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viernes, 14 de octubre de 2011

Granada, corte Imperial

Un 10 de marzo de 1526 la ciudad de Sevilla es escenario de la Imperial boda de Carlos, señor de la Europa y las Américas de Cristo, con la hija del Rey portugués, doña Isabel. España ya había impuesto su potencial y dominio militar en Italia; ya había vencido en no pocas ocasiones al francés y cuanto enemigo osó enfrentarse a los tercios hispanos y el Gran Capitán cosechaba glorias para la testa española. El mismo Carlos, emperador, había vencido en Pavía, batalla de la que tomó parte. Podía darse un respiro, que se materializó tras esa boda primaveral en la Sevilla Puerta de INDIAS (y del Mundo), en un viaje nupcial por Andalucía, donde recorrerá Córdoba, Úbeda, Jaén y anuncia su presencia en los primeros días del verano, en Granada.

La ciudad se prepara para recibir tan ilustre visita. Se arreglaron los caminos, rehicieron paseos, mejoraron puentes, se allanó la Plaza de Birrambla, se construyó un espacio urbano de asueto desde la Puerta de las Orejas a San Sebastián, se mejoraron los accesos y caminos de la Alhambra y se hizo venir a empedradores de Loja y de Úbeda, para que pavimentaran las principales calles y estuvieran al gusto de tan egregio y único visitante. Y desde el primer momento, Su Altiva e Incontestable Majestad, decide que Granada será LA CAPITAL DEL IMPERIO dese ese mismo instante.

Así las cosas, se adecentan y disponen las habitaciones y pabellones que entre el espacio palatino del Mexuar y de Comares mandó arreglar el Marqués de Mondéjar. Esta será la residencia imperial. Pero para la emperatriz Isabel se decide disponer de celdas cuidadas en el Monasterio de San Jerónimo. Durante los cinco meses que estuvo la Imperial Pareja en Granada, la corte se reparte por las principales edificaciones de la urbe. Hay que acoger nada menos que a los embajadores de Francia (Francisco Cromacro), Inglaterra (Eduardo Levv), de Polonia (Juan Dantisco), de Venecia (Andrea Navagiero), de todos los Estados Italianos (Roma, Florencia, Siena, Ferrara, Módena, Nápoles...), el Nuncio de Su Santidad (Baltasar de Castiglione), los poetas Garcilaso de la Vega, Juan Boscán, y un sinfín de intelectuales y aristócratas (como la reina viuda Germana de Foix) difícil de compilar aquí. 

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