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jueves, 6 de octubre de 2011

Le Corbusier

La arquitectura mundial en el siglo XIX sigue siendo fiel a la dictadura del eclecticismo. Se siguen haciendo edificios anacrónicos, que no son de nuestro tiempo. Una publicación inglesa de la época recoge quizás todas las inquietudes que terminarán prendiendo en los jóvenes autores que estaban llamados a renovar la arquitectura contemporánea... Cuenta el encargo que un comerciante con posibles le realiza a un arquitecto, a fin de que este levante su nueva vivienda. El constructor empieza a interrogar al cliente sobre sus gustos, preguntando si quiere una casa barroca, renacentista, del neogótico patrio (recuerden el enorme apego inglés a este estilo reinventado) o tal vez inspirada en las villas clásicas a la manera de las de Palladio. [ejemplo de anacronismo: la Iglesia del Corazón de Jesús de Granada, hacia 1930 en ¿estilo neogótico?]

En todo caso, el comprador siempre respondía igual: ni soy un hombre del barroco, ni mi educación es propia del gótico ni mis gustos casan con el de la Antigüedad. Soy un hombre de nuestro tiempo, por lo que quiero una casa de este tiempo. Y sin darse cuenta acababa de firmar el acta de fundación de un nuevo modo de entender el arte: porque si el Renacimiento (siglos XV-XVI) se empeñó en recuperar los prodigios greco-latinos, como en el siglo XVIII hiciera el Neoclasicismo (1740-1800) y a lo largo del siglo XIX se vivirá la más crítica etapa de inspiración y creatividad (el resurgimiento de todos los historicismos, o los “pastiches” que aunaron todo en el llamado “eclecticismo”), algunos creían que era ya momento de hacer arquitectura del siglo XX para el siglo XX. [Pongo como ejemplo de anacronismo el “Castillo Rospigliosi de Perú, de hacia 1920, que como ven en la foto de arriba, parece la fortaleza de un señor feudal de la Bretaña de hace 6 siglos]

Es aquí donde aparece la figura de Charles Édouard Jeanneret-Gris, nacido en 1887 en Suiza. Con 29 años está en París y decide darle un toque humorístico al apellido de su abuelo, adoptándolo con los cambios fonéticos, para convertirse, de ahora en adelante, en Le Corbusier, que para nosotros ya es EL GENIO. Y así las cosas, en 1918 funda la revista de arquitectura “El nuevoi espíritu”, con la que termina por ganarse el título de “el maldito Le Corbusier”. Sus escritos son polémicos; no gustan dentro de la profesión. Lo llaman grosero porque quiere acabar con el adocenamiento constructivo del momento. Él mismo viene a decir que debe surgir un nuevo espíritu en la arquitectura. Y está firmemente convencido que mediante su obra se puede cambiar el mundo. Porque lo que le interesa es hacer “viviendas para habitar, para vivir”, funcionales a la vez que bellas. De una u otra manera, se inspira en el arte industrial y en la capacidad de hacer la vida más fácil a las personas.

Acaba de crear, como también lo harían arquitectos como Mies van der Rohe, Walter Gropius, Frank Lloyd Wright, o Alvar Aalto un nuevo concepto a la hora de hacer edificios: “el estilo internacional o Movimiento Moderno en la arquitectura; las obras se despojan de decoración, las superficies son lisas y pulidas, se utiliza el voladizo, se emplea el hormigón armado y sin proponérselo, estos europeos que exponen en el MOMA de Nueva York en 1932, crean la arquitectura en serie, mejorando las posibilidades de las viviendas para las clases menos pudientes y usando un lenguaje alejado de lo típico, de lo repetido y propio de nuestro tiempo. A esto responde el Edificio Seagram que van der Rohe crea en Manhattan en 1954 y pueden ver en la foto de arriba.

En 1920 Le Corbusier se plantea un reto: hacer ciudades que permitan el refugio y la intimidad de los ciudadanos, a la vez que combinen la posibilidad de vivir en un vecindario, en colectividad. Y explica de una manera rotunda (vamos a ser testigos de la creación del edificio funcional, nuestros actuales pisos) que "El problema planteado es el de las amas de casa. Si se juntan 300 de ellas, se les da intimidad y distancia, por paradójico que parezca, tendrán (además de intimidad), servicios comunes, guarderías, clubes y servicios a domicilio." "Si se hacen conjuntos de 350 casitas situadas en jardines, no se logrará la síntesis y el sincronismo de las tareas cotidianas. Pero si se reúnen 350 casas, unas sobre otras, de cierto modo inteligente y organizado, se quiebran las distancias, se las anula." E incluye una reflexión que en tiempos venideros será su modo de construir: ; así que el arquitecto, va a hacer edificios proporcionados, examinados con lupa para que toda persona se sienta cómoda en ellos. Es el ejemplo de este edificio de Marsella de la foto de arriba, com 130 m de longitud y 56 m de altura, sobre  pilotes de hormigón. En total, 337 apartamentos dúplex distribuidos en doce plantas y espacio para tiendas, equipamientos deportivos, educativos y sanitarios, y un hotel. Arriba, una terraza comunitaria que alberga una pista de atletismo y un estanque de poca profundidad. Y todo ello en hormigón visto.

