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sábado, 29 de octubre de 2011

Falange

El día que los falangistas celebran los 78 años del nacimiento de su ideología y a buen seguro recordarán a su fundador, esta Alacena se va a preocupar bien poco de desentrañar méritos y deméritos de la opción política que está de aniversario, así como de sus ideales y mensajes sociales, más que nada porque aquel 29 de octubre de 1933 en el madrileño Teatro de la Comedia, el marqués de Estella, José Antonio Primo de Rivera, estaba pariendo el que sin duda es el partido político más indefinible de cuantos existan en la faz de la tierra, preocupado por sostener un nacionalismo español bajo piel socialista, llamar a la revolución del obrero con el uniforme imperial de la España histórica y hablar de que la única democracia real es la de los puños y pistolas.

José Antonio dice textualmente sobre la democracia que es “el más ruinoso sistema de derroche de energías”. Prosigue explicando cuál es su sentido de Patria y durante el intento fundacional de un partido político, pide, y cito literalmente, que “desaparezcan los partidos políticos”. Y este es casi el fin de su discurso: “Y queremos, por último, que si esto ha de lograrse en algún caso por la violencia, no nos detengamos ante la violencia. Porque, ¿quién ha dicho al hablar de "todo menos la violencia" que la suprema jerarquía de los valores morales reside en la amabilidad? ¿Quién ha dicho que cuando insultan nuestros sentimientos, antes que reaccionar como hombres, estamos obligados a ser amables? Bien está, sí, la dialéctica como primer instrumento de comunicación. Pero no hay más dialéctica admisible que la dialéctica de los puños y de las pistolas cuando se ofende a la justicia o a la Patria”.

Lo que sí me gustaría es acabar de una vez por todas con un error garrafal sostenido por los mismos falangistas sin ánimo de corrección: el nacimiento del símbolo de Falange, esto es, el yugo conteniendo el haz de cinco flechas tal y como tienen en la foto de arriba. Y puesto que normalmente suelen atribuírselo a Ramiro Ledesma, habría que precisar que el símbolo, tomado de los Reyes Católicos y estos a su vez de Roma, nació en Granada, en las aulas de la Facultad de Derecho de la Universidad granadina, cuando el profesor Fernando de los Ríos, hablando sobre el fascismo, dijo dibujando el definitivo emblema del falangismo: “si algún día hubiese un fascismo español, este podría ser su emblema”. Estaba en esa clase como estudiante de derecho el que al tiempo sería procurador en cortes y destacado político franquista. Era Juan Aparicio López, uno de los fundadores de las JONS,  nacido en Guadix y que trasladó la ocurrencia de Fernando de los Ríos a los dos padres del movimiento nacional sindicalista español, Ramiro Ledesma y Onésimo Redondo.

En el punto y final a esta entrada que pretende ser esclarecedora, valga decir que Ramiro Ledesma era un irredento admirador de Hitler. Hasta tal punto, que copió la caída de mechón de pelo sobre la frente del asesino nazi. Quizás, la muerte en 1936 de Ledesma le impidió conocer las verdades de Hitler y me inclino a pensar que al saber los crímenes del austriaco habría repudiado su figura. Pero quede dicho esto como parte de la historia. 

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