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martes, 13 de diciembre de 2011

La Peregrina

La calle King Street del pestigioso barrio de Sant James de Londres va a ser hoy tomada por los españoles; o por lo español en concreto. Allí se encuentra la sede central de la prestigiosa Casa de Subastas Christie's, fundada en 1766 y a día de hoy, la más prestigiosa empresa dedicada a la puja de arte y la historia en todo el mundo. Hoy, su sala exhibe y subasta un trozo de la historia de España que nos arrebataron en su día: la perla peregrina.

En el año 1515 se encuentra en las costas del Archipiélago de las Perlas, que forma parte de la actual Panamá y entonces del Imperio español, la más curiosa, proporcionada y grande de cuantas gema se habían extraído. Con un peso de 58,5 quilates, se le llamó la Peregrina haciendo empleo de uno de los usos del adjetivo peregrino: singular, exótico o extraordinario, y no por cuestiones de peregrinación o de movimiento, que sin saberlo, aquel 1515, sin duda iba a tener la gema.

La Perla se convierte por tanto en la joya más imponente que había en sus días. En 1580 la adquiere el máximo representante del orden público en Panamá, el Alguacil Mayor Diego de Tebes. Entró, como todo lo proveniente del Nuevo Mundo, por Sevilla. Y en cuanto partió el alto funcionario español a la corte, se la regalaría a Felipe II. Pero por más que algunos crean que fue alguna de sus esposas la primera en lucirla, hay que tener en cuenta que su cuarta y última mujer, la que le daría como heredero al futuro Rey Felipe III, murió ese mismo año por lo que fue imposible que la luciera. Sí lo hará la reina consorte Margarita de Austria en ocasión de su enlace en 1599 con el ya rey Felipe III. Desde entonces, se convertirá en la primera y principal de las joyas y adornos que la Casa Real Española gustará de lucir.

Velázquez, el más grande que la pintura ha dado en el Mundo (con permiso de Goya y Miguel Ángel) recibe hacia 1630 el encargo de retratar a Felipe III, la consorte Margarita, el heredero Felipe IV, su esposa Isabel de Francia y al príncipe Baltasar Carlos, a caballo todos, para los muros del Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro. Los reyes lucen la joya, Felipe en el sombrero y Margarita pendiente del pecho. Algo después le toca al inmortal Velázquez enseñar al mundo a la reina española y a la joya que la acrecienta. E Isabel de Borbón, en 1635, y desde entonces, la mayor parte de pintores de cámara de la corona hispánica nos mostrarán a los soberanos con la perla en alguna parte destacada de su adorno para que fuese ampliamente reconocida en el lienzo.

En 1808 España es invadida por los franceses. Lo que el incendio de la Nochebuena de 1734 no consiguió, sí que hicieron los invasores. Las tropas napoleónicas devastaron el patrimonio español y aún hoy no son pocas las piezas históricas de indudable valor que se exhiben en museos o siguen en paradero desconocido y que les fueron arrebatados a los continentes patrimoniales españoles. Una de las piezas que se pierden es la gema que nos ocupa. Se la apodera el pérfido José Bonaparte que es proclamado rey de España por su hermano el invencible Napoleón. Ya en 1808 se valora en 22 millones de reales, a los que hay que sumar la pieza que completa tan exuberante conjunto: “El estanque”, un engarce que junto a la Peregrina, hace un total de 79 quilates de joya.

Su hijo Napoleón III la hereda. Y Eugenia de Montijo, la emperatriz de los franceses nacida en Granada, ya no la puede usar porque en 1848 la vende para sufragar sus gastos en la carrera hacia el trono francés. Fue adquirida por James Hamilton, Virrey de Irlanda y consejero privado del consorte Alberto (esposo de la Reina Victoria de Inglaterra). Hamilton, conocido también por ser Marqués de Abercorn, fue el único que pudo pagar la elevadísima suma que pidió el futuro Napoleón III.