En 1925 recibe un curioso encargo para la pequeña ciudad de Pessac donde un promotor quiere hacer casas que cuesten menos de 18.000 francos de la época. Y Le Corbusier consigue fijar unas propuestas que con el tiempo hemos visto que se convertían en el nacimiento de un nuevo “estilo” que conocemos por el racionalismo. Las plantas bajas son para la calle, los automóviles y el tránsito de los peatones, así que esa primera altura ha de quedar libre... Luego, cree que casa y naturaleza deben convivir, por lo que incorpora la terraza-jardín a sus obras. Con el pilote logra reducir el espacio de vivienda que antes ocupa el muro de carga. Aprovecha los interiores, alcanza una mayor superficie útil y libera el interior de estructuras que afecten a la “funcionalidad”. Y he aquí la nueva casa, la nueva arquitectura, ejemplificada en la foto de arriba y en el edificio Le Corbusier de Pessac.

Las grandes ciudades, (monstruos como Nueva York, Londres y ahora París) de cinco, siete o doce millones de habitantes son pura locura. Lo único que hay son problemas, ruido, mal olor, una vida de nervios y el sálvese quien pueda. Por eso la gente prefiere vivir afuera." Y en base a estas inquietudes nuestro autor empezará a realizar obras para vivir. Nace la ventana horizontal, para que la mayor cantidad de luz penetre en los interiores, y además preconiza el loft, el espacio abierto, y lo define a la perfección con estas palabras: “en lugar de ver la casa del vecino, en lugar de esas fachadas a la calle y las calles abajo, se hacen estos edificios verticales. Así, se liberan 2, 3, 4, 5, 6 hectáreas de terreno, y así se logra una ciudad toda verde. Las ventanas son entonces ventanales abiertos y enfrente ya no está el vecino, sino vistas ilimitadas abiertas hacia el horizonte. [...] Ahora, el local es como un continente que puede ser tabicado y eso ya no da lugar a la pieza que se llama sala de estar, comedor, etc., sino que da complejos de forma." Así nace la Casa Saboya, en la foto de arriba, de 1929. El paradigma de la CASA PARA HABITAR.

¿Cómo deben construirse las casas? ¿Hay algunas medidas oportunas? Y vendrá Le Corbusier para demostrar la importancia de las proporciones, hasta el punto de alumbrar su famoso MODULOR, o lo que es lo mismo, casas adaptadas a las personas, y no personas adaptadas a las casas. Tomó como referencia el francés medio de su época, de 175 centímetros de altura. Años después hará lo propio basándose en el policía inglés de 6 pulgadas (unos 183 centímetros de altura) hasta configurar un número áureo, redondo, perfecto, que protagoniza la siguiente anécdota: Albert Einstein se encontraba departiendo con Le Corbusier sobre estos particulares; informado de los proyectos del arquitecto, el deslumbrante científico dijo: “Dimensiones que facilitan el bien y dificultan el mal”. El modulor pretendía ser una gama de dimensiones armónicas a la escala humana, aplicable universalmente a la arquitectura; y como ven en la foto de arriba, advierte hasta el tamaño del hombre con el brazo erguido, levantado: 226 centímetros. Estaba claro que Le Corbusier iba a renovar la arquitectura.

Padre de la arquitectura brutalista que se desarrolla a partir de la década de los 50 (la Facultad de Filosofía y Letras de Granada, por ejemplo) y renovador de los edificios no ya en un estilo, en un concepto, sino en una manera de entender la arquitectura como aliada del ciudadano, Le Corbusier es posiblemente el más influyente de los arquitectos contemporáneos. Un pensador, un genio que como en la Capilla de Nuestra Señora (foto de arriba) hace arte despojado de decoraciones, de falta de creatividad, de copia mimética del pasado. Un absoluto genio que tal día como hoy, nacía hace 125 años para bien del progreso de la humanidad. 

