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sábado, 15 de octubre de 2011

Una casa para un Emperador

Después de unos meses en Granada, el Emperador se plantea la necesidad de disponer de una edificación para uso palatino que sea acorde con el poder hispano que recae sobre su figura. Lo que más le interesaba era que el nuevo palacio tuviera mayores comodidades que el de la Alhambra (sabemos por las relaciones epistolares de la emperatriz que pasaba frío, mucho frío) y sin querer olvidarse del recinto de los palacios y alcázares nazaríes, usaría en verano las edificaciones musulmanas y en invierno una obra moderna y adaptada a las necesidades de la ocasión. Y manifestado su deseo, los moriscos del Reino de Granada, intentan congraciarse con el emperador para lo que entregan la muy generosa cantidad de 80.000 ducados con el objeto de iniciar las obras del Palacio.

Cargó el Emperador Carlos la responsabilidad de la obra en el Conde de Tendilla. Este, cultivado en ambientes humanistas, sabía de la labor de Pedro de Machuca, un pintor toledano formado en Italia, que había estudiado con el mismísimo Miguel Ángel y que venía dando muestras de su amplio conocimiento siendo exponente de los gustos del nuevo estilo. Machuca era escudero de la caballería del Conde y Señor de la Alhambra. En Granada su labor no pasaba desapercibida, en tanto ya había llevado a cabo algún retablo pictórico y asomaba sus capacidades por las obras eminentes que estaban transformando la ciudad. Y Luís Hurtado de Mendoza, Conde de las Tendillas y Marqués de Mondéjar, termina por exponerle el deseo del emperador y le traslada la necesidad del nuevo edificio.

Si el encargo se produce hacia octubre de 1526, en las primeras semanas de 1527 ya está trabajando Pedro de Machuca en el Palacio. Había dinero y mucho interés. El Emperador echó cuentas de los edificios regios que poseía España: un alcázar en Toledo que no tenía ni la importancia ni la presencia que merecía el Reino y su emperador; otro en Madrid, que daba más idea de fortaleza que de edificio para albergar un compleja Corte y una decena de torres y castillos feudales diseminados por el territorio incapaces de cumplir con las expectativas imperiales. Y eso motiva el encargo del nuevo Palacio y sobre todo la elección de Granada, donde ha de residir la corte y ha de existir una representación burocrática y administrativa de primer orden, recordando así la memoria de sus ilustres abuelos los Reyes Católicos. Por lo tanto no es de extrañar que al principio, el Palacio marche a velocidades extraordinarias. Diez años después de su inicio, ya está terminada la portada principal. Se están haciendo los cimientos de la capilla y el emperador está muy contento porque el emplazamiento de su nuevo Palacio no supondrá ninguna pérdida significativa en el conjunto de la Alhambra, teniéndose que derribar tan solo muros y elementos defensivos o estructurales de los palacios nazaríes sin que se afectara la construcción regia musulmana. Pedro en 1539 hace una maqueta realista y veraz de su obra en madera. Y en 1542, traslada en planos y diseños, todo el conjunto hasta hacérselo llegar al Emperador.  Su actividad debía ser tan frenética que habitaba en el Mexuar, colindante a la obra.

Han pasado 15 años desde el inicio del conjunto. Carlos celebra 25 años de reinado. Hace tiempo que la corte ya no está en Granada y este soberano no es precisamente alguien que prefiera quedarse quieto en un sitio. Desde que se iniciaran las obras ha pasado por media Europa; se ha enfrentado a los turcos en Túnez, a los franceses en Italia, ha apresado al Papa (enemigo de la Iglesia y de España, por cierto), ha saqueado Roma, ha sido coronado Emperador del Sacro Imperio Romano y las batallas en Saboya y Verdún, ha luchado con energía las corrientes protestantes y ha sido seis veces padre, perdiendo a un hijo y a su muy estimada esposa. El hombre más importante del mundo, poco le importa ya el ritmo de las obras de aquel palacio soñado en una Granada de viaje de novios, en una noche nupcial con su amada Isabel. 

1 comentario:

Santi dijo...

Según me comentó en su día un profesor de Historia, el fallecimiento de la esposa es que lo propició finalmente que la Corte no se estableciera en la ciudad y regresara a Toledo, más ubicada hacia el centro geográfico peninsular por lo que le era más fácil ir de aquí para allá a guerrear...