocos de niños. Cada siete segundos lo ha hecho uno. Sin tantas cualidades musicales y posiblemente sin probabilidades de demostrar potencial de tono y registro sonoro. Pero con algo más ético, más moral, más humano que Amy Winehouse: ganas de vivir más allá de esos 27 años que le han bastado a la cantante para forjar el mito de una drogadicta que seguro, está ya entrando en los particulares parnasos donde habitan mitos como ella que un día, decidieron que la muerte es buen final.

Dijo el duque de Gandía en Granada, antes de convertirse en San Francisco de Borja, que "jamás volvería a servir a ningún señor que pudiera morírsele". Y yo no ensalzaré nunca a nadie que desea matarse, así fuera la reencarnación de la Callas y Cecilia Bartoli juntas.

sábado, 23 de julio de 2011

Mucho Motril

Viernes 22 de julio de 2011; festividad de Santa María Magdalena. Son las 17:49 de una tarde no excesivamente calurosa y todo ello porque en la vieja Placeta de los Mártires de Motril, o la zona de las naves del Evangelio de la Iglesia Mayor Parroquial de Nuestra Señora de la Encarnación, donde se levanta su portada norte, suele soplar continua y descaradamente una brisa generosa y fresca que ha terminado por conocerla entre muchos de sus vecinos como "la placeta del viento". 

Con todo, en el sur de España, realizar a estas horas de la tarde cualquier actividad laboral que requiera de un esfuerzo físico, termina siendo fatigoso. El anónimo barrendero de la Empresa Municipal de Limpieza motrileña, debe saber a la perfección lo que hace. Y mi particular observatorio me permite constatar que "en todos los trabajos se fuma"... En efecto, a priori me resulta extraño que el implacable trabajador tome asiento en uno de los remozados bancos del compás de la vieja Colegiata, junto a su mencionada puerta norte. Perdonen la curiosidad, pero nunca antes había visto a un barrendero en horario laboral, haciendo una "parada en el camino". 

Prosigo con mi habitual calendario de estas fechas vacacionales. Estoy enfrascado en la lectura de un diario nacional pero el continuo soniquete procedente del vecino aljible eclesial, que se ha convertido (feliz iniciativa que aprovecho para aplaudir) en privilegiado escenario durante los viernes del verano de conciertos flamencos, me obliga a levantar la vista y dirigirla hacia la placeta. Y es entonces cuando veo 6 piezas de fruta primorosamente dispuestas en la cara de piedra del banco, mientras el sufrido barrendero esgrime una peligrosa arma blanca con la que se dispondrá a ir retirando la piel brillante de naranjas y melocotones (asumo estas piezas de fruta desde mi balcón). Todo sea por una merienda sana y equilibrada. 

Pudiera parecer normal; desconozco si tienen los operarios municipales que se empeñan en acicalar las calles motrileñas un convenio que estipule un alto laboral de "x" tiempo para tomar un refrigerio callejero improvisado. Me parecería normal. La estampa me parece ya anecdótica y no dudo en fotografiarla. ¡Nunca se sabe! Y suena el teléfono, echamos la habitual tertulia diaria mi hermano Juan y servidor, pasan los minutos en grupos de a diez... Y nuestro protagonista sigue, "impasible el ademán", con su particular ingesta de sana fruta. 

Expira la perecedera vida de esos productos de piel anaranjada, algo rojiza... Hora de un cigarro; en la plaza, un grupo de niños reciben las indicaciones de sus monitores. Se trata de las habituales "gimkanas" veraniegas que los niños de colonias residentes en Motril con ocasión de la temporada de playa suelen protagonizar por el centro histórico de esta tierra tropical. Ensaya con fruición el elenco de cantaores y músicos que a partir de las nueve y media hará las delicias del público que quiera vivir una noche especial en un marco cargado de historia. Y el bueno de nuestro barrendero, concluido el cigarro y cumpliendo con el dicho hispano de que "en todos los trabajos se fuma, sigue petrificado disfrutando de la brisa de componente sur que ocupa Motril, mientras repasa visualmente los sillares del testero norte de la Iglesia y eleva la vista hacia el final del campanario mudéjar de la egregia Colegiata. 

