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miércoles, 7 de diciembre de 2011

Bernini

La formación recibida de manos de su padre, la admiración por las estatuaria grecolatina que descubre a su llegada a Roma y la obra del colosal Miguel Ángel, son el punto de partida del que sin duda, estaba llamado a renovar el lenguaje del arte y a ser uno de los que firmara el nuevo estilo: el barroco. De un realismo rotundo y con una técnica creada por él y absolutamente innovadora, Gian Lorenzo, fue el autor más codiciado por papas, cortes europeas y poderosos comitentes de cuantos hubo en su época.

Su mejor aportación fue la de hacer partícipe al espectador en la obra que estaba contemplando. Gracias al tratamiento psicológico con el que dotaba a sus personajes, junto a la teatralidad entre lo desbordante y lo realista que supo aportar en sus conjuntos, el espectador se sumergía en connivencia rendida a los grupos, esculturas y programas del escultor.

Quizás su condición de escenógrafo sirvió para condensar todos los conceptos barrocos en algunas de sus obras. El movimiento y el juego de la luz, esto último bajo influjo de Caravaggio, sintetizan algunos de sus proyectos. El movimiento es el resumen de su labor; haber trabajado para siete papas o el rey de Francia, el mejor ejemplo de hasta dónde llegó su arte.

El Baldaquino de San Pedro, la Plaza Vaticana, San Andrés del Quirinal en Roma o el Éxtasis de Santa Teresa son ejemplos más que suficientes para entender que el barroco fue en buena medida, culpa de Bernini, y que la influencia dejada sobre el resto de autores que habían de venir después, brutales y rotundos.

Hoy hace 413 años que nació uno de los genios más inabarcables y geniales de la Historia del Arte. 

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