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viernes, 26 de agosto de 2011

Joaquín Sabina

Curiosas las semanas que llevamos leyendo las opiniones de nuestros cantantes y actores en referencia a las posibles elecciones del 20 de noviembre y a la presunta victoria del Partido Popular, que quizás (y digo quizás) obedezcan a una campaña de promoción de izquierdas encubierta, porque las opiniones que oímos parecieran dirigidas, habida cuenta de su parecido y sus reflexiones tan extraordinariamente análogas entre sí. Hace unos días era el turno de Fernando Tejero, preocupado por decir que era de izquierdas, cuando la realidad es que sólo un artista de derechas puede sentirse así, ya que no habrá uno que haya recibido críticas de sus mismos congéneres creativos por definirse progresista, pero no sé si recordarán la que se montó con Lourdes, cantante de Russian Red cuando se decantó por una postura ideológica conservadora, oyendo de autores como Andrés Calamaro, por ejemplo, que era poco menos que una descerebrada. 

Me huelo que en efecto, se les ha dado demasiadas prebendas a según qué ciudadanos, como si el simple hecho de trabajar en lo que a uno le gusta y además hacerlo bajo la perspectiva de la creatividad supusiera un escalafón mayor que el del resto de millones de españoles, igualmente formados e intelectualmente preparados para ciertos puestos de trabajo pero que en ningún caso reciben subvenciones, estipendios económicos y otros pareceres. Jamás he visto a un licenciado, quizá doctor, recibiendo generosas contribuciones económicas de las administraciones públicas, pero no he de descubrir yo ahora qué altruista y derrochadora cuantía estatal se destina a un cine que cada vez ve menos gente y termina siendo más ruinoso. 

Intuyo con la certeza casi consumada del que no necesita ser detective para llegar a esta conclusión, que actores como Fernando Tejero andan verdaderamente inquietos porque un nuevo Gobierno, no ya por medidas lógicas de austeridad, sino por coherencia para con el resto de contribuyentes, decida suprimir las abultadas subvenciones al cine. Y menos entiendo que los autónomos de este país, con el pequeño y mediano comercio a la cabeza, no haya decidido ya montar la del Dos de Mayo y exigir que al igual que un colectivo es agraciado de manera ilegítima, no reciban ellos tratos de favor tan especiales. Si a esto sumamos que el cine español, de un tiempo a esta parte, es decididamente de izquierdas, abierta e ideológicamente posicionado, la ecuación es bien sencilla: todos (de derechas y de izquierdas) pagamos algo cuyo coste se emplea en denigrar a buena parte del pagador obligado de suerte que terminamos siendo TONTOS DE BOTE, costeando un producto que nos insulta y agrede credos y maneras de entender la vida. 

Así las cosas, sería yo el primero en apoyar una medida del PP en el Gobierno que acabara con estas fabulosas cuantías económicas que recibe el cine y otros colectivos de autores, y para muestra un canon que ya la Unión Europea consideró ilegal. La supresión de estos privilegios de zotes, incongruente, asusta a unos pocos. Los mismos que vienen demostrando una falta de sentido común aplastante. Porque lo mismo protestan por una Guerra que al poco, toda vez que se produce otro conflicto distinto más virulento y mortal, no se les oye. Y luego producen un cine que siempre se va a mover en el periodo temporal que va desde 1936 a 1975, van a reflejar una Iglesia abusadora, acosadora y violadora y una derecha sanguinaria y asesina. Pero eso sí, sin importarles que buena parte del dinero que reciben, REGALADO, provenga de un amplio conjunto de robados contribuyentes a los que están directamente insultando con su bazofia convertida en arte por la varita mágica de este Gobierno pésimo e incapaz. 

El último (por el momento, auguro más) ha sido mi siempre idolatrado Joaquín Sabina. Alguien que no necesita de gestos como el que le llevó a participar en la campaña última del peor presidente de la historia de España y con probabilidad, de la Europa occidental de los últimos 50 años. Una realidad que avalan los datos, la crítica situación social y para colmo, las risas que despierta tan infame personaje entre sus colegas europeos. Pero Sabina se metió en el proyecto de imagen aquel que consistió en arquear la ceja y dibujarla con dos dedos. Y no seré yo el que le corrija sus propias actuaciones, en primer lugar porque considero que cualquier español que escogiera en su momento la opción socialista, no ha de ser responsable de los desmanes interminables que han producido los pseudo obreros-socialistas españoles, pero sí han de reflexionar en conciencia y pensar que darles de nuevo el voto, al menos para mí, merece de una reprobación inmediata y de una calificación verbal contundente: irresponsables, amorales y por supuesto, cínicos y estultos. 

