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miércoles, 5 de octubre de 2011

Desayuno con diamantes

Una película inmortal

Hoy cumple cincuenta años la que sin duda es una de las genialidades cinematográficas de la historia, quizás por el carácter de su protagonista principal que consiguió el imponderable de adueñarse de la cámara aunando una belleza tierna y angelical, una expresividad gestual difícil de olvidar y unas cualidades interpretativas que tenían mucho de improvisación y más aún de adicción.

La obra se basa en la novela homónima de Truman Capote. Bastaría por tanto una buena adaptación de la misma, y se podía presumir de un éxito irrevocable. A estas alturas, el inventor del nuevo periodismo estadounidense y adelantado novelista era un guionista de oro. Pero el director del largometraje vive las imposiciones de la productora de una manera interesante. En 1961, que el co protagonista sea homosexual es poco entendible. De modo que el papel interpretado por George Peppard jamás será fiel a la novela; pero ni falta que hizo. Los que primero conocimos al actor encarnando a “Aníbal” como cabeza de ese memorable “Equipo A” y luego lo vimos en una plausible representación perfectamente acoplada a las agudas ocurrencias de Audrey, disfrutamos el doble. Y créanme, me hubiera dolido horrores ver a uno de mis personajes de infancia en un papel histriónico o afectado.

Superada esta demanda de la Paramount, había que buscar actriz. Capote tenía claro que la actriz protagonista, nada menos, iba a ser Marilyn Monroe. Lo cierto es que pocas mujeres en la historia de la humanidad han llamado al arrebato como Norman Jeane, esto es, la Monroe. El mito, el símbolo sexual, la tentación (viviera arriba o no). Pero con 35 años, no pocos escándalos, un movido conjunto de vivencias y un deseo de concluir con todo (un año después del estreno de Desayuno con Diamantes, moría Marilyn a sus 36 años), rechaza el papel aduciendo que no quería que su nombre se asociase a la de una mujer de “salida nocturna”. Así que Kim Novak se ofrece para el papel. Y hablamos de un sex symbol de 28 añitos que ya había trabajado con Jack Lemon, Frank Sinatra o James Stewart, ambos bajo las órdenes de Hitchcock. Y se rechaza... Así de claro. Porque Holly (el nombre de la protagonista) tenía que cobrar vida bajo la inocencia descarada de Audrey...

¡Y llegó ella!

Tenía 32 años; había sido descubierta por William Wyler (no confundir con el inalcanzable Billy Wilder) para “Vacaciones en Roma”. El director hizo la mejor definición posible de la actriz: <<Tiene todas las cosas que busco: encanto, inocencia y talento. Además es muy divertida. Es absolutamente encantadora>>. Era la prefiguración de la juventud, de la candidez. Esa espontaneidad tan suya sumada a su “cara de ángel”, apodo que nunca la abandonó, aportaba frescura y hacía posible que una diva no tuviera por qué reencarnar la imagen del glamour, bastándole a la belga (hija de aristócratas) su fortaleza personal para hacer de la sencillez de sus modas, lujo y encanto a la vez. Considerada la tercera actriz más importante de todos los tiempos, ella es la película que hoy cumple 50 años.

El argumento

Un escritor que sólo ha parido una novela, costeado por una mujer mayor con la que tiene un “idilio” aprovechado, se muda a un edificio y pasa a ser vecino de la joven Holly, una pueblerina descocada que sueña con ser actriz, vivir una vida de ensueño y ser feliz. Pero lo que verdaderamente le llena, es visitar la tienda de joyas “Tiffany`s”.

Cambios de guión

En la novela original el papel que George Peppard debía interpretar (el de Paul Varjak) era el de un homosexual; pero la Paramount elimina dicho componente para enfado (y monumental) de Truman  Capote; como tampoco prosperó la bisexualidad de Holly Golightly, en tanto Audrey Hepburn se convierte en su protagonista.

