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domingo, 9 de octubre de 2011

Juan José Padilla

Cuarto de la tarde… Marqués es un cárdeno de 508 kilos con cinco años y ocho meses. Uno más del paisaje en la gaditana dehesa de Alcalá de los Gazules. Un descendiente de ese “Marquitos” noble y entregado que el maestro Ortega Cano indultó en esa Monumental de Granada de 1994. Marqués no lo sabe, pero ha cambiado la vida de un hombre, y puede que un poco, la de todos los que lo admiramos.

El hombre es Juan José Padilla. Si el lector gusta del sacrosanto arte del toreo, no tengo nada que decir; si al menos respeta y entiende este “universo”, apuntaré que es un jerezano de 38 años, honrado en su profesión hasta decir basta, incansable en sus faenas, que pignora y se empecina con el toro como pocos, y que le sobra coraje y bizarría, arrestos y machos para echarse de frente a los astados con más trapío que pisan nuestra piel patria. Así que todo está hecho.

Marqués terminó jugándose las suertes con Miguel Abellán. Antes, mandó a enfermería a Padilla, al jerezano, al impávido mito de las ganaderías más bravas. Juan José posiblemente puso su último par el día de la Virgen del Rosario, en la arenas de Zaragoza, sobre la aguja, en el tercio anterior de la piel cárdena, poéticamente violeta de Marqués.


Ojalá vuelvas, nos da igual cómo, maestro. Ojalá los muchos y buenos profesionales del Miguel Servet te salven la vista de ese ojo que Marqués quería para sí. Ojalá no tengas que mirarte al espejo sin sorprenderte más que por el atusado de tus patillas románticas, y ojalá se cuelguen los carteles esos que pregonan desde hace tiempo, que las alimañas más bizarras mueren bajo la espada de Juan José Padilla Bernal, ese que lleva 30 años con un capote en las manos y 17 como matador incombustible de toros, como leyenda viva y vivaz de la tauromaquia actual y como grande, tan grande como el que ha nacido en Jerez de la Frontera, ahí es poco.

Rezamos por usted, maestro. Eso siempre. 

1 comentario:

Anónimo dijo...

Ole, hermano, fatídica tarde la de ayer para todos los aficionados a la fiesta, y sobre todo, para D. José Padilla y su familia, toreo honrado donde los haya, cada vez que pisa la arena lo da todo, y nunca se esconde, bragado en ganaderias duras.