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miércoles, 19 de octubre de 2011

Reyes Católicos

Proclamar que un día como hoy se casaron, hace 542 años los primeros Reyes de España, los que lograron el imposible de situar a aquel conglomerado de reinos minúsculos e insustanciales en el eje central del Mundo, no es otra cosa que cantar las loas de unos monarcas que a juicio propio (y de reputados intelectuales) habría que situarlos entre los primeros de la Historia. Y he aquí que yendo por partes, la primera cuestión en poner sobre la mesa no es otra que el juicio de la historia. Porque desde la comodidad tecnológica y el progreso de pensamiento de las sociedades actuales, juzgar lo que sucedió hace 542 años y siguientes, sin una objetividad en base a la cultura histórica, me resulta cuando menos un atrevimiento improcedente.

Bien. Ejemplifico... Lucha generacional. El término más extendido. Entre tus padres y tú media entre 20 y 30 años de diferencia. En la plenitud de la adolescencia, los conflictos se multiplican; sobrepasan. Los puntos de vista no son iguales y los choques por tecnología, gustos televisivos o simplemente la opinión acerca de la vida, constantes. De una u otra manera, mediando no más de 30 años de diferencia entre un padre y un hijo, diríamos que pueden estar en las Antípodas del pensamiento. Luego, ¿quién es el guapo que observa diferencias con sus congéneres, por 30 años de distancia, y se atreve a juzgar hechos acaecidos 542 años atrás?  Avisados, es el momento de loar a los monarcas.

Su matrimonio supone la pacificación escrita de dos reinos antagónicos y enfrentados. Buen paso. La unificación de facto de España es ya un hecho. Además se permiten el lujo de hacer que el Mundo pase de la época medieval al mundo moderno, convirtiendo nuestro actual país en el primero en ser considerado de nuevo cuño. Y a partir de aquí, arrancan proezas difíciles de tragar para aquellos obtusos y cerriles que siguen empeñados en juzgar el siglo XV desde el siglo XXI. Mas lo cierto es que con Isabel y con Fernando, el Mundo asiste por vez primera a un Estado sin fracturas y una monarquía sin zancadillas, recortando privilegios y poderes de nobles, aristócratas y hombres de Iglesia que en otros tiempos sumieron los reinos hispanos en guerras intestinas inacabables.

El gran éxito de la nueva monarquía iba a recaer en el poder sin tibieza que Isabel desarrolla dentro de las fronteras, y en la capacidad diplomática de Fernando que pone los cimientos para que durante doscientos años ininterrumpidos, España preserve su hegemonía sobre todo el continente Europeo. Por no hablar de la firme decisión de la Reina de costear de su propio bolsillo aquel viaje atropellado de Colón que se sale con la suya y con ello, España pasa a ser el instrumento civilizador más importante, haciendo por vez primera que las ideas, cultura y formas sociales de Occidente lleguen a todo el Mundo.

La primera victoria es controlar y reorganizar los sistemas económicos y sociales del viejo reino de Galicia. Los problemas que el universo gallego vino a suponer a las pretéritas monarquías de León y luego de Castilla y León acaban con facilidad. Tras esta primera gloria, la Guerra de Granada es el estímulo más importante. Diez años de campañas, victoria tras victoria, poner fin al último reducto musulmán en Europa, conquistar la ciudad más pretendida por aquellos años del Continente y saberse ya señores de la España naciente. En Granada ponen los monarcas la cimentación del nuevo reino, el mismo que sigue llamándose para la historia y el mundo, España. Pero además, la reconquista granadina va a suponer que por nazca el primer ejército moderno del Mundo, que a la postre conquistaría medio Planeta para la corona. Ahí es nada.

Los laureles posteriores son casi incontables. Fue posiblemente el más exitoso periodo político para España, ni siquiera ensombrecido con los grandes logros de Carlos V, Felipe II o las hazañas del Rey Planeta, Felipe IV. Porque en cada uno de estos reinados, hubo sombras gruesas y recias, y en el de los Católicos, ninguna. Así, se conquista Canarias, Navarra, se pone fin a los pleitos mediterráneos por plazas y ciudades de la Corona de Aragón, se asienta el prestigio del soldado español en tierras italianas, deslumbra la figura del Gran Capitán y aquel conglomerado de reinos minúsculos e intrascendentes que convivían más mal que bien en esa Península Ibérica del siglo XV, da paso a un país fuerte y respetado en el ámbito internacional que de resultas, terminaría imponiendo su ley ante las potencias indiscutibles del momento. Así que el logro, es más importante de lo que nos parece.

