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viernes, 28 de octubre de 2011

El retrato español

Federico Madrazo tiene la suerte de pintar esta genialidad; es Amalia del Llano y Dotrés, condesa de Vilches (1821-74), escritora de destacada participación en la vida cultural de aquel  Madrid de mediados del siglo XIX, siempre activa en los salones literarios de una ciudad que iba a frecuentarlos con asiduidad y donde las figuras intelectuales de la época se prodigaban. El cuadro es admirablemente rupturista sin necesidad de recabar ninguna estrategia extraña. Su cercanía, contemporaneidad y relación con el espectador emana de la pose distraída, próxima, habitual y cálida. A ello, suma Madrazo un virtuosismo en la realización de la anatomía y el cuidado de las ropas. Quizás, sea en la zona ocular donde el reconocido pintor de costumbres, hijo del notable José de Madrazo, alcance el paroxismo de la obra que nos ocupa. 

Doña Amalia es la mujer española del siglo XIX. Alta y delgada, de cutis blanquecino, de dulcísimos gestos, de una intelectualidad a flor de piel pero con la cercanía hogareña y con esa mirada tan sumamente atractiva que sirvió para que el cuadro fuera considerado como la Gioconda española y que pase, sin ambages, por el mejor retrato español de todos los tiempos. 


Fue realizado en 1853; por entonces, había visto Madrid las geniales contribuciones que al género del retrato dejaron figuras como Tiziano, Velázquez o Goya, sin necesidad de reparar en la perfección aduladora que Mengs y otros pintores de la Cámara Real sembraron en la España del siglo XVI a la de esta fecha de 1853. Pero todas estas obras eran presas de un lenguaje alagador, quizás en exceso, cuando no cargados de la pesadez atmosférica de la pintura barroca. La exaltación de Carlos V, Felipe IV, los pérfidos validos hispanos... no son más que una arte al servicio del poder. La mejor prueba la ofrece el retrato de Carlos II, obra de Juan de Carreño de Miranda (1614-1685) que en 1675 nos trae la figura del último Austria en el Salón de los Espejos del destruido Alcázar madrileño y tienen en la foto de arriba. 


Federico de Madrazo alcanza el cénit que un día preconizó Goya. El inmortal, el inconmensurable aragonés fue despedido en su momento como retratista de la Corona, desencantada con él la reina María Luisa de Parma (esposa de Carlos IV) porque no tenía reparos en representar lo que veía. La contemporaneidad abrasante de Goya la vemos en el famoso retrato colectivo que pasará por ser la pieza más interesante de los últimos siglos. De no haber existido Velázquez, nadie dudaría que Goya fue el mejor pintor español de todos los tiempos. Aún con todo, en la "Familia de Carlos IV" (foto de arriba), Goya deja bien claro que la modernidad de las artes era posible, y un siglo antes preconiza los movimientos vanguardistas cuando no, con cincuenta años de adelanto, supera a la pintura romántica y abre las puertas de los modos de artificio del impresionismo. Este "abuelo y padre de la pintura!" no puede competir aún así con la delicadeza de Madrazo y de su "Condesa de Vilches", quizás por su retrato colectivo frente al individual que hoy nos ocupa.


Madrazo cobró la mitad de lo que solía a doña Amalia. Que por cierto, su hijo Gonzalo, heredero del título condal y vizcondal, fue ilustre miembro de la Real Maestranza de Granada. La delicadeza, el ambiente que rodea mediante juegos de luces directas e indirectas la escena, la cercanía casi hogareña del mismo, a la vez que las verdaderamente amables y encantadoras facciones de la condesa, hacen de este cuadro un exponente perfecto de la pintura romántica española, del retrato en su vertiente fiel y psicológica y deja bien claro, por qué Madrazo fue el gran pintor encargado de patentizar la imagen de Isabel II, en una época de guerras carlistas, revuelos republicanos y denostaciones hacia la figura de la reina. Y a él se le debe la serie de retratos que inmortalizaron a Isabel II en Ayuntamientos (como el de Granada), Diputaciones y Cortes que nos traen a la madre de Alfonso XII, tal y como Madrazo la ideó en el retrato de arriba.


Produce fascinación. Y comprueba que no siempre los mejores hacen las mejores obras en todo género. Madrazo, de indiscutibles méritos, nos lega un retrato que sigue produciendo fascinación y sensación solemne, a la vez que cotidiana, aristócrata pero por supuesto con una carga de ternura y a la postre, belleza indómita en la figura de doña Amalia de Llanos, la condesa de Vilches. 

1 comentario:

Anónimo dijo...

DAVID QUE SIGNIFICA LA BANDERA BLANCA QUE HAY EN EL CAMPANARIO DE LA IGLESIA MAYOR.