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sábado, 26 de noviembre de 2011

Manuel Benítez Carrasco

Qué prisas, Dios mío. Como si le estuviera esperando su perro cojo al que San Roque le dio muletas de plata. Sus empeños, maestro, qué no hay otra. Estará dejándose la voz en cualquier teatro de nubes, poema a poema, mientras Falla toca amores brujos y Acosta y Mezquita pintan la escena para que nadie se olvide que los cielos prometidos tienen una sucursal de Granada.

Soy español, granaíno, albaicinero;
mi identidad la hizo Dios;
la confirmó un carpintero.
Y la rubricó mi madre
(¡carita de pan casero!).

En esta casa nací.
Aprendí el “Ave María”
en la Cuesta del Chapiz.

Pero qué prisas, don Manuel, qué prisas. Si aún tenía que habernos dejado a todos descompuestos desde un atril pregonero de una Semana Santa suya y nuestra. Y qué romances nos birló el empeño por correr; pero bueno está su último deseo. Mire desde la platea suya y vea como Granada no lo olvida.

Plaza más triste del mundo.
Placeta del Salvador.
Ya no están las tres acacias
ni mi madre en el balcón.


Doce años ya, y seguimos pegados a aquellas grabaciones pretéritas donde un torrente en calma, un cauce de voz melosa, nos iba contando que hay amores como para tirarlos al río. O que el caballo, se deja en la puerta. O que las barcas no son sólo barcas. Y miramos para atrás cada vez que por el Callejón de las Tomasa, va cojeando un perro. No sea que detrás venga usted, maestro.

Granada se pondrá un día
sus ríos como zarcillos
de menuda platería [...]

Ah, maestro... Doce años ya. Y una plaza, un monumento, una placa, una peña y unas tertulias. Y un vacío, hágame caso. Pero cuanto más prietas están las cales de las calles de su barrio y más rebota el otoño aderezado de frío en su Granada, más se nos cuela el baúl de los poemas que un día nos dejó, porque se iba sin equipaje ni necesidad de él.

De modo que tú dirás;
si me das el sí, tendrás
beso blando, brazo fuerte,
casa, cariño y corona
y, si es preciso, mi muerte
por defender tu persona.

Don Manuel, le echamos en falta. Ha sido uno de los poetas más preclaros de toda la España del siglo XX. Ha sido el que mejor declamaba a una y otra orilla de ese Atlántico que unía y no separaba sus amoríos ciudadanos. Y ha sido, ese granadino que tardó en ser reconocido en su patria, mientras media América y otras ciudades ya lo aplaudían. Y doce años, doce versos, doce estrofas y doce romances. Porque maestro, está más presente que nunca en nosotros.

1 comentario:

J. Carlos Medina dijo...

Conocí a este gran poeta gracias a ti. Y gracias a ti sigo disfrutándolo.

Lastima que no tenga el reconocimiento que otros, inmerecidamente, tienen.

Un abrazo.