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lunes, 24 de octubre de 2011

El crack del 29. La Gran depresión

Jueves negro. Un 24 de octubre, pero 82 años ya. Se ha abandonado el patrón oro, la bolsa permite comprar a crédito, se ha desatado toda una ansiedad por adquirir acciones y las empresas que saben que donde hay demanda hay negocio, emiten indiscriminadamente participaciones de sus establecimientos que para nada se corresponde con el valor real del bono ofertado. Ya se habían escuchado las primeras voces críticas con la vorágine bursátil que vivía Estados Unidos. El Gobierno decide intervenir, pero le hace falta mucha liquidez. Ha prestado ingentes cantidades de dinero a países europeos que tras el fin de la I Guerra Mundial, en 1918, necesitaban de su apoyo económico. Y ni el Gobierno Federal puede responder ante sus ciudadanos, ni las potencias europeas pagar sus deudas con tanta premura a los Estados Unidos.

Hace hoy 82 años, estalla la Bolsa de Nueva York. El pueblo americano ha prestado 8.500 millones de dólares entre 1925 y 1929. Cada año su préstamo ha ido aumentando, para que las potencias europeas pudieran pagarle la deuda. Una pescadilla que se mordía la cola. Mientras, la política económica interna era la de bajar los precios pero subir los manufacturados. La agricultura entra en una recesión sin precedentes; pero se seguía consumiendo ya que el nivel adquisitivo era alto y constante. El accionista compraba, vendía a mejor precio, pagaba la inversión y retiraba sus beneficios. Pero ¿iba a durar siempre? Wall Street vive una locura ese jueves 24 de octubre de 1929. Insostenible, la gente empieza a vender acciones que no valen nada. Las fortunas son un espejismo de papel. Millones de inversores lo han perdido todo.

Los que aún conservan ahorros, temen por ellos. Tras la bolsa se desploma la banca. Las colas en las entidades ahorristas son kilométricas, y todos van por lo mismo: para retirar sus efectivos. Pero los bancos tienen esos ahorros a su vez invertidos (mayoritariamente sin el conocimiento de sus verdaderos propietarios), de modo que no pueden hacer frente a las exigencias del cliente, se declaran en quiebra, anuncian suspensión de pagos y acaba condenada la palabra “préstamo”. Nadie puede hacerlo y nadie lo iba hacer aún pudiendo. Ya ha caído la bolsa. Detrás, la banca. Tiempo por tanto para la industria, con falta de liquidez. Y al poco tiempo, el comercio, sin clientes a los que vender el producto.

El paro se dispara. Obviamente, sin dinero, decrece la demanda. El stock en fábricas y otros alcanza proporciones insospechadas. Estaba claro que el precio de los bienes iba a caer y mucho. Los empresarios que aún conservan la fortaleza suficiente para sostener su negocio no reciben crédito alguno. La salida se encaminaba a la reducción de plantilla. En un mes, la cifra de paro asola el país con su imponente dato. La situación es crítica. Y falta por llegar la respuesta de Europa. Si a Estados Unidos le va mal, la nación norteamericana pedirá a sus aliadas que paguen sus deudas. Alemania hace frente al pago de la condena por la I Guerra Mundial, la reconstrucción de su país y lo que le exige devolver Estados Unidos. Les resumo la historia: se levantan. Tardan, con sufrimiento, pero se levantan.

La primera medida es la del proteccionismo. Cerrar los mercados, devaluar las monedas y condenar a la sociedad a un sistema autárquico. Al devaluar una moneda, otro país puede ser más competitivo. Todo cuesta menos; así, se prevé que aumenten las exportaciones y sean menos las importaciones. El pueblo consumirá lo que produzca y sus excedentes serán adquiridos por otros países. No es mala idea. A PRIORI. Porque ni el abastecimiento es tan inmediato ni otro país está para comprar producto de un tercero. Los países con colonias, consiguen pasar el trago, vendiendo lo que pueden a estas y adquiriendo a precios bajos los productos de necesidad. Japón, Italia o Alemania no corren tanta suerte.

