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jueves, 13 de octubre de 2011

Granada en Sorolla

A finales del siglo XVIII Europa vive un continuo peregrinaje artístico de autores e intelectuales que ponen sus ojos en la Antigüedad clásica y en las grandes obras inmortales de la Humanidad. Con todo, será a partir del siglo XIX y mediante los postulados del Romanticismo europeo, en un intento de exaltación de la belleza sublime (y los ideales romanticistas) cuando Granada se sitúe en la órbita de pintores americanos, ingleses, franceses y españoles, que acuden atraídos por el patrimonio de la ciudad y especialmente por la imagen exótica que ofrece. Es el periodo de mayor cultivo de la temática orientalista, y prefieren quedarse en Europa y recrear universos musulmanes en Granada. Además, y en palabras de Edouard Moanet, “la luz de Granada es difícil de encontrar en otras ciudades del Mundo”.  

Así las cosas, la ciudad se convierte en receptora temporal (y en algunas ocasiones en ciudad de acogida y residencia fija) de autores (nos centramos en la pintura, pero el capítulo de escritores y poetas no es menos prolífico) incontestables que dibujan, pintan y recrean los espacios urbanos y paisajes granadinos haciendo de la Capital del Reino y de su monumento estrella, la Alhambra, cita obligada para la intelectualidad del momento. Aunque basta recordar visitas ilustres anteriores, entre las que vendría a destacarse la de Diego Velázquez (1599-1660) que plasmó en lienzo nuestra Catedral y de la que dijo, era la “octava maravilla del Mundo”.


El listado de autores es amplio; casi difícil de reflejar con exactitud; he querido compilar algunos nombres de evidente peso e influencia que por unos días, o por años, hicieron de Granada su casa y exaltaron su belleza y sus méritos artísticos y paisajísticos. De una u otra manera, algunos de estos pintores sobresalientes son los que siguen: Antonio Muñoz Degrain (1840-1924); Joaquín Mir (1873-1940), Santiago Rusiñol (1861-1931), Isidro Nonell (1872-1911), Ramón Casas (1866-1932), Darío de Regoyos (1857-1913), Eugene Delacroix (1798-1863), Mariano Fortuny (1838-1874), Jean Auguste Dominique Ingres (1780-1867), David Roberts (1796-1864), Girault de Pangrey (1804-1892), Claude Monet ()Edouard Manet (1832-1883), John Frederick Lewis (1805-1876), George Owen Apperley (1884-1960), Dante Gabriel Rossetti (1828-1882), Jenaro Pérezx Villaamil (1807-1854), Henry Matisse (1859-1964). Y ello sin contar los granadinos o nacidos cerca de la ciudad.

Pero si hay otro de esos nombres propios y primordiales es el de Joaquín Sorolla (1863-1923), que visitó Granada en varias ocasiones y fijó en ella su residencia durante cierto tiempo. Deslumbrado por sus edificaciones y entornos naturales, llegó a hacer más de 46 cuadros de la Sierra, vistas urbanas, la Alhambra... Hasta el 22 de febrero en el Museo Sorolla de Madrid puede verse la muestra. Una evidente señal de la trascendencia monumental y natural de Granada y una satisfacción evidente. Más que por la generosa colección del mejor impresionista español y una de las firmas fundamentales en la Historia del Arte de España, por el calado que nuestra urbe dejó en el maestro, al punto de llevarse arrayanes y mirtos de Granada para su jardín y de demostrar el enorme deseo de plantar un granado en los patios de su casa. Sin duda, una ciudad que le marcó. 

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