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miércoles, 26 de octubre de 2011

Ciclistas

Admiro profundamente a los ciudadanos que, cada vez en mayor número, hacen uso de un medio de transporte que más allá de los beneficios para el medio ambiente, en una Granada como la nuestra, es silencioso. Me refiero a la bicicleta. Es muy digno de estimar la conciencia ambiental, de circulación y de ruido que combaten; a sabiendas que les es favorable a los usuarios de la bici, y nos beneficia a la vez al resto. Y todo ello heredando modelos europeos donde la climatología, las distancias  y la orografía es más adversa que aquí, pero donde la combinación es una ecuación perfecta y saludable.

Hay pegas. Partiendo de la base que me parece un gesto juicio, responsable y muy generoso, han de señalarse pegas. La primera es la proliferación por el acerado de muchos usuarios de la bici. Y encuentro el motivo en el peligro que la mayor parte de los conductores granadinos viene a representar para el que se monta sobre la endeble estructura de una bicicleta. Hay que tener el valor de un torero para ser ciclista en medio de un atasco; también es cierto que el uso de la acera por parte de estos a veces obedece a la congestión de alguna calle y la impotencia de no poder sortear las largas filas de coches taponados ante semáforos interminables. Suele ser habitual que en la Calle Alejandro Otero, lamida por el río, y hacia la mitad de esta en dirección al Hospital de la Inmaculada, puede contarse dos filas de vehículos, cada una con más de cuarenta coches atrapados frente a la libertad: girar a la derecha camino de la Circunvalación, o a la izquierda, buscando Zaidín o acceso a los pueblos del Área Metropolitana.

Es entonces cuando el ciclista, bien porque se pone en evidente riesgo ante un centenar de vehículos, bien porque los beneficios de inmediatez, rapidez y fluidez de su medio de transporte se ven mermados, decide hacer uso de la acera. Antes que nada hay que precisar varias cosas: hay ciudades cuyas normativas municipales permiten el uso compartido de la acera para el peatón y la bicicleta, siempre y cuando la anchura de la acera sea igual o superior a los cinco metros. No dándose esto, el ciclista ha de usar la calzada. Ahora bien, yo que soy un convencido peatón que en ciudad no hace uso ni de transporte público ni privado por una desaforada pasión a andar, nunca me ha molestado que una bici vaya por la acera o calle peatonal, salvo en estos últimos días que he tenido encontronazos indeseables con ciertos usuarios de la bici. Pero por supuesto no se vea atacado el colectivo ciclista de Granada, sino el maleducado, vaya en coche, en avión o en el Juan Sebastián Elcano si cupiera por el Genil.

Usar la acera porque se va, según en qué calles, más rápido que por la calzada, es un uso incívico de un medio de transporte limpio y plausible. Pero lo que más me enerva es el sonido del timbre. El dichoso timbrecito que algunos ciclistas se atreven a usar en aceras que no llegan a dos metros de anchura para advertir al peatón, mucho más lento, que ahí va él (en mi caso ella, y de al menos 50 años de edad) y con derechos adquiridos a adelantar con premura. En este caso, a punto de colisionar con mi perra. Y en este caso, ganándose todo lo que mi castiza boca, epíteto de la malafollá, supo trasladarle en agradecimiento al correcto uso de la vía pública y del civismo que estaba haciendo.

La falta de educación es con seguridad el peor de los males. Y últimamente, más si cabe cuando llueve, el ciclista se deja poseer por el espíritu excitado del conductor de un coche y hace una operación mental muy ilegítima y a todas luces ilegal: si el coche es más fuerte que yo y me avasalla, y yo soy más fuerte que el peatón... Sobre la línea de puntos, puede el lector si quiere completar a su gusto el fin de la frase. Y por desgracia cada vez se da con más fuerza. Ya ha pasado, según me chivatea Google, en Sevilla o en Málaga, donde el ciclista arrollador y atropellador, ha tenido que indemnizar al peatón que en el justo uso de la acera, el lugar que le corresponde, ha sufrido de esguinces y otras lesiones propias de un encontronazo con una bici y la pseudo persona que iba sobre ella.

Pero déjenme que les indique qué dice la Ordenanza Granadina sobre el uso de la acera por parte del ciclista:

No se permite circulación por paseos centrales (como la Carrera de la Virgen, Avenida de don Bosco o de la Constitución) ni acerado en general, excepto zonas debidamente señalizadas y “siempre que se respete la prioridad del peatón, se adecue la velocidad a la de los viandantes, sin sobrepasar nunca los 10 km/h, y no se realicen maniobras negligentes o temerarias”. ¡No pueden sobrepasar los 10 kilómetros por hora!

Por norma general queda prohibido el uso de aceras, excepto: donde haya cierta intensidad de tráfico en la calzada y la acera no tenga aglomeración de viandantes, disponga de 4 metros de ancho y al menos 3 metros de ancho sin obstáculos (árboles, señales, o mobiliario urbano). Además, estas aceras que permiten el uso compartido para el peatón y el ciclista, debn tener una señalización que advierta de la posibilidad de uso para el que monte en bici.

Además, los ciclistas tienen que cumplir estos requisitos: mantener un metro de separación con las fachadas de edificios y con cualquier peatón, respetar la prioridad del peatón, adecuar la velocidad a la de los viandantes, no sobrepasar nunca los 10 km/h, y no realizar maniobras negligentes o temerarias.

Dicho esto, al siguiente ciclista que me advierta de su presencia con un timbre odioso, sea más listo que nadie y me sobrepase a más de un metro, use una acera con menos de cuatro metros o, como es el apabullante número de casos que últimamente vive Granada, se salte impunemente estas normas, le espera una buena conmigo. Y más si osa rozar milimétricamente a mi perra. Por mucho beneficio atmosférico, medioambiental y sonoro que traiga. Porque desde luego, los peatones de verdad, los que vamos a todas partes andando en nuestra ciudad, contaminamos menos, hacemos menos ruido... y estamos hasta las narices de la mala educación de muchos (y no ya casos aislados) ciclistas que confunden la realidad.

Y termino. ¡No puedo con el timbre! ¿Se imaginan a un peatón más ágil silbando o chillando a los que tiene delante para que se aparten porque él es más rápido? No lo hacen, por supuesto, ni aquellos amantes del deporte que salen a correr y tienen que cortar su ritmo por cualquier imprevisto. Así que antes de reclamar carriles bici y otras cosas, demostrad civismo y sobre todo educación. Porque así desde luego, ganáis pocas batallas para con el resto de ciudadanos. 

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