Y al fin, a las 18:33 de la tarde, tras un descansito de 44 minutos, toma los trastos del oficio, empuña aguerrido la escoba y se dirige con saña a la superficie de la placeta y al vecino patio del aljibe, a estas horas ya decorado pintorescamente para la actuación de las nueve y media de la noche, tras haber protagonizado una anécdota que sin él saberlo, resume la verdad indiscutible del motrileño: que por este "roalillo" al sur del sur, las prisas no son buenas consejeras y la calma y el sosiego, virtudes y excelencias a mano de todos, se esté o no trabajando.

¡Buen provecho, amigo anónimo! ¡Y buen servicio! O al menos, que haya poca faena....

viernes, 22 de julio de 2011

Diccionario Histórico español

Siempre he creído que los que calumnian el sistema educativo español refiriéndose al mismo cono uno más de los instrumentos para falsificar la historia y para aleccionar a las masas, incurren en una grave afección de fantasía, ya que me parecería digno de prisión que un legislador crea que cercenando la información y la cultura de los jóvenes de hoy, tendrán serviles votantes en el mañana. Siempre, insisto, me he resistido a creer en esta conspiración maquiavélica y mefistofélica porque ni desde mi más aguerrida y comprobada animadversión a la izquierda patria, podría yo imaginar tan taimada y mezquina actitud de un político; pero estoy virando en mis opiniones a tenor de lo que leía en Ideal sobre la denuncia de ciudadanos granadinos al Diccionario Biográfico Español. 

Encabeza la protesta una persona cabal; un luchador de la vida, un filólogo intachable y un conversador que siempre aporta algo a su interlocutor. Un columnista con el que siempre discrepo, domingo a domingo, en silencio, pero que me alegra cada vez que oigo su timbre de voz cuando llama a casa. Porque Emilio García Wiedeman es mucho más que un notable profesor de nuestra cada vez menos talentosa Universidad, y por supuesto, alguien que no duda (como el que suscribe) en sostener sus argumentos pero siempre desde la lógica y la manifestación de su contrastada capacidad intelectual. 

Pensarán algunos que por tanto, estoy de acuerdo con las tesis que propugnan los granadinos que quieren llevar a los Tribunales a los redactores de un Diccionario que a juicio de ellos, elogia al franquismo y a sus protagonistas, y aunque a veces pudiera pensarse que mi simpatía es demostrada y demostrable hacia el Régimen del General, lo cierto es que un hijo de la democracia como yo no puede ni por asomo dejarse seducir por posturas dictatoriales, pero desde luego sí que estoy en disposición de ponerme en la otra acera ideológica de estos granadinos "demandantes" que con la demagógica herramienta del sufrimiento de los familiares represaliados quieren negar la mayor. 

Algunos estamos ya un poco hartos de tanta falacia; estamos repugnantemente cansados de que se utilice una y mil veces al sobrino nieto de un fusilado republicano para vencer y convencer en este siglo XXI. Y más que nada porque en una sociedad como la nuestra donde se lee cada vez menos y la intelectualidad ha quedado tan reservada como la carne en el siglo de oro, creerse, aunque sea de lejos, que estos que encabeza el juicioso y meritorio Emilio García andan preocupados por los familiares de los represaliados es cuando menos, de ciencia ficción. 

Precisamente lo que más le molesta al progresista de pro de este país, es que se vaya al garete 36 años de imperturbables esfuerzos por hacer de la República una sociedad idílica, un parnaso de la cultura y un Campo Elíseo de la democracia, cuando nadie ha dicho desde la izquierda (más o menos evidente) que fue una proclamación ilegal e ilegítima, con dos golpes de Estado a sus espaldas, contrariedades democráticas insostenibles, acciones violentas y asesinas evidentes y destrucciones que socavaron a una parte del pueblo que nadie que quiera hacer honor a la verdad puede negar. 

