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miércoles, 12 de octubre de 2011

Hispanidad

La historia de España es la de Occidente, la del Mundo. Los logros artísticos e intelectuales de sus hijos, no podrán quedar empañados por cuantas leyendas negras y diatribas internas nazcan. La primera nación moderna de la Historia de la Tierra, la primera patria que desarrolló el concepto de universalismo y la creadora de una nueva raza, una nueva tipología humana, una nueva identidad personal, hacen de la vieja España cuna de civilización, cultura y artes.

Hoy es momento para acordarse de cientos de millones de hermanos que al otro lado de las procelosas aguas atlánticas son parte de esta Patria y de su identidad, sin que ello signifique nunca el renacimiento de ideas soberanistas o colonizadoras. Una lengua y un credo unitarios forjan una afinidad y una semejanza que ni los mil escritos apólogos, ni los odios mal cimentados (con los murales ridiculizantes del mejicano Rivera a la cabeza) pueden cercenar.

España reconoce errores y fallos. Pero pide la restitución del valor de sus aciertos, entre los que están el forjado y transformación de un continente y de sus pueblos, heterogéneos y distintos, pero nacidos del proyecto evangelizador de aquel 12 de octubre de 1492. América, la del centro, la del sur, la Iberoamérica, la Latina, es lo que es por la gracia y la desgracia de España. Y muchos de aquí sabemos que el americano, es un hermano y un amigo.

El panhispanismo, la conquista lingüística, cultural, religiosa y lírica del mundo a través de los medios eruditos nacidos en el territorio español es una realidad más evidente y veraz que los conceptos panfletarios en la línea de Chávez y otros. El profundo respeto y la devota admiración hacia Latinoamérica es una constante en el español; y siempre pediremos que se juzgue la historia bajo el prisma del historiador y de la situación temporal. No es de ley que un ciudadano del siglo XXI intente asumir los presupuestos vitales de un pueblo de hace 500 años. Cualquier periodo histórico que difiera del nuestro un mínimo de 100 años, tenderá a ser juzgado sin equidad y honradez, postulando conceptos contemporáneos en nada asumibles para la sociedad de otra época.

España es una nación que en el repaso de la Historia del Mundo tiene aún mucho que decir; y probablemente y gracias a sus intelectuales, artistas, literatos y logros, siga siendo una referencia obligada para la cultura y al progreso de la Humanidad. Y de lo que al menos el que suscribe se siente más orgulloso, es de los cientos de millones de ciudadanos del mundo con los que comparto un tronco cultural común. Y de una u otra manera, un sentimiento de avenencia más fuerte que la consanguineidad. Y me jacto de llamar a pueblos que ven el paso de los días desde miles de kilómetros de distancia de mi tierra, como a otros tan cercanos y tan vecinos no puedo.

Hoy me siento profundamente orgullos de haber visto la luz de mis días en España. Y de haber crecido bajo la poderosa y difícilmente igualable cultura española. Y la suerte de mis raíces es que, a diferencia de los nacionalismos ibéricos, no son restrictivas, localistas, provincianas y rústicas, (ciertamente paletas y ordinarias), sino que miran al Mundo y pueden presumir de una herencia de ida y vuelta, que llamamos Hispanidad.
Hoy me siento muy español; pero aprovecho para brindar y desear las mayores suertes a la América más verdadera, más auténtica, más próspera y más exuberante... A la tierra fraterna. Al pueblo vinculado. Al continente HERMANO.

¡Gloria a la Hispanidad!

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