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martes, 23 de agosto de 2011

Jornadas Mundiales de la Juventud 2011


Al final hemos asistido a la segunda mayor concentración de personas de la historia de España. Se ha casi alcanzado la cifra de dos millones de personas... Al final, los beneficios pueden situarse en casi doscientos millones de euros... Al final, la imagen de España y de Madrid en particular ha recibido un apoyo publicitario impagable, por lo que las críticas hacia el coste (en cuanto a dotación policial, rebaja en el precio de transportes, refuerzo del servicio de limpieza o cesión de espacios e infraestructuras) de este evento, ha terminado por producir una risa que no puede pararse. 

Al final, aquellos que no saben nada de nuestra Iglesia y mucho menos de las cuestiones papales, que radicalmente critican a Benedicto XVI porque creen que es mucho más papa Juan Pablo II, han visto como los jóvenes de 193 países están con el sucesor de Pedro, porque este siempre lanza el mismo mensaje, sea quien sea, venga del país que venga, haya tenido la historia personal que fuere en sus espaldas ancianas. Y el cardenal alemán, el teólogo insuperable, el hombre de Dios que fue llamado a la Cátedra de Pedro no dice nada que sus antecesores no dijeran, ni condena lo que los anteriores no hicieran ni se preocupa por las cosas que los que antes que él estuvieron no se preocuparan. Y además, nos está dando a los católicos un nuevo orden, un nuevo impulso... Un rotundo esfuerzo el suyo porque no se diluya entre mensajes intrascendentes la verdad de nuestra Iglesia y su historia. 

Al final, insisto, las Jornadas Mundiales de la Juventud que durante cuatro días han pintado Madrid de alegría, de multiculturalidad, de espiritualidad y sobre todo de una necesaria alegría y un canto a la esperanza que tanto necesita este país, han sido un rotundo éxito. En poder de convocatoria, en provecho para los asistentes y para los que hemos estado pendientes de las palabras de Su Santidad, y hasta en beneficios económicos. Y nada de lo que empezó siendo un sinsentido de críticas puede, al término de las mismas sostenerse. 

Al final, esto sí que va a servir para cuestionar otras tantas cosas: porque en el mismo criterio de cuantos han procurado arruinar la reunión de los católicos del mundo en Madrid, muchos ahora podemos esgrimir sus argumentos y preguntarnos ¿por qué hemos de pagar todos un cine ruinoso que no beneficia nada más que a unos pocos? ¿Por qué hemos todos de pagar a unos sindicatos que en los últimos tiempos han dado muestras de su inoperancia y de su incoherencia? ¿Y por qué hemos todos de sostener a colectivos infinitamente menos numerosos que reciben cuantiosas ayudas públicas? ¿Y por qué hemos de buscar muertos cuando los vivos están muriéndose en nuestras calles a diario? 

Al final, al final.. Sí... Al final, hemos visto que la cara de los que han intentado vendernos lo muy demócratas que son, no es otra que la de la intolerancia. Hemos sido testigos de la incultura pública, cuando nuestro Estado aconfesional no puede negarse a cualquier manifestación pública de un credo o fe, y debe garantizar que aquellos que tomen parte de ella, puedan hacerlo en libertad. Y al final, resulta que chicas menores de edad, visitantes, turistas, han sido agredidas por los progresistas, izquierdistas en definitiva, que propugnan el totalitario eslogan de "arderéis como en el 36" y dan muestras inequívocas de qué nos espera a cuantos en este 2011 seguimos sintiéndonos católicos. Porque estamos orgullosos y no nos avergonzamos de seguir, o al menos de procurarlo, a Aquel que dio el mejor de cuantos mensajes posibles ha escuchado nuestra Humanidad en todos estos años que tiene echados en sus espaldas... Cristo. 

Al final, os habéis quitado la careta. Pero Su Santidad Benedicto XVI, vino, vio, venció y convenció. Porque a pesar de nuestros fallos, seguimos siendo el instrumento del bien en todo el mundo. Y dentro de dos años, Río de Janeiro seguirá diciéndole al Mundo que todo esto vale la pena. Y jamás nos podréis detener. Porque ni los leones imperiales lo consiguieron. 

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