No, por supuesto que no justifica el negro periodo de 1931 a 1936 una Guerra; pero lo explica. Y no, tampoco hay que pensar que el republicano en armas, con el apoyo de decenas de países (que parece que sólo alemanes e italianos tiraron bombas) combatió leyendo poemas de Alberti y abrazando a los prisioneros. Checas, exterminios, Cabra, Paracuellos y miles más de episodios parecidos dejan a la misma altura a unos y a otros: los republicanos, fueron tan asesinos como los nacionales; pero nadie ha podido decirles que la Ley de Memoria Histórica es una pérdida económica, un instrumento propagandístico, un recurso electoral y una forma de remover la mierda. Sin más. Y cuando una concejal joven y con valores evidentes como Marta Olalla, desde el Ayuntamiento de Granada, se atreve a decirlo, se conmocionan hasta el arrobamiento místico de Santa Teresa la mayoría de los progres locales. 

Emilio es una persona grande. Que otros digan de su labor académica y de su prestigio intelectual. Estarán más preparados. Yo lo hago desde la orilla de la cercanía, y me bastan las esporádicas conversaciones que hemos tenido, mientras anestesia con esa voz norteña y viril, un tono pausado y reflexivo y una conversación sosegada y siempre plausible... Enriquecedora. Si don Antonio (su don Antonio) lo hubiera conocido, seguro que le aplicaba su personal definición, porque en efecto es, "en el buen sentido de la palabra, bueno". 

Pero si fuera perfecto, andaríamos dejando en andrajos colgantes su ropa. Y sacaríamos reliquias de sus prendas de vestir. De forma que tiene derecho a equivocarse, cómo no, y a encabezar una postura que me recuerda mucho a esos interlocutores que más de una vez he tenido y nunca quise creérmelos... Porque escogiendo qué poner en los libros, y más en los de texto, cree la izquierda que en efecto podrá hacer votantes del mañana que respondan a las incendiarias pláticas de don Alfonso Guerra, que asustaba al pensionista andaluz al grito de "viene la derecha" mientras por detrás, les endilgaban el bocadillo de chorizo, la promesa no escrita de un PER que los apesebrara de por vida y los metían a empellones en el bus del partido rumbo a un nuevo mitin cebollero y tendencioso. 

En efecto, se podrá decir mucho sobre la Guerra Civil. El problema es que siempre llegamos tarde. Estos granadinos, jugando  ser próceres y adalides de una sociedad que roza el 30 % de paro, olvidan que son casi 100 los muertos españoles en una Guerra que no tiene 75 años de historia he hizo más de 72 que acabó. Sino que sigue hoy día bramando a muerte en los pedregales afganos. Y sí que podemos evitarla, no sea que mañana, algunos tengan que elevar sus más encendidas críticas contra estos intelectuales de mi Granada, porque de alguna manera, son culpables (por olvido intencionado e interés cultivado) de los muertos españoles en la guerra de la izquierda socialista. 

Y todos tenemos Memoria Histórica...  

jueves, 21 de julio de 2011

Ortega Cano

Leo con estupor lo que muchos de mis amigos, y con probabilidad, de los más capacitados, han puesto en su muro de Facebook como pendón ondeante y bandera adalid de sus ideas; viene a decir una de esas cadenas que un desocupado se inventa un día y que por mor del mensaje demagogo e instrumentalizado suele llegar a cientos de miles de usuarios de la red social en poco tiempo, tal que así: 

Ortega Cano: 
Borrachera_ _ _ _ _ 60 euros.Cochazo_  _ _ _ _ 60.000 euros.Que mates a una persona y al salir del Hospital te aplaudan_ _ _ _ _ No tiene precio.
Pega esto en tu muro si piensas que la gente de este país es subnormal. 

Y como comprenderán, lo pienso. Por supuesto que lo pienso. Pero no por ir a la puerta de un hombre que se ha debatido durante semanas enteras con la muerte hasta ganarle la pelea, y le aplauden porque siga vivo, sino porque este país (en el mismo texto de esta cadena ominosa queda claro, aludiendo a "cochazo de 60.000 euros) demuestra que es barriobajero, cainita y desalmado. Entiendo que si, al igual que Farruquito, el maestro Cano hubiera cejado de su obligación de asistencia, hubiera engañado a las instituciones y fuerzas de seguridad negando su participación y hubiera demostrado una insensibilidad sin precedentes, esta cadena repugnante siguiera corriendo por Facebook y por cuantas redes sociales surquen el Mundo entero. 