Si entramos en política interna, nace la primera policía del Mundo (precursora de la Guardia Civil), se remodelan los Consejos y Cortes, se crean administraciones de justicia más modernas y capaces (las Chancillerías, como la de Granada) y la Hacienda pública recibe generosas cantidades de dinero que hacen que las arcas pasen a su natural estado de debilidad, a una prosperidad bien recibida. El apoyo al comercio lanar, la resolución del problema agrícola catalán con los payeses o normas de cumplimiento nacional como las Leyes de Toro, agrandan la perspectiva económica del momento.

Por vez primera vamos a ser testigos de una práctica que supone limar asperezas y resolver más que probables guerras mediante la política matrimonial. Los Reyes Católicos consiguen acallar presumibles fracturas con Portugal, Inglaterra y Austria. De hecho, el matrimonio de sus dos hijas con los herederos de Portugal hacen que este reino pase a ser posesión española hasta 1640. Una estrategia para descubrirse. Y si a eso sumamos la expansión por Italia, el Norte de África o el continente americano, hemos pasado de hablar de un grupúsculo de territorios sin pena ni gloria dentro del conjunto ibérico, a hablar de España. Y ojo, de la España que no le tosía ni el Papado.

Además toca hablar como granadino. Sin los reyes, y especialmente la Muy Católica y Muy Celebérrima Reina Isabel, Granada no sería lo que es. Ni toda la Alhambra y su fuerza estética nos habrían situado en los placeres culturales y patrimoniales que predican a Granada como una de las ciudades más elevadas de Europa. La herencia de su nieto no fue sólo en forma de reinos, coronas, títulos y ducados de oro. Fue también una herencia moral donde iba incluida esta ciudad. Pocas salen en el testamento de nuestra ínclita soberana. Pero además Granada lo hace hasta en 28 ocasiones, a lo que hay que sumar sus donaciones, prebendas, regalos y enriquecimientos. Y fuimos el destino de la monarquía y lo que ello iba a suponernos.

De ahora en adelante, convendría que aquellos que esgrimen paupérrimos argumentos como que la reina no se lavaba o que tardó dos años en cambiarse de camisa, piensen quizás que estamos ante el ideal de gobernantes, como bien ponía de ejemplo el mismísimo Maquiavelo. Ideal de príncipe, diría. Y las ganancias y éxitos de los Reyes Católicos, traspasan cualquier tipo de fronteras. Son los padres morales e intelectuales de un país como el nuestro. Y sin discusión. Y sin necesidad que grupúsculos nacionalistas hablen de batidas, exterminios u otras memeces al albur del siglo XXI, cuando todo esto pasó entre 542 años (que se cumplen hoy) y 495 años, cuando muere Fernando. Ha llovido mucho para que cuatro indocumentados se atrevan a empañar, sin conseguirlo, las gracias provenientes de un matrimonio eficaz, fructífero y lucrativo. El de los incuestionables (y medio granadinos) REYES CATÓLICOS.

3 comentarios:

Santi dijo...

Destacar las virtudes cristianas de la Reina, su afán en que S.D.M. luciera con el decoro debido en los templos; propagadora, junto con las damas de su Corte, de las procesiones y corporaciones sacramentales, etc.
En proceso de beatificación (se lleva desde Valladolid, creo que con apatía desde Graná... por lo que así a lo mejor llevará a algo), no concluido como colofón a los actos de los 500 años de la Evangelización de América por la firme oposición del lobby judío... amén de estar en España gobernados por cuatro acomplejados. Deberían haberse untado los papeles en tocino para que no los hubieran mordido... como dijo el poeta.

Un abrazo.

the ghost writer dijo...

Demasiada política y pocas ganas de reasaltar la santidad.

Siera de Dios Isabel, ruega por nosotros.

Cañadú dijo...

Pero, ¿como podeis ensalzar a esta hija de p que es la precursora del nacismo y el principio de la decadencia de Andalucía?.