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jueves, 22 de septiembre de 2011

Profesores

No puedo ya defenderos más; os habéis quedado sin excusas y sin disculpa alguna con esa actitud torticera y ese pulso ingrato que, no sé bien si se trata de un complot partidista o es que en efecto sois así. A mí nadie me tiene que contar la tarea del educador, del profesor de enseñanzas medias, porque vivo con una desde el día de mi nacimiento. Mi progenitora ha protagonizado escenas incomprensibles dado el ambiente embaucador que la rodea: ni la rotura de dos costillas le impidió cumplir con su tarea y acudir, en un mar de dolor, a la clase diaria. Pero nadie tiene que explicarme que se trata de una raya en el agua, una noticia de portada de diario, si me apuran.

He podido oír cómo muchos de sus compañeros forzaban comisiones de servicio; cómo alargaban bajas con la complicidad de algún médico amigo; cómo se quejaban por una permanencia total en el centro de 21 horas. No conozco a ninguno que, sin ser parte del equipo directivo, esté 25 horas de permanencia semanales. Y tengo la fortuna de haberme topado a lo largo de los años con decenas de profesores de secundaria, y digo la cifrad de “decenas”, no sea que diciendo la cifra real algunos crean que falto a la verdad y tomen estas líneas por un panfleto incendiario.

No estoy en contra del profesor, porque he visto en mi propia madre cómo el amor a la profesión y la motivación y la inquietud por el trabajo desempeñado hace que las horas de dedicación se multipliquen. Ella me ha demostrado una y otra vez lo mucho que le duele llevar a buen puerto su tarea de educadora, pero no he percibido idénticas responsabilidades siempre, en otros tantos. Porque aún resuenan en mi cabeza, degustando el pionono de Isla, cómo una docente granadina hace ahora dos años se reía a mandíbula batiente de la situación que se vivía. Entonces no había recibido una bajada de sueldo, y el IPC decrecía, de modo que aseveraba vivir mejor en crisis que sin esta.

El funcionariado público ha recibido demasiadas puñaladas a lo largo de la historia. Muchas de manera injustificada. La excusa siempre es la misma para los trabajadores de la cosa pública: “nos tienen envidia”. Y el aserto no es ni de lejos, veraz. No todos los que han manifestado su contrariedad a los muchos excesos cometidos por el funcionariado sienten envidia de un trabajador que se ha ganado (ojo, se ha ganado) la posesión de su contrato blindado. Porque funcionarios son los médicos que al menos, tienen que trabajar 35 horas semanales, mientras el profesor no alcanza las 25 horas. O la Guardia Civil, jugándose el tipo por un sueldo rastrero. O el bombero, el policía, el militar cosido a proyectiles en las arenas afganas...  Y luego está el de clase B, o C, o D... el de mesa, silla, ordenador y café de horas. El de bajas por cualquier cosa, siempre buscando no superar el límite que afecte a su sueldo. Porque existe el funcionario que no tuvo que aprobar unas oposiciones para lograr su codiciado estatus laboral. Y eso, es de juzgado. Pero no de guardia.
Los profesores madrileños y manchegos han puesto el grito en el cielo por dos horas más de trabajo. Porque a lo mejor, este curso pasan a casi trabajar 25 horas, y por supuesto, de estas no todas son en el interior del aula, tiza en mano. Se han revuelto contra una medida que no es justa, es necesaria. Se han puesto a patalear, clamando huelgas y lanzando mentiras contra el gobierno autonómico de Aguirre y Cospedal. ¡Dos horas! ¡Cómo si les hubieran pedido concluir ellos solos el corredor del mediterráneo a pico y pala! Mientras millones de españoles alcanzan las diez, las doce, las catorce horas diarias de trabajo. ¡Tiene guasa!

Las primeras mentiras fueron atacar a los consejeros de educación. “Miente, que algo quedará”. Y así ha sido. Aunque no se recorten las ayudas a comedores, libros, transportes o becas, ni se recorte en adquisición de material, ni se vaya a ver afectada la calidad de la educación, ellos pretenden que comulguemos con sus abyectos postulados: sus hijos sufrirán las consecuencias”. Y todo ello porque trabajaran en vez de 18, 20 horas a la semana dentro de un aula, y no llegarán a las 25 en el centro. Y eso que como funcionarios, qué menos que se les exija 35 semanales. ¿Demasiados desmanes?