Suben los impuestos. De alguna manera hay que recaudar para pagar. Se limitan los gastos del Estado; se bajan los salarios públicos y se contienen los de los subsidios. Y se llega a lo más temido: la deflación. Caen los precios por debajo de 0 y no circula el dinero. La producción industrial cae un 50 % y el paro alcanza el 24 %. El comercio mundial se afecta en un 66 %. Todo ello tiene otras lecturas: reducción de la natalidad, de la inmigración, aumenta la conflictividad social, hay una fuerte crisis moral y una negatividad social sin precedentes, se recrudecen las relaciones entre países tendiendo a aflorar nacionalismos que velan por los intereses propios y no será hasta bien entrado 1936, unos siete años después, cuando la normalidad empiece a verse. Algunos políticos, eso sí, preconizan desde 1929 que todo está mejorando ya.

Les acabo de contar la realidad sucedida hace 82 años. Ahora les hago una reflexión: ¿encuentran parecidos con la actualidad? La respuesta es evidente. Les hago otra entonces... ¿Por qué siempre hay unos países que consiguen salir a flote? No sigan, hablan la lengua de Werther. ¿Han visto la tasa de paro que alcanza Estados Unidos? ¿Saben cual es a día de hoy la española? Un 22 %. ¡Para pensar las cosas! Y al fin: ¿brotes verdes vistos ayer y hoy por cantamañanas de la retórica?

Hay algo claro. Lo que decía ayer Pérez Reverte en XL Semanal es cierto, muy cierto. Esto nos va a hacer pensar las cosas. Hay una generación que apreciará mucho más qué es la vida. España ha estado durante años pagando desde el cambio de un frigorífico a un ordenador por escolar. Demasiados parados que no aceptarían hoy día un trabajo que se les ofreciera. Tienen el sobre estatal, poco o mucho, que les permite tirar. Pero todo esto hay que cambiarlo. Cuando la hucha está llena gobierna cualquiera. Cuando no queda nada en su interior, viene el de la derecha a bailar con la fea. Pero los que se van, o se pueden ir, deben hacerlo con un escarmiento legal. ¿Sólo ellos? Voy a ser condescendiente. Perdono los dos errores anteriores (14 de marzo de 2004 y 9 de marzo de 2008), pero el que los vuelva a votar el 20 de noviembre, debería responder ante el tribunal del pueblo que está parado, tiene hambre y vive bajo el umbral de la pobreza. Mi veredicto: pérdida de la nacionalidad y destierro. Pero al Desierto. Ningún país merece lameculos tan perversos. 

6 comentarios:

J. Carlos Medina dijo...

Vamos a ver: Sin quitar ni un ápice de razón, hay que pensar lo siguiente:
EEUU no es comparable con España. Solo por extensión es suficiente motivo para pensar que las medidas a tomar ante la crisis no pueden ser las mismas en España que en U.S.A.

Tomemos como comparativa EE.UU y Unión Europea. Entonces aquí el dato cambia si hacemos la siguiente pregunta: ¿Cual es el diferencial en la media de paro entre EE.UU y U.E.? La diferencia igual no es tanta.
Comparemos pues el paro español con el de un estado sureño de los EE.UU. Igual hasta salimos ganando.
¿Con esto que quiero decir? Que un gran componente de la crisis española está en el ánimo y por tanto en el pesimismo de nuestra sociedad. Por desgracia, como tendemos a compararnos con lo mal que les va a otros, comprobaremos que no estamos peor que otros que se les supone mejores, nos animaremos y empezaremos a creer que es posible salir de esta crisis. Y si el pesimismo desaparece apuesto cuarenta camellos a que la cosa cambia bastante. Tal sería la cosa que podremos inventarnos rápidamente otras burbujas.

David R.Jiménez-Muriel dijo...

Yo sólo tengo una duda: ¿de dónde vas a sacar cuarenta camellos?

J. Carlos Medina dijo...

De la Huerta Carrasco hermano, de la Huerta Carrasco.

Santi dijo...

Esta crisis nos pilla en forma de "L"... si ya hemos tocado fondo, nos queda estar así por años... gracias, como factor importante que no único, la nefasta gestión del gobierno socialista.
Lo bueno de las hemerotecas es poder leer lo que estos ilustres supervisores de nubes decían...

Santi dijo...

...menos mal que con el euro no pueden aplicar la receta de la devaluación monetaria (1977, 1982 -2 veces-, 1992, 1993, 1995), para salir del atolladero por la vía fácil...

Salir de una Depresion dijo...

Lamentablemente a como van las cosas podriamos vivir una depresion igual a peor a esta que describes del 29. Saludos, buen blog