Pero el diestro ha salido medio vivo y diciendo que no espera ningún trato de favor, que se enfrentará con entereza al dictamen de la Justicia y que está ante el toro más difícil que jamás haya lidiado. Y con la metáfora somos (algunos, no todos) conscientes que José Ortega lo está pasando mal. Y conste que su imprudencia y su fallo catastrófico jamás podría ser justificado ni yo me atrevería a hacerlo. Pero intento imaginarme como único responsable de la muerte de alguien y simplemente, imagino las pocas ganas de vivir mi fortuna que tendría. 

Pero esta España (y lo que me sorprende es que brille en el muro de amigos inteligentes, sensibles, cautos y vestidos siempre por el traje del honor) horripilante, no repara en gastos y se arma de estupidez: "cochazo". Y a lo mejor no cae que aquel aplauso a las puertas del sevillano hospital donde Ortega Cano encintó la osamenta de Carionte y clavo la espada sobre la cerviz de la muerte, fue el reconocimiento de muchos que hemos visto en José Ortega Cano a un hombre bueno, a un buen torero que no se supo retirar a tiempo, a un padre y a un empresario que se ha ganado a base de bailar con el dolor y la sangre su "cochazo", su "fincaza" y sus todos "azos" y "azas" que le quieran decir. Y que a pesar de no poder olvidarnos que el error más grande de su vida (conducir borracho) ha acabado con la vida de un ciudadano padre, honrado y a buen seguro, extraordinario, eso no significa que no nos haga ninguna gracia que la muerte nos haya estado a punto de arrebatar a Ortega Cano. Y tendrá que pagar, y tendrá que hacerlo sin favoritismos (y sin el juicio de la prensa, ojo...) y hasta el fin de la condena que se estipule. Pero vivo. Por los suyos, por sus hijos (que lo necesitan más que nadie) y por los que miramos a la cara de ese hombre bueno que ha cometido un fallo descomunal, que le ha arrebatado la vida a otro, inconscientemente, y que ya es juzgado desde Facebook y desde mil rincones de esta sociedad estulta y anestesiada, dirigida y demagoga, que se aferra al primer titular rimbombante que lee y lo hace suyo. 

Yo no creo que aquellos que aplaudieron a Ortega Cano sean subnormales. Y nadie que aplauda a otro por pelear y vivir, lo será nunca. No al menos si el aplaudido no es un asesino, sino un homicida involuntario, que es distinto. Pero sí creo que muchos amigos míos se han equivocado haciendo suya esa cadena vomitiva de Facebook. Y también creo, que muchos de los que han puesto eso en su muro (no todos, ¿eh?) sí que sois subnormales... Pero de una profundidad tan grande que espero gozar siempre de salud y que desconozcáis mis desgracias personales, porque seguro, tardaréis poco en secundar una cadena demagoga, malintencionada y apestosa donde os alegréis de las desdichas ajenas. 

lunes, 18 de julio de 2011

Guerra Civil Española

Se cumplen hoy 75 años del inicio de nuestra Guerra Civil; una distancia temporal más que suficiente para que la inmensa mayoría de sus protagonistas hayan dejado de estar entre nosotros y por ende, podamos hablar de historia sin tapujo alguno. De una historia que se tiene presente pero que no se usa con una finalidad, con una intención sesgada y manipulada. 

Se cumplen hoy 75 años de una sublevación militar que vino a suponer, más que otra cosa, el hartazgo de muchos hacia un corto periodo histórico de terror, asesinatos, dictaduras encubiertas y recubiertas del oropel de la democracia y de un régimen que fue elegido ilegítimamente y proclamado ilegalmente. Porque las tropas españolas que dijeron "basta" junto al General más joven de la historia de Europa, se rebelaron contra una II República que fue la culpable directa de este alzamiento y la responsable moral de los acontecimientos bélicos.

No justifico ningún tipo de acción violenta, ni siquiera esta que nació un 18 de julio de 1936 después de un infierno social que duraba ya 5 años, con limpiezas ideológicas continuas, acciones violentas diarias, asesinatos sistemáticos de ciudadanos católicos y conservadores, irrefrenables destrucciones patrimoniales, contundentes muestras de desacato democrático y dos golpes de Estado, uno intentado con el país vecino, Portugal.