Luego vendrán a contarnos que su trabajo prosigue en casa preparando la asignatura del día siguiente. ¡Y nos vamos a creer que el déficit de horas de trabajo, entre 5 y 20 horas semanales, son invertidas en los domicilios de cada uno de ellos preparando las asignaturas que han de impartir. Cómo si los demás no hubiéramos tenido nunca amigos, familiares, o convivido con docentes que en efecto, prosiguen en casa su trabajo en el aula, pero ni con esas, como para igualar en horas al resto de funcionarios, por no decir ya de trabajadores autónomos de este país.

El día que un Gobierno pague a sus trabajadores de la cosa pública en función al rendimiento, objetivos, productividad y valore en efecto su capacidad y su comportamiento, el funcionariado dejará de ser el niño mimado de un país que ya no puede aguantar más vagos ni más chupópteros. Porque a nadie se nos escapa que muchos de estos que hoy patalean, sienten escasa vocación y afinidad a su trabajo; más bien buscaron la tranquilidad per seculae seculorum de sus ingresos mensuales y la comodidad de su puesto laboral. Y así, la función pública española tiene a trabajadores forzados, que no motivados. Y así, cuando algunos con más titulaciones, formación académica, capacidad laboral e inventiva y participación económica (y permítanme que ponga como ejemplo a Manuel Peregrina, que hundiría en la miseria a más de un funcionario de educación y podría haber sido uno de ellos, pero su código laboral, ético, perfectamente ético, se lo impidió siempre) echan 40, 50 o tal vez 60 horas semanales, otros, se quejan por dar 20 horas de clase.

Fuera, llueven cinco millones de desempleos, déficit, deuda, empobrecimiento y 13 millones de españoles en el umbral de la miseria. ¡Ahí es nada! Pero el profesor, como funcionario de bien, debe ser intocable... Den gracias a que no me dedique a la política, porque se iba a acabar la cuerda que tiene prieto a tanto chorizo. 

P.D. ¿Algún profesor se ha preguntado en sus largas protestas y pataletas si tiene algo (parte, porción, trozo, fragmento, cuota, proporción o cantidad) de culpa del pésimo nivel educativo en el que se encuentra España? ¿Hablamos ahora de bajada de sueldo, de más o menos horas de trabajo, o lo echamos la culpa a la Administración, los padres y los alumnos? 

5 comentarios:

J. Carlos Medina dijo...

Con todo lo expuesto no me queda más remedio que estar de acuerdo salvo por un detalle: Se ha quedado corto.
El profesorado madrileño ha venido a confirmar el maniqueísmo político que existe ya que resulta sospechoso, muy sospechoso, que solo en las comunidades gobernadas por el PP se produzcan las manifestaciones y huelgas. Sabiendo todos, como sabemos, de los recortes que ha realizado la administración ZP.

Tener mi hijo a su tutora de primero de E.S.O. dada de baja prácticamente todo un año, con la consiguiente pérdida de horas de clase, ya que no le pusieron ningún sustituto, a priori pudiese resultar simplemente indignante, pero ver como esa misma profesora dedicaba sus horas de baja a jugar al pádel y a llevar una vida palaciega sin el más mínimo rubor, además de indignante resulta repugnante.
¿Tenemos que pensar que todo el profesorado es igual? No. ¿Hay más de la cuenta? Sí
¿A quién beneficia esta actitud agarrafelinesca (relativo a pillatigres)? Pues a nadie. Mientras en este país no se tenga una conciencia de colectividad honrada, seria y sin pretender el beneficio propio a la corta y sí el común a la larga no habrá sector social, económico y político que no esté viciado y afectado por una podredumbre que si se extiende en demasía llevará al traste con todos los logros sociales y económicos conseguidos.

David R.Jiménez-Muriel dijo...

"Agarrafelinesca" G E N I A L

monaguillo dijo...

No sólo creo que tienes mucha razón en lo que expones, sino que además creo que te has quedado corto. Soy hijo de docente y convivo con otra más... y se bien lo que dices.