Una prestigiosa joyería inglesa saca a la venta a la Peregrina. El entonces Rey de España Alfonso XIII, demuestra un enorme interés por hacerse con ella, especialmente por el pasado histórico de la pieza, los tres siglos bajo manos españolas y los más de dos siglos que sirvió a la Corona Española. En 1914 desembolsa 35.000 libras, que ni de lejos es la cuantía que esperan conseguir los joyeros británicos, por lo que la pieza nunca saldrá de la caja fuerte inglesa. Pero el Rey Alfonso XIII no se da por vencido y se predica con fruición que la joya ha vuelto a formar parte del patrimonio español, y en concreto, como regalo de bodas a Victoria Eugenia, la abuela de nuestro actual Rey. La falsedad de la noticia es perfectamente contrastable; La Peregrina fue adquirida por un multimillonario americano en 1917 de la que se deshace en 1969. Entonces, la casa de subastas neoyorquina Parke Bernet saca la joya a la luz bajo el siguiente reclamo: “la perla de mayor significado histórico del mundo”.

Uno de los pujantes ese día era Alfonso de Borbón Dampierre, primo de don Juan Carlos I y esposo de la nieta de Franco. Llegó hasta los 20.000 dólares con el objeto de regalarle tal presea a su abuela la Reina Victoria Eugenia; esto ya desdecía que la Casa Real española alguna vez hubiera tenido la Peregrina desde el robo francés. Pero nunca se alzó con su propósito, ya que el famoso actor Richard Burton llegaría a la estratosférica cifra de 37.000 dólares, casi 2,6 millones de pesetas de la época para regalársela, con motivo de su 30 cumpleaños, a su mujer Liz Taylor.

Ya en manos de Liz Taylor y en nombre de la Reina Victoria Eugenia, el Duque de Alba (el consorte y por tanto, esposo de doña Cayetana) procura desmentir la originalidad de la perla subastada en New York enseñando una, fabulosa sin duda, pero no la verdadera, propiedad del joyero personal de la Augusta Señora, pero que sin duda fue aquella que en 1914 Alfonso XIII quiso comprar y al no llegar a la cuantía pactada, se tuvo que conformar con la que en aquel momento Luís Martínez de Irujo intentaba hacer pasar por la gema original.

Hoy, la joya más misteriosa, andadora y sin duda histórica de cuantas pueda habr en el Mundo, sale a subasta. Desconozco el precio de salida, pero después de haber adornado las testas, cuellos y cinturas de los más ilustres personajes de la historia, desde 1580 a nuestros días, además de su excepcional valor y peso, estoy convencido que no será una baratija. El relato ha parecido más un panfleto rosa que una narración de la historia de España. Y precisamente por eso, esta Alacena hoy suspira por cuanto un día fue de este Reino y algunos se encargaron de dilapidar, robar o se apropiaron de nuestro pasado en definitiva. En aquel 1808, fueron los franceses. Pero la lista sería interesante describirla con atención, y a lo mejor, hoy siguen vivos algunos culpables del expolio patrimonial y económico español y todavía, antes de que estiren la pata, podrían (sin miramientos a la edad), pisar la cárcel.

¡Gran escarmiento para los que hayan de venir! 

2 comentarios:

Santi dijo...

Nunca he entendido la legitimidad que han dado a estos botines de guerra/invasión... es como si los alemanes pudieran atesorar y no devolver lo que los nazis robaron...
Si a tí te roban el coche y luego alguien lo pone a la venta, cometen delito el ladrón y el comprador de la pieza. No sé por qué, analógicamente, no se aplica... pero si en España no se cumplen incluso sentencias con la devolución a las diócesis aragonesas de los bienes de la franja usurpados por diócesis catalanas... ir más allá de los Pirineos es misión imposible.

En otras cuestiones me remitiría a lo que en su día dijo un ex alcalde jerezano... que hay veces, no pocas, en que da esa impresión.

David R.Jiménez-Muriel dijo...

Da coraje hacer una recopilación de 117 monumentos arrumbados por los franceses sólo en Granada; o saber que parte del patrimonio sacro de esta ciudad está en algún que otro museo francés. O que todavía creen que pasados los Pirineos, acaba de surgir África.

Lástima de cómo está hoy esta Nación. Porque durante todo el siglo XVI y las veces que le perdonamos la vida a sus reyes, se reían poco.