3 comentarios:

Santi dijo...

Siento disentir, David, en el caso de la Capilla de Ronchamp.
Creo que el lenguaje aplicado no es el adecuado a la finalidad del edificio.
Como espacio cultural/expositivo me parecería adecuado. Como espacio destinado al culto... como que no, y baste ver el enlace que te adjunto: http://analizarte.es/2007/04/17/la-pequena-iglesia-de-ronchamp/

Lo mismo le ocurre a la Iglesia de Iesu (Moneo), por ejemplo.

PS: un amigo "se hizo" su casa en el pueblo inspirada por los preceptos este genio y es digna de ser visitada...

David R.Jiménez-Muriel dijo...

Yo sí creo sus posibilidades espaciales y funcionales para que la comunidad de Cristo se reúna en su interior. Pensemos: ¿un edificio así en un casco histórico, digamos, granadino? NO. ¿Un edificio así en Chana, Nueva Granada, Parque Almunia, Zaidín o Lancha de Cenes? Por supuesto. Y especialmente este último enclave, porque Le Corbusier era de los pocos capaces de hacer que naturaleza y hormigón visto se entendieran. Me lo imagino camino de la Sierra. ¡Algo sensacional!

Admiro, (¡qué te voy a contar!) la arquitectura moderna (1492-1789), y especialmente la sensibilidad que en materia sacra hicieron los arquitectos europeos del periodo. Simplemente se define como el intento de hacer del arte un vehículo que transmitiera la trascendencia del uso de una Iglesia.

En el siglo XX (desde 1960 ebn concreto), Granada (para no irnos más lejos) ha visto cómo sus templos de nueva hechura, ni aportaban, ni servían. Se me viene a la cabeza El Ángel Custodio (la Parroquial) o mi agustina "Santo Tomás de Villanueva" y palidezco.

Pero en una zona a camino entre el distrito Ronda y Chana como esta que cito, si hubiera confiado en criterios parecidos a Aránzazu de Oteiza, hubiera acertado.

Ojalá la Orden y en concreto la Provincia tuviera un edificio de Guarini, pero con un proyecto de 1997 y en un entorno urbano donde el edificio más próximo con algo más de 50 años está a cientos y cientos de metros, una Iglesia contemporánea y distinta es lo más apropiado.

Ahora bien, para no salirnos del ejemplo: entre Santo Tomás de Villanueva y Nuestra Señora del Alto de Le Corbusier, la diferencia estriba en que las partes litúrgicas consagradas se diferencian. Porque Le Corbusier reinventa pero deja perfectamente reconocible presbiterio y nave central, y en el caso de la agustina nuestra, no se sabe dónde está el Altar de la Palabra, por qué el Sagrario está escondido, el juego "extraño" de luces que crean los paramentos externos y menos aún, su decoración como de "rompimiento celeste" de algún muro, a instancias de una revisión de un fresco eclesial entendido en nuestros días.

En la obra de Le Corbusier no hay decoración (y visto lo visto en las nuevas Iglesias de Granada, con santos kirsch, se agradece), no hay otro punto de referencia que el Sagrario y la cruz. ¡Qué mejor!

Porque si no, me quedo con San Luís de los Franceses de Sevilla o con la Cartuja de Granada. Un éxtasis de arte y de lenguaje icónico y religioso. Pero en nuestros días, en la periferia de una ciudad histórica, la arquitectura de Le Corbusier sería el "non plus ultra".

La lástima es que nuestras arquitecturas contemporáneas, salvando a Campo Baeza, son un quiero y no puedo. Porque el inmenso Siza, al crear el edificio Zaida, se quedó sin espacio, sin libertad y sin posibles. Y en el centro histórico. Y a pesar de todo ello, hasta consiguió algo nuevo y bueno.

¡Me lo imagino fuera del centro y con espacio y dinero! SUEÑOS IMPOSIBLES.

Santi dijo...

Los interiores de esas iglesias parecen más templos protestantes que católicos. No los termino de ver... porque me da la impresión de que con lenguaje humano expresan términos humanos, no sé si me explico; sin embargo, hay estudios de arquitectura sacra en EE.UU., por ejemplo, que edifican nuevos templos, más "funcionales", pero siendo más fieles a lo "tradicional". Es verdad que podrá tacharse de que aportan "poco", adocenamiento, etc.

Ni que decir tiene que la ola de nuevos templos, incluye a San Miguel, son un fiasco en todos los sentidos, artístico y funcional, pero con las bendiciones del momento...