Llevan años disfrazando la verdad; la II República nació ilegítima e ilegalmente y constituyó el periodo más oscuro de cuantos años en democracia ha gozado un país europeo. Fue la calamidad más intensa que cualquier español imaginara. Fue un régimen donde unos hicieron purgar a otros, donde anidó la inseguridad, la inestabilidad económica y la muerte. Donde la izquierda sacó su cara inculta, ahora tamizada por la prensa y por cuatro columnistas de diarios apesebrados para hacer una limpieza de imagen de un periodo del que nadie puede sino avergonzarse. 

Y aquellos lodos, traen estos polvos... El refranero español acierta y he aquí que la Guerra Civil es consecuencia directa de los desmanes, abusos, ilegalidades y muerte de los republicanos, de sus seguidores ideológicos y de la rebosante y delictiva incultura frente-populista. Desde el Norte de África, seguro que un dictador, un personaje detestado y de cuyo juicio ya se habrá encargado Dios sin reparos, para demandarle ciertas manchas de su vida en forma de penas de muerte; pero al igual que digo esto, un General invicto, un estratega consumado y un soldado con los arrestos y la capacidad de dejar a toda la izquierda española, desde Líster a la calaña más asquerosa de milicianos que propugnaron los crímenes más execrables imaginados (y de los que no se habla ahora, intentando tan solo reflejar los mismos, pero producidos por la mano franquista) en pañales. Porque se le podrá achacar lo que quieran a Francisco Franco, pero reconocer que estamos ante uno de los militares más eficaces y capacitados de la historia bélica europea. 

Y estalló la Guerra. Y ojalá nunca lo hubiera hecho. Y deseo con una renovada fuerza que España aprenda al fin, ahora que los supervivientes de aquello, como muy poco, tienen más de 90 años y quedan pocos, que se trata de un episodio histórico que jamás va a ser repetido; porque hemos aprendido que empuñando un arma se vence, pero la sangre que deja en las manos mancha el alma para siempre. Y es hora de que al fin la historia sea instructora, sea maestra y deje puestos los deberes del futuro. Así que nadie se alegra de aquel más de millón de muertos que abonó el suelo estéril de España. Pero sí he querido repartir las responsabilidades. Y al igual que la mitad de los crímenes corresponden a una ideología y a partes iguales, a la otra, la izquierda comparte con la derecha el estallido de la contienda, tras cinco años de asesinatos, asaltos, quemas de iglesias, desórdenes públicos, falseos electorales y pretendidos golpes de estado. 

Sólo tengo claro que no quiero vivir jamás ni una República ni una Dictadura. Desde 1931 y hasta 1975 España no fue España. Así de claro; y aunque suene a patio de colegio, "empezó el progresismo y su palabrería mentirosa". El resto, cualquiera que haya leído y tenga una mínima cultura (presupongo demasiado) sabe el resto: el "Dragon Rapide" traslada al General Franco desde su destierro africano a la Península. Es entonces cuando a su lado, se ponen muchos españoles que tras la entrega y disciplina militar que nunca demostró la fila republicana, gana una guerra. Y siembra España de odios que el presidente Zapatero, ha avivado no ha mucho; cuando creíamos superado esto y sabíamos que nuestros hijos jamás se iban a preguntar en el patio del colegio en qué bando combatió su bisabuelo en la Guerra. 

Y si me permiten, se cumplen 75 años de aquel alzamiento, y dos de un particular, mío, casi tan heroico y tan valiente como ningún otro. Yo me icé contra la falsedad, contra la mentira, contra la traición y contra la deslealtad del corazón. Si el Cuartel General de Burgos dijo un 1 de abril "La Guerra ha terminado", mi bando fue proclamado un 27 de septiembre. Pero la vieja letra uve, la misma que Churchill trazaba con sus dedos índice y corazón, quedó para siempre reflejada en las paredes de la España franquista, y desde hace dos años (y de un tiempo para acá con más motivos) en el universo particular de este que hoy trae a la memoria los 75 años del Alzamiento Nacional y el II Aniversario del Alzamiento Personal.