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miércoles, 21 de septiembre de 2011

Fragmento de la Presentación de Cartel del Rosario (Capitana y Co Patrona)

¿A quién encargó tu hechura
de vestal inexplorada
el cuarto Señor de Gor?

¿Y qué mano te labrara?
¿Con qué escuela y autoría,
con qué habilidad enlaza
el semblante aristocrático
donde asoma tu mirada
y tus apolíneos poses,
tu factura delicada,
tu quietud tan expresiva,
tu altanería delicada
y esa manera tan tuya
de llevar sin pesar nada
al Amor de los Amores
sobre tu mano pujada?

¿A quién el Señor don Diego
de aquel “Quinientos” de España
pidió la certera gubia
de tu maternal labranza?

Nos llegaste y bendecida,
proba, solícita, cándida,
sedujiste al Almirante,
al benefactor de Malta,
al temor de los franceses
al de la cruz de su espada
y en la galera inocente
que te sirvió de peana,
sometiste al enemigo,
como si fuera una barcia,
fatigaste al otomano
y a sus crueles cimitarras
y desarmaste en amores
al milanés que por Papa
consagró para tu Fiesta
(porque vinieses de Hispania)
el mes de los “Nuevos Mundos”,
el mes de Dios en la llama
de todos los españoles
que su mensaje propagan
por los confines distantes
por la Iglesia y por la Patria.

¡Si te viera el buen don Diego
y su mujer, que prestara
su traje blanco de nupcias
para que en Ti nos causara
la misma Imagen del Cielo
y las cuentas de tus gracias!

¿Y los hechos imposibles
con que nos manifestaras
tu demencia de ternuras,
tu predilección, vesania
sacratísima, tu amor
como demencia o insania
por los hijos de este pueblo
que te devuelven tus mañas
envueltas en devociones
y en dominicas tonadas?

Porque así nadie se olvide
del milagro de tus lágrimas
de un 1670,
de un Domingo, de una Pascua,
un seis de abril por más señas
cuando piadosas terciarias
de tu Orden, el azote
de las falsedades cátaras,
ejerciendo sus labores
de camaristas, limpiaban
sin salirse de su asombro
con su guarecida palia
aguas de amor en tu frente,
gotas de vida en tu cara,
muestras de tu autoridad,
linfa milagrosa y santa
que al mismo Pedro Atanasio
Bocanegra fascinara
de modo que ese sudor,
aljófar de tu mirada,
muestras de tus privilegios,
de tu verdad acendrada
fue el más claro testimonio
de tu merecida fama.

Ah, Señora Dominica,
volviste con nuevas salvas
mientras tu ciudad moría
de la bubónica plaga
para servirle de faro
haciéndote su atalaya;
para servirle de foco
y que por Ti se alumbrara.

Para hacer de su baliza,
y dispensarle la lámpara
con la que viera la forma
de escapar de la guadaña
de la epidemia funesta
que prendía su milgrana
de muerte y de sobresalto
por la hacienda de tu Casa.

¡Y qué milagrosa forma!
¡Qué azarosa y sintomática!
¡Qué portentosa cometa!
¡Qué claridad extraordinaria!
¡Qué astro tan prodigioso
¡Qué sobrenatural llama
en el frontis de tus cejas
en tu faz limpia y arcana,
enigmática, insondable,
milagrosa, que sanaba,
a aquella que no veía,
a quien jamás escuchara
y devolvía la salud
a una enferma desahuciada.

Los treinta y ocho testigos
de las artes te señalan
y al fin un doce de octubre
(la Hispanidad ante tus plantas)
no pueden más que decirte
en un pregón que no acaba,
 Señora de las Victorias,
Sanadora de las Almas,
Protectora granadina,
Dueña de mares y aguas,
lucero del Realejo,
trono de Santa Escolástica,
Capitana de las vidas
de los muchos que te aman
Copatrona de tus feudos
y promesa coronada
porque Rosario, Señora
eres Madre de Granada

1 comentario:

AJCL dijo...

Verdaderamente nunca habia escuchado algo como lo de esta noche, verdaderamente portentoso,(tan es asi que no te he felicitao)
enhorabuena!!!!!