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viernes, 21 de octubre de 2011

Batalla de Trafalgar

Hoy que conmemoramos que hace 206 años a los españoles nos volvieron a derrotar esta vez en una batalla naval trascendente como pocas, y para colmo en nuestras costas, frente a Barbate, es el momento de reflexionar al respecto y de insuflar un hálito de grandeza a un hecho en todo caso triste como el del desastre de la Batalla donde Nelson, al mando de la escuadra inglesa, dejó a los franceses y a los españoles en paños menores.

En efecto, estamos ante la confirmación definitiva del poder naval de Inglaterra. Nuestro rey, entonces Carlos IV, se alió con Napoleón. Y el emperador gabacho incluía entre sus disparates anexionistas la invasión de las Islas Británicas con la ayuda de los españoles, que andaban aún (y no se nos ha pasado) resentidos por la pérdida nada menos que de Gibraltar un siglo antes.

Así que siguiendo la máxima de apostar al caballo ganador, Carlos IV (o mejor, Manuel Godoy, el personaje más abyecto de la historia patria, con permiso de cuatro desalmados que actualmente nos sorben desde el Gobierno) se decide por apoyar sin remisiones a los franceses en una empresa difícil y costosa. Pero para colmo, el pago que recibe España es la invasión, la guerra y el control de nuestra Patria durante 6 años, hasta que el peor de los reyes (pero nuestro al menos, que es como tener un hijo feo pero de uno) vuelve a sentarse en el trono.

El teniente general de la Real Armada, José de Mazarredo, considerado el mejor marino de su época, advierte de la tropa de marinería que España está embarcando para la lid con Gran Bretaña. No puede ser más triste leer lo que sigue: “Llenamos los buques de una porción de ancianos, de achacosos, de enfermos e inútiles para la mar”... Otro marino de campanillas en la Real Armada española, Antonio de Escaño, tampoco se andará con contemplaciones y deja bien claro qué potencial marinero íbamos a llevar a la guerra: “Esta escuadra hará vestir de luto a la Nación en caso de un combate”. Pero el socio que nos habíamos echado (desleal, infiel, felón y traicionero) no quiso saber qué cuartos se jugaba España en esto, y el torpe Carlos IV, en brazos de su Valido (o Primer Ministro, si lo quieren así), más infame y zote aún, no quisieron saber de verdades.

Para ahorrar en la narración: por segunda vez en unos meses, la escuadra franco-española fue derrotada severamente, al punto de la humillación. Inglaterra aprovechó, y en el centro de Londres, rebautizó un gran espacio urbano con el nombre de Plaza de Trafalgar, levantando en honor del héroe Horacio Nelson, que además ya nos había vencido antes en la Batalla del Cabo de San Vicente, también dentro de esa alianza Francia-España que no pocas pérdidas y humillaciones nacionales nos supuso.

He aquí la reflexión... La primera, que cualquier país que se digne de ser una patria justa para sus grandes hombres, no olvida a los suyos. ¿Cuántos españoles pasan desapercibidos a pesar de haber inscrito proezas sin igual en la historia de la Humanidad? Pues es hora de rendirnos a la evidencia. Y empiezo si quieren por Granada, señalando a grandes próceres, intelectuales y artistas que han honrado a la ciudad y con ella, a las artes y la cultura. ¿Qué hay de José de Mora, Risueño, Pedro de Mena, Diego de Hurtado de Mendoza, Federico, Gallego Burín...? La lista sería interminable; pero es triste que por mandar bordar una bandera hayamos hecho de Mariana Pineda heroína de todo, y falten espacios, mármoles y buen gusto para pagar la deuda con los hijos más ilustres. Porque espero que me reconozcan, que un busto contemporáneo y frío, escondido y desplazado, para Alonso Cano, es cuando menos una irrisoria manera de rendir tributo a uno de los artistas más grandes del Barroco Mundial. (En la foto de arriba, para vergüenza de Granada, el monumento a Mena dedicado por Málaga).

La segunda reflexión es acerca de nuestra Historia. Tuvimos uno de los imperios más extensos y prolíficos de la Humanidad durante 400 años. Fuimos la primera potencia mundial durante al menos 180 años, tiempo en el que no nos tosió nadie. Y al cabo, basta mirar a Estados Unidos, que con unos 125 años como potencia indiscutible y señora de este Planeta, está dando muestras de debilidad y presumible pérdida de ese primer lugar entre las naciones. No creo que siga siendo la que mande y ordene durante 55 años más, a fin de igualar lo que fue España. Luego, ¿nadie cree que nuestra historia merece ser contada y merece que estemos orgullosos de ella? Y voy más allá: ¿nadie toma como ejemplo las múltiples hazañas que nuestros antepasados llevaron a cabo para que esta Nación vuelva a la órbita de los países influyentes y destacados? ¿O vamos a seguir siendo considerados los pobres de entre los ricos y los de la deuda basura, el paro y la incapacidad de nuestros políticos?

Méndez Núñez pronunció una frase lapidaria en 1865: “más vale honra sin barcos que barcos sin honra”. Cuando uno lee lo que sucedió hace ahora 206 años en el Cabo gaditano de Trafalgar, no deja de apenarse. Diez de nuestros quince barcos, hundidos. Otros huyeron, cobardes ellos. Había que salvar el tipo, eso sí. Perdimos a los grandísimos marinos Churruca, Alcalá Galiano o Gravina entre otros. Murieron 1022 españoles, 1.383 fueron heridos. Y en manos enemigas, como prisioneros, dejamos más de 2.500 hermanos. La calamidad fue importante. Sólo 3 años después los franceses nos pagaron tanto sacrificio con una invasión y una guerra de seis años. Y 15 años después América empezó a buscar su independencia. El siglo XIX desde luego, podrá ser el más aciago para España. Ayudaron poco los reyes. De Carlos IV conviene decir lo justo. De Fernando VII, retirarle los honores patrios. Se salva Isabel II; no así su hijo Alfonso XII, más preocupado por asuntos de bragueta que por tornar a España como rey de todos. Y aquí lo dejo que nos metemos en otro siglo. (En la foto de arriba, el pérfido Manuel Godoy).

España. Incuestionable Estado con páginas del oro más puro en su historia. Pero con borrones de negra tinta. Este fue uno de ellos, nada menos que nos costó ser la primera potencia naval para dejarle este honor, por más de un siglo, a Inglaterra. Pero de los errores aprendemos, y yo he sugerido tres aspectos a tener en cuenta: honra a los que hicieron algo por España, orgullo por un pasado difícilmente igualable y aprender lecciones de honor, de valor y de ética y moral para el futuro. Así sea. 

2 comentarios:

Santi dijo...

Presupones que la clase política (y la empresarial) conocen la Historia de España antes de la Guerra Civil de principios del siglo pasado.

¡Iluso!

PS: ¡Que viva Aragón y los "oregoneses"!

David R.Jiménez-Muriel dijo...

¡También es verdad! Siempre nos quedarán un puñado de páginas para que al menos, algunos cientos lean algo más que crónicas rosas. En ello confío.