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miércoles, 21 de diciembre de 2011

La Fuente de Neptuno

Nada menos que San Carlos Borromeo, entonces Cardenal en Bolonia, propondrá el embellecimiento de la ciudad erigiendo una monumental fuente en un espacio céntrico de la urbe; para ello se diseña una espectacular fontana que se coronaría por la estatua del Dios Neptuno. El encargo de todo el programa iconográfico se le encomienda a Juan de Bolonia (1529-1608), el escultor francés que aprendió en Roma sobre las obras de Miguel Ángel. Este es el mismo que proyecta la escultura para Felipe IV de la Plaza Mayor de Madrid.

El artista quería reivindicarse después de haber perdido el concurso para realizar la Fuente de Neptuno de Florencia que como vimos hace unos días (aquí), inexplicablemente ganó Bandinelli, aunque no la llevó a cabo, para fortuna de la Historia del Arte. Sea como fuere, Juan de Bolonia quiso llevar a cabo un proyecto sobresaliente y con un fuerte contenido erótico que difícilmente pasó la inspección eclesiástica, a la que no obstante se le pudo engañar con artimañas propias de un genio. Así las cosas, las ninfas y nereidas de las esquinas sirven de surtidores manando agua directamente de sus pezones. Pero lo que no pasó por la criba de la Iglesia fue el descomunal tamaño que el escultor quiso regalarle a los genitales del dios Neptuno.

Como quiera que no se le permitió llevar a cabo tal cosa, Juan de Bolonia pensó en un modo de resaltar la virilidad del hermano de Júpiter. Y concibió a Neptuno con un sugerente pose permitiendo que desde un ángulo concreto, uno de sus pulgares quedara sobresalido de forma que se intuyera por debajo de su vientre a manera de un pene erecto. La obra coló, pero los boloñeses no pasaron desapercibida la carga sexual que había evadido a la censura de la Iglesia, hasta el punto que las damas de la ciudad se turbaban tanto al pasar por la plaza y ver al dios, que la Iglesia terminó durante el barroco por ponerle unas calzas o pantalones que ocultaran las vergüenzas del “rey de los mares”.  

La tradición entre los estudiantes de su prestigiosa Universidad es rodear la fuente dos veces en el sentido contrario a las agujas del reloj antes de un examen. Si a Juan de Bolonia le funcionó en 1565, cuando estudió la manera de incluir este guiño sexual a su magnífica obra, ¿por qué no iba a traer suerte al estudiante?

Sea como fuere, la obra es ejemplo de las cualidades artísticas de su autor, que como hemos visto además, ha de tener capacidades creativas enormes como para “colar” algo así a la mismísima Iglesia de la Contrarreforma. 

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