Evidentemente un profesor está sometido a un estrés laboral diferente al de otros trabajos (estar todo el día rodeado de alumnos está al alcance de muy pocas templanzas), y yo he podido comprobar directamente la ilusión y el trabajo extra que se pone cuando se está empezando algo nuevo, o cuando se les otorga un cargo directivo que necesita de un pequeño apoyo al horario docente estricto, o simplemente cuando se inicia y se acaba cada curso y se les vienen encima programaciones, horarios, evaluaciones, reuniónes y temas similares...

Hasta ahí vale. Pero ninguno puede negar (en líneas generales, porque puteados hay en todas las profesiones) que el de educador es un trabajo privilegiado, que ni mucho menos exige "diariamente" una atención mayor de la que tiene que tener en su respectivo centro laboral, que para contrarrestar el estrés mental tienen muchísimo tiempo libre (sin jornada partida) y unas buenas vacaciones diseminadas a lo largo y ancho del año y que además tienen complementos salariales que les incrementan los ingresos.

Con la que está cayendo para todos (yo soy autónomo y pequeño empresario, así que NADIE tiene que darme lecciones de crisis), creo que un pequeño ajuste de horas no justifica tanta queja y tanto grito en el cielo.

Que tienen un trabajo de responsabilidad... SI, que están sometidos a estrés... SI, que de vez en cuando echan alguna horita extra... SI, pero vamos hombre... no me jodas. Si ajustara yo las horas que echo a la semana para no ganar nada...

Y ese soniquete triste y pueril de "ahí tienes los libros, cógelos", intentando evidenciar una falsa envidia que no lo es, además es ridículo, porque en mayor o menor medida, los libros los hemos cogido todos para hacer lo que hacemos. La simple diferencia es que unos nos quejamos de formas menos "politizadas" que otros.

Un abrazo.

Ralph dijo...

Lo triste de ese colectivo, al igual que el funcionariado en general, es que por un mal interpretado corporativismo se está permitiendo que el cesto se llene de manzanas podridas. Llamese liberados sindicales, viva la vida y demás impresentables que pululan en la actividad pública. Si tuviesen un poco de dignidad hubieran salido a la calle por los millones de padres y madres que están en paro y que no tienen recursos, eso sí valdría una huelga general, pero las ideologías subyacentes entre la representación sindical de los mismos los mueven como borregos cuando el color político que los gobierna no es afín a sus colores.

Santi dijo...

Una vez el Sr. Fenoll me comentó una cosa muy interesante, que creo implantó Napoleón. El funcionario pues es verdad que no se despide, pero si no cumple, se traslada... y sin privilegios.
Por ejemplo, por seguir en el gremio, el mal docente, pues no escarmientas... de Cúllar (Vega o ex-Baza) a Cazalla de la Sierra (norte de Sevilla) y, para reincidentes, a El Ferrol (del Caudillo).
Tengo esa ilusión... que no se cumplirá, pues para llevarlo a cabo debe haber una supervisión y gestión similar a la empresa privada (grande, pero sobre todo pequeña) y el corporativismo no da más de sí.

Como caso de que lo público funciona bien cuando se plantea bien el Hospital Costa del Sol en Marbella: público de gestión privada. Una familiar, con puntos para venirse a Graná o a otro lugar sigue allí porque además de la "eficiencia" en el equipo de trabajo del que participa tiene recursos ajustados al trabajo... lo que no le ha ocurrido en otros sitios que ha trabajado, sea Andalucía o Murcia (para poner los dos sitios, uno con PSOE y otro con PP).

Habría que actualizar la función pública, dando un servicio similar al actual al ciudadano pero cambiando el modelo para que sea eficaz. Es complejo... y doctores tiene el Estado... pero en cuanto la crisis se ha asomado el sistema se tambalea, pues somos un gigante de pies de barro.

Os recomiendo el libro "Para comprender la crisis" de G. Tortella y G. Núñez, catedráticos de la UNED... especialmente el capítulo de la burbuja académica, más preocupante que la inmobiliaria y que es sintomático del modelo educativo que tenemos... y los frutos que da.