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viernes, 2 de septiembre de 2011

Hasta pronto, Motril

Hace ya años que José Luís Cabarrocas pronunció una de las mejores definiciones habidas y por haber sobre Motril. Algunos posiblemente no sabéis de quién os hablo. Es fácil de resumir: un filósofo epicúreo y castizo involucrado con el deporte, las Cofradías y el trato amable y cariñoso al motrileño. Un hombre con muchas prisas por marcharse de aquí y que no será fácil olvidar. Pero lo nuestro hoy iba sobre su aserto, su definición: "Motril es como una chavala de 15 años; ni es mujer ni es niña". Y no le faltó razón alguna en la descripción de esta ciudad con más de mil años de historia y que supera hoy los 60.000 habitantes, pero cuyo principal mal siempre ha sido no saber qué quiere y cómo lo quiere. Porque Motril a veces juega a ser una mujer, cuando es, para según qué cosas, una niña, y otras se envuelve en la melancólica imagen de la niñez y sin embargo debe estar llamada a ser mujer cuanto antes. A veces arrastra los males de una ciudad grande pero sin los encantos de un pueblo. Y así sigue, 1.000 año ya, buceando en tormentosas aguas en busca de un puerto futuro. 

Pero los que tenemos buena parte de la sangre de sus mayores corriendo por nuestras venas, los que fuimos bautizados con doble nacionalidad localista y una de ellas es la motrileña, y los que hemos dejado la piel y mil resuellos en aumentar y mejorar según qué aspectos de su cultura o de su identidad histórica, nos podemos permitir el lujo de escribir de estos pagos porque lo hacemos con la firme voluntad y el incansable propósito de verlo prosperar, crecer y hacerse "una mujer de provecho". 

Después de un mes y medio, el estío ha dejado citas, encuentros, tertulias, cenas y charlas que habrán moldeado mi vida y las de aquellos que han querido compartirla conmigo. Voy a ahorrar la retahíla de nombres porque ellos saben bien quiénes son. Empezando por una familia (primos a la cabeza) que han sido siempre el mejor de los pegamentos posibles para mantenerme adherido a esta tierra. Y también voy a ahorrarme el escueto y reducido listado de envidiosos, de trepas, de hipócritas, de falsos, farisaicos, impostores y decepcionantes individuos que un día consideraste amigos tuyos. En Motril, el agua tiene demasiada cal, no encuentro otra explicación. O bien, la concentración de humedad que provoca este absceso de "hijaputez" que un par de tarados han venido a patentizar. Son daños colaterales para tan impresionante disfrute como este verano mío en mi Motril, me ha reportado. 

El mismo día que llegué supe que un día como este habría de sucederse. Por mucho que uno beba los vientos por esa señora milenaria e incontestable que se llama Granada, marcharse de la tierra de la infancia (dice el poeta que la única patria del hombre es su infancia) siempre cuesta. Pero uno emprende nuevas etapas, distintas metas con un cargamento verde que se llama esperanza. Y en ella deposito los deseos para mi regreso, que se hará esperar, caprichosa mi "madre Granada" y zalamera ella, por lo que salir de sus dominios es casi una proeza recogida por Salgari o Verne. El caso es que a mi regreso, me encantaría una sociedad definida por sí misma y no al rebufo de su clase política. ¡A fin de cuentas, los políticos no son más que la expresión última de la sociedad que los ha escogido, y son tan motrileños como los que decidieron investirlos en el Gobierno!

Deseo, con el ahínco mayor posible, que en Motril la cultura no sea reducto de unos pocos o excusa de alguno que otro para satisfacer una vanidad cultivada entre la hipocresía. No es recto eso. Deseo igualmente que a todos por igual les duela lo que les acoge, lo que les vio hacerse hombres, lo que costó labrar desde al menos 1491. Y 520 años de esfuerzos no pueden arrojarse por la borda. 

Con su patrimonio y su urbanismo perdí la batalla hace mucho. Con la ilustración de algunos sobre aspectos históricos que hagan pensar y reflexionar, me desentendí a la vista de los mefistofélicos resultados. Con la fe en el cambio, prosigo. Motril puede ser más que un sueño especulador para el inversor privado y por supuesto, más, más, mucho más que un oasis de vega fértil. En 2011, no se come ya de eso. Y todo empieza por cultivar, sí, pero la sesera de los suyos. Por ir atrayéndolos hacia el mundo de la ambición (y que no sé si satisface un barco rumbo a Melilla cargado de musulmanes) y por supuesto, por extirpar a los que se consideran padres de algo y no son más que tumores cargados de hipocresía, vanidad y rauda prontitud en cambiar de chaqueta y adular a alguien nuevo. 

Me voy con una nostalgia incontenible. Han sido muchas tardes y noches en la mejor terraza del mundo, con la mejor compañía posible. Salidos del cuento de las "mil y una noches" o en la piel de un par de turistas escandinavos; han sido, una vez más, muchas noches de conversación ilustrante y acertada con el primo de los primos, y de risas y camaradería con primos de primera. O de cafés, de motrileñismo en las tertulias, de procesiones de siempre, de amigos sacerdotes, de amigos de siempre y de playa y sal mediterránea a sorbos cortos y pequeños. Han sido muchas ocasiones propicias en este mes y medio para ver cómo experimenta un gran cambio tu panorama laboral y personal y para saberte entristecido por el adiós, que por otro lado, hace un mes y medio, ya intuías inevitable. 

Motril es un reducto con muchos fallos, más de los que le corresponde por extensión y población. Pero como el padre de esa criatura fea a rabiar, a la que alabas en relación a su tamaño, su voracidad, su buen comportamiento o cómo viste, no deja de ser tuyo. Y en mi caso, aunque muchos necesiten que les demuestre la procedencia de mi ADN localista, que queda más que a salvo entre las tentadoras aguas granadinas y motrileñas, y no cejaré nunca de entenderlo así, critico Motril porque me duele, y seguiré en la porfía de hacerlo prosperar, a mi manera. 


Me voy. Para muchos será una bendición. Otros cobardes suspirarán de alivio, aunque sepan que estarán obligados a encontrarse conmigo a mi regreso. ¡Y en mi propia casa! Otros (los que menos, un par mal contado) echarán de menos tan buenos ratos, y otros se recorrerán media España si así fuera menester para verme en la mejor tierra del Mundo, o al menos, la mejor que pueda soñar, donde todo (lo bueno y lo malo) es posible. Les esperaré con la fraternidad y la verdad leal de la que soy capaz. 

Gran verano. En la orilla de la Playa de Poniente se han quedado muchas preocupaciones y muchas quejas lastimeras de ayer. En mi piel, el tatuaje de agosto. En mi memoria, recuerdos imperecederos, para lo bueno y lo malo. En mi corazón, la tierra de parte de mis ancestros y mi casa, por derecho propio. Y los dos sabemos, que volveré... ¡Tengo que empanar un melón todavía! ¿Verdad jiennense?

1 comentario:

Jesús Ortiz dijo...

Me recorreré media España sólo para ver como empanas un café con leche y un Larios tónica. Ya descuento las horas para asistir a tan sorprendente acontecimiento. Prepara el huevo y el "pan rallao" y hazme hueco en la cocina...

Nos vemos antes de lo que imaginas...

Un abrazo "emborrizao".