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jueves, 4 de agosto de 2011

Ginés Meléndez


Antes que nada permítanme un silogismo sencillo... Propongamos una duquesa, pero del siglo XXI, que decide repartir su copioso patrimonio entre sus seis hijos aún en vida y no anda espabilada, de modo que no articula en la referida herencia, cláusula alguna que rece que mientras ella esté viva, el uso, disfrute y derecho sobre muebles e inmuebles le seguirá perteneciendo. Y supongamos que su vasta prole, sabedores como son de pertenecer a uno de los linajes más distinguidos del viejo continente, empiezan a hacer uso legítimo de su recibida herencia dejando a la madre y duquesa en un comprometido estado económico que no le daría ni para la celebración de una boda sencilla y austera con su flamante y joven novio. En este caso, en este figurado ejemplo de indudable parecido con la realidad salvo en las cláusulas que sí se han estipulado, estaríamos ante el milenario y humanísimo hecho de la codicia. 

Pongamos ahora que una nación, en concreto la primera del mundo en convertirse en un Estado Moderno, ha de reinventarse con la finalidad de cicatrizar supuestas escisiones entre sus habitantes. Y que lo hace creando un precedente de modelo de gestión socio política que a la larga se ha demostrado erróneo. Pongamos que su texto fundamental y que cohesiona a toda la sociedad, que viene a llamarse Constitución, es mancillado impunemente a diario, y que su legislación sobre banderas, colores, distintivos e insignias representativas, también. Pero se concede todo, como se cae en el falso cinismo de insistir en una ley electoral que deja en venta a la mayoría de la población. 

Ese Estado, concede márgenes de libertad y de autodeterminación económica, educativa y social, de tintes increíbles. Ve con buenos ojos que la bandera que encarna el ser y sentir de todos, quede relegada frente a banderas de menor entidad (por representar a entidades demograficas menores, entiéndase) sino que estas segundas,sustituyan a la principal, legal y protegida en los códigos jurídicos oportunos. Al fin, la sociedad entera considera una afrenta el uso y empleo de la bandera primera y cierta, frente a la que encarna valores y sentimientos de un grupúsculo. 

Pues con esta suerte de metáforas, esta alegoría rebuscada que propongo, se compone el protagonismo cobrado por el seleccionador nacional de fútbol de los menores de 19 años: jugadores españoles que en una vuelta de tuerca estulta y sinsentido, suelen adornarse con banderas regionales que al parecer no quedan ya de por sí representadas con la nacional. Y claro, el bueno del seleccionador, siguiendo además el dictamen de la Federación Española de Fútbol, ase con vehemencia la bandera asturiana de uno de los suyos y le viene a decir sin palabras, que es la mejor manera de hablar y no hacer ruido alguno, que se la guarde pronto y ligero que los colores de su uniformidad y los gallardetes de equipación ya identifican sobradamente a todos y cada uno de los jugadores y seguidores. 

El refranero español suele ser una colección de sabios reunidos a manera de consejo consultivo; y en una de sus sentencias, afirma: "divide y vencerás". De manera que en un mundo como el nuestro, que puede ser recorrido de punta a punta en horas, que se comunica y relaciona en segundos y que anda asustado por las consecuencias que puede acarrear problemas en uno de sus países, porque el resto quedarían afectados, que nos sigamos empeñando en defender terruños, islotes insignificantes, pequeñas parcelas que sin el respaldo y la integración en un ente superior nada serían, es demencial. 

Me sigue resultando de una estupidez supina que con el dinero de todos se costee y se haga posible la hazaña de la última conquista de la Sub 19 para luego, en vez de sentirnos todos representados por la única enseña que lleva siglos identificándonos a todos, pese a quien pese, tenga yo que tragarme un arco iris de colores y un puzzle de motivos y armas heráldicas que no guardan relación conmigo. 

La permisividad nacional con las cuestiones autonómicas ha sobrepasado hace ya muchos años el límite de lo sano y coherente. Porque poca trascendencia tiene el uso y exhibición de  las banderas regionales, precisamente por ese motivo, su sustitución en pos de una bandera supraregional, histórica y referente, es lo lógico. De sentido común, que en España parece no ser el más común de los sentidos. 

Luego, oír a colaboradores de Marca TV decir que quitarle a un jugador una bandera regional es lo más bochornoso que ha visto nunca, forma parte del grado de estupidez y de incoherencia que pulula cual enfermedad venérea por los 504.750 km cuadrados que llamamos España. 

Cuando este Estado que vilipendia a parte de sus integrantes y desobedece a la llamada legal pero sobre todo moral del principio de solidaridad, y por supuesto, es principal culpable del insostenible endeudamiento que vivimos tenga que expirar, porque su mantenimiento es sinónimo de sangría económica y de inoperancia política, espero oír la defensa parcial y claustrofóbica de comentaristas como el mencionado. 

Porque está claro, que uno de nuestros principales padecimientos, es la estrechez de miras en todo. Y especialmente en cuestiones de patria chica, embebida, de un enanismo brutal y de una imposición casi dictatorial. Y es que nadie ha de olvidar que cuando hablemos de defensa de una identidad, esta nunca ha de realizarse a costa de otra mayor, de más enjundia, más representativa y hecha y gestada por todos. El mundo no necesita de egoístas que piensen en pequeño, sino de idealistas capaces de obrar para bien de todos... Y Ginés Meléndez, bien por obligación o por pensar con coherencia, se ha convertido sin pretenderlo, en la pica flamenca que ha conquistado el lugar que a base de una generosidad anormal nunca hubimos de perder.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Enhorabuena al entrenador, no por quitar de enmedio la bandera de Asturias (con lo de que España es Asturias y el resto tierra conquistada al moro) sino por cumplir con la legalidad vigente. No se pueden usar... y no se usan. Y punto.

Para vergüenza los que el PSOE y Magustrados progresistas han permitido hoy contemplar como en las fiestas