La música

A estas alturas, decir algo de Henry Mancini se antoja casi provocador. Si resumiéramos todo en que se trata de uno de los genios que hacían con sus bandas sonoras, grandes películas. Mancini ya había sido nominado a un Óscar en 1953 por “Músicas y lágrimas”. Pero no atravesaba un buen momento creativo, a pesar de su participación en 7 películas, algunas del alcance de “Sed de mal” (1958) de Orson Welles. Y llegó “Desayuno con diamantes” y queda llamado al mérito eterno; ganó dos óscar, a la mejor banda sonora y a la mejor canción. Se trata de Moon River, creada ex profeso para Audrey, que para facilitarle su entonación la escribió en una octava. Sencillamente deliciosa, Moon River ha sido cantada por Aretha Franklin, Louis Armstrong, Frank Sinatra, Rod Stewart o Barbra Streisand, entre otros miles. Y pocas veces se alcanzó un maridaje tan perfecto entre la música y la imagen. Luego, Mancini haría la banda sonora de la Pantera Rosa, sería nominado 17 veces al Óscar y lo ganaría en cuatro ocasiones... ¡Un genio!

Curiosidades

Audrey Hepburn en sus memorias, hacía una confesión que no dejó a nadie indiferente: “la escena en la que abandono al gato bajo la lluvia es la más dolorosa que he hecho en toda mi carrera”. Su amor por los animales era algo fuera de cuestión; pero si no tan traumática, sí que complicada sería la interactuación entre ambos protagonistas, ya que George Peppard era un actor del “Método”, que sacaba de quicio a una mujer dada a la improvisación y a la capacidad de acoplarse al texto y a la escena de una manera rauda. En esto no congeniarían, pero la amistad entre ambos sólo la pudo romper la muerte de la actriz en 1993.

El vestido negro de Holly, una creación de Givenchy, fue subastado en 2006 y alcanzó una cifra superior a los 700.000 euros, siendo el segundo objeto más valorado de la historia del cine. El primero es el Oscar a la Mejor Película logrado por “Lo que el viento se llevó”. Y sirvió para obras humanitarias.

The end

Tan atractiva pero a la vez tan accesible. Tan tierna y tan capaz de transportarte a la ciudad, a los deseos de Holly, a las inconformidades de su alocada alter ego en la película. Tan Audrey Hepburn... ¿Y si hubiera sido la Monroe la actriz protagonista? Pues Desayuno con diamantes, hubiera sido otra... Sin más. Porque no se concibe ya la historia del cine sin este largometraje, quizás de los más cotizados de la década y dentro de las mejores películas estadounidenses de la historia. Y eso que Truman  Capote, tras el estreno, echó sapos por la boca de este calibre: <<¿Qué tiene de malo la versión cinematográfica de Breaksfast at Tiffany´s? -¡Pues todo por Dios! Es la película con los actores menos apropiados que he visto jamás. […] Escogieron a un director tan desastroso como Blake Edwards, ¡a quien podría escupir a la cara! […] Holly no es flaca, ni es chic, ni de cara huesuda como Holly Golightly>>. Conversaciones íntimas con T.C (1985)

Pero ya es parte de la historia; del séptimo arte. Y hoy que cumple 50 años, buen motivo para recordar a su protagonista, para volver a verla, y para recomendar el consejo que ya Audrey se encargó de dejarnos:

I believe in pink, that laughing is the best calorie burner, in kissing in staying strong when everything seems to be going wrong, that happy girls are the prettiests girls, that tomorrow is another day, and most importantly, I believe in miracles. [Pienso  en color de rosa... que la risa es el mejor quemador de calorías, en los besos para mantenerse fuerte cuando todo parece ir mal, que las niñas felices son las más bonitas, que mañana será otro día, y lo más importante, creo en los milagros.]

FELIZ ANIVERSARIO.

2 comentarios:

David C. dijo...

Anoche vi la película y Audrey me hechizo.

David R.Jiménez-Muriel dijo...

David, pues no sé si has tenido oportunidad de ver "Charada", "Confesiones de una monja" o "vacaciones en Roma". Te lo aconsejo, simplemente, seguirá ese hechizo de Audrey.

Por cierto que enlazo tu blog al mío. Me gusta ese "Cine para usar el cerebro".

Un saludo, tocayo, desde España.