Al hilo de esto me viene a la cabeza que algunos países se plantearon, cuando no procuran implantar (es el caso de Hungría) una ley que haga penar a los malos dirigentes. Creo que evitaríamos muchos males a nuestra hundida España. No me temblaría el pulso por abrir las diligencias oportunas contra ministros que en dos días hacen de un presidente un economista, o verdaderos zotes como Caldera, Blanco, Pajín, Aído, Calvo... Y cómo olvidar al ministro que cada vez que hay una crisis ostenta la cartera de economía, Solbes. Porque yo no dudaría en enjuiciar a Zapatero. Creo que no se puede ir de rositas, tras aumentar casi 3 millones de parados, destruir más de 2 millones de puestos de trabajo, legislar para una parte de la sociedad, aumentar hasta cifras coléricas el déficit y la deuda, sumir la credibilidad de España en la hondura más negra y enfrentar de nuevo a unos y a otros con leyes y discursos que han reavivado las casi mortecinas ideas políticas que hace décadas hicieron de esta nación el escenario del rencor y de la muerte. No tengo ninguna duda: merece un castigo que por contra, no será otro que una paga vitalicia y prebendas sociales. 

Por eso, cuando alguien de la aplastante intelectualidad, de la soberbia capacidad creativa, de la incontestable genialidad de Joaquín Sabina es capaz de decir que le asusta, que le da miedo que gobierne la derecha, y hace suyas las imágenes del cine español trayéndonos el recuerdo del nacionalcatolicismo, me pregunto si estas aseveraciones tan erróneas, por supuesto irrisorias y absolutamente mentirosas, no obedecen a un pago de favores. ¿A quién le debe algo? ¿Qué promesas ha recibido? Porque de no ser así, he de pensar que el inigualable Sabina debe estar padeciendo de una insuficiente actividad neuronal. Y dicho esto, me preocupa más que haya sido capaz de decir que le parece obsceno la imagen de chavales de 20 años entre monjas y confesionarios en las pasadas Jornadas Mundiales de la Juventud... Porque resulta que Sabina, que tendrá pocos rivales en el mundo del lirismo, de lo poético, de la capacidad de transmitir, sin embargo no creo que sea ejemplo de nadie y de nada y mucho menos alguien que pueda venir a decirnos que le parece obsceno que los jóvenes practiquen libremente lo que deseen, más que nada porque Sabina, tiene mucho que callar y poco que reprender. Y todo el mundo entiende a qué me refiero. 

Lo dicho... El susto de Vicente Aranda, o de Fernando Tejero, tal vez de Sabina no es otro que el de perder presuntos favores, presuntas prebendas, presuntas pero extraordinarias cuantías económicas... Lo que sí es cierto es que el votante que se ha equivocado y ayudó con su elección a que ganara Zapatero, no podemos enjuiciarlo. Pero el que persiste tras el ruinoso y vomitivo estado en que se encuentra España, merece cuando menos que el resto de los electores nos planteemos si no tienen acaso la misma responsabilidad que la mano ejecutora de tamaños desmanes. Y a resultas de esto, creo que el mal gobernante, ha de pisar una cárcel. Así se dará cuenta que vivir durante años a costa del resto y jubilarse entre montañas de privilegios puede funcionar, o no. Hasta entonces, nos esperan meses de campañas encubiertas, indignaciones artísticas, cejas en alza y mucha pancarta... La que tan bien conocen Loles León, Concha Velasco o los Bardem, artista de la farsa, de la inmoralidad y de la falta de conciencia. Así se les aparezca el alma de los militares que murieron en Afganistán para recordarles que las guerras son igual de malas, las mande la derecha o la izquierda. 

Y no os preocupéis más, queridos cienastas, actores, cantantes... A cada cerdo le llega su San Martín.  

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Plas plas plas plas plas plas plas .......

monaguillo dijo...

La última foto es el fiel reflejo de la supina ignorancia que esos artistas tienen de lo que se mueve dentro del propio partido en el que militan.

Alguno de ellos está metidito de lleno también en el lio de la SGAE ¿no?... ayayayayayayay

Anónimo dijo...

Que no va a ser así, David, que los del PP tienen complejos por ser conservadores o de derechas y se creen las memeces que criticas. Fíjate en Sevilla, cuando Monteserrín y el Tío de la Cachimba trincaban agustito y hacían lo que venían en gana siendo el pacto de los perdedores... y ahora el PP con la mayoría absoluta más abultada de la historia en aquella localidad mira por el consenso con esos sátrapas provincianos.

No negaré que hay que subvencionar el arte de calidad, pero estas bazofis seguiremos costeándolas por miedo a que critiquen... y luego será lo de dar el pan a perro ajeno.

Como a sacerdotes secularizados (vía parienta), teologuillos del error, y demás fauna... que ataca a la Iglesia, a una opción política conservadora, no se les quitará el pan para dar un aire democrático, como si con una mayoría absoluta tuviera uno que justificarse ante estos babosos que se cachondean de todo lo que no sean ellos.

Seguirán chupando del bote... tiempo al tiempo.