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viernes, 2 de diciembre de 2011

El Gran Capitán


Es sin duda la figura más importante del mundo militar español, con toda probabilidad el mejor oficial de los ejércitos españoles de todos los tiempos y un innovador y creador del arte de la guerra sin precedentes, que cubriría de gloria España durante siglos. Se destacó desde su juventud en la Guerra de Sucesión al trono de Castilla, tomó parte del bando de la Reina Isabel y fue una de las figuras fundamentales en la Reconquista cristiana del Reino de Granada, donde se desenvolvió entre triunfos en la toma de varias ciudades y con especial inteligencia en las facetas de espía o de negociador, que desempeñó ante el último sultán, Muhammad XII (Boabdil) y que significó la Toma de Granada sin necesidad de cerco, sitio o guerra alguna que hubiera deteriorado la ciudad y lesionado a los ciudadanos.

En cuanto termina la unificación de todo el territorio, Gonzalo Fernández de Córdova es ya el primero entre los capitanes del recientemente creado nuevo Estado; porque no hemos de olvidar que acababa de nacer el primer país moderno del Mundo... ESPAÑA. Así las cosas, y al servicio del rey Fernando el Católico, pasa a Italia a defender las plazas de interés españolas en el Mediterráneo. En 1495 comandó la primera expedición; vence una tras otra batalla. Conquista una tras otra las ciudades que se le presentan. El Papa lo llama “la espada de la Iglesia”. Ya todos, en 1498, lo conocen como El Gran Capitán.

En la segunda ocasión o campaña en Italia, reorganiza el ejército y crea una estructura militar que le supondrá a España el dominio bélico durante siglos y que será copiado por el resto de países. Desde los legionarios romanos, nadie había constituido una fuerza de choque tan hábil, tan efectiva y tan resolutiva como la ideada por el Gran Capitán. Gonzalo hace nacer “los tercios”, las coronelías” y potencia el concepto de la artillería así como la estrategia militar. Habrían de pasar casi tres siglos para que viera la luz un militar tan hábil como él: Napoleón.

Venció al rey de Francia en dos ocasiones. En una de ellas, perdonó su vida. La ingratitud del francés fue más que notoria a posteriori. Una vez muerto el Gran Capitán, en el pueblo granadino de Loja, los ejércitos españoles del Emperador Carlos repetirán esta hazaña otras veces. Gonzalo, mientras tanto, había asegurado todo un reino más a la corona española (el de Nápoles) y la revitalización de un ejército que durante más de un siglo no tendría rival ni en Europa ni en América ni en África.

Protagonizó una de las anécdotas históricas de nuestra nación. Tras la segunda campaña italiana, acabada en 1506, el Rey Fernando le preguntó por las exacerbadas cuentas a las que había ascendido el montante de la Guerra. Al Gran Capitán le hubo de sentar bastante mal que el soberano tuviera tan poco respeto por los cientos de vidas de españoles muertos en la conquista italiana y la mucha sangre derramada para que de una u otra forma, el monarca fuera más poderoso. Y en una nota cargada de jocosidad, respondió como sigue:

Por picos, palas y azadones, cien millones de ducados; por limosnas para que frailes y monjas rezasen por los españoles, ciento cincuenta mil ducados; por guantes perfumados para que los soldados no oliesen el hedor de la batalla, doscientos millones de ducados; por reponer las campanas averiadas a causa del continuo repicar a victoria, ciento setenta mil ducados; y, finalmente, por la paciencia de tener que descender a estas pequeñeces del rey a quien he regalado un reino, cien millones de ducados.

Don Gonzalo vivió en Granada en una casa que hoy queda anexa al Convento Carmelita de San José y el Espíritu Santo, frente a Capitanía General. Fue el fundador del Monasterio de la Cartuja y sus descendientes, siguieron conservando intacta la memoria de tan ilustre español viviendo en Granada hasta fechas recientes y dejándonos como legado de la familia Fernández de Córdova, el Palacio de dicho nombre y el de las Columnas o Conde de Luque. El primero, es el Archivo Histórico de la ciudad. El segundo, la Facultad de Traductores e Intérpretes. Junto a su esposa, harán posible la que pasa por ser una de las Iglesias más perfectas del renacimiento en España, la del Monasterio de San Jerónimo donde descansan sus restos mortales.

Murió tal día como hoy, en 1515.

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