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jueves, 25 de agosto de 2011

Si tú me dices ven lo dejo todo... pero dime ven

A estas alturas los que me conocen saben bien que he terminado por hacer de la lectura una pasión con pocos límites y cuando uno suma centenares de libros a su personal listado, termina por exigirle a cada nueva novela un listón mediano y cuando menos decente. Así las cosas empecé el verano con el más atrayente y recurrido de los géneros, al menos para el que suscribe. La novela histórica, cuando tiene un mínimo de rigor y mucho de imparcialidad puede sumir al lector en un universo de claves y enseñanzas extraordinarias. Y no ha mucho que cae en mis manos el libro que da título a esta entrada. Su completa lectura me llevaba una hora y media. Su accesibilidad, agilidad narrativa, su dinamismo argumental, su filosofía nada enrevesada pero a flor de piel, terminó por producirme una sensación que en todo caso, llevaba tiempo sin experimentar con otro libro: seducción. 

"Si tú me dices ven lo dejo todo... pero dime ven" tiene un componente de sugestión que había encontrado en libros de Marcel Levy, o en "La cena" de Herman Koch. A estas alturas, que sin más pretensiones que el del entretenimiento y sin dosis de intelectualidad un autor contemporáneo alcance la hazaña de divertir y de producir momentos para la reflexión en el lector, es digno de alabar. Y la obra de Albert Espinosa que ha motivado esta entrada, tiene todo eso. 

Los que leemos con fruición, con avidez insaciante sabemos al dedillo todo esto. Ya no nos convence cualquier cosa, aunque bien es cierto que podemos leer cualquier cosa, aunque nunca será lo mismo. Y para muestra, un botón: antes que "Si tú me dices ven..." acabé "El laberinto de la rosa", de infausto recuerdo y de ominoso impacto. Porque el autor actual quizás tiene que cumplir con la petición formal de una editorial de entregar un escrito que alcance varios centenares de páginas, tenga una trama que ha pasado desapercibida a la humanidad en estos últimos 500 años y a ser posible, señale al cristianismo (el de la Iglesia Católica o cualquier otro credo que siga a Jesús) como especialmente virulento. Y cuando uno ha de rellenar porque sí decenas de páginas saltando de los temas clásicos e imperecederos como el amor a los de la historia (manipulada o no), al arte, la intriga, el suspense (blando e incapaz) y sabe Dios cuántos otros recursos, el resultado no es otro que el que merece una descripción rotunda y expresada en "román paladino"... UN TOSTÓN. 

Albert Espinosa ha dado en el clavo. Sin más. Como lo hizo antes Manuel Maristany, Ildefonso Falcones y liderando mi personal parnaso, don Arturo. Así, sin necesidad de apellidos. Si un libro entretiene, ya ha cumplido su objetivo. Si además instruye, se está convirtiendo en uno de esos imprescindibles. Como encima sea capaz de hacer pensar, para bien o para mal, merece entrar en el Olimpo de las letras. Y en efecto en ese cielo literario hay muchas obras y muchos autores. No digo que Albert Espinosa haya conseguido una hazaña tan altísima. Pero "Si tú me dices ven lo dejo todo... pero dime ven", es cuando menos una de las lecturas más recomendadas, asequibles, llanas, provechosas y que gusten de los últimos años. Y algunos dirán que viendo cómo está el patio de las letras, no es mucho decir. Tal vez, pero merece la pena hacerse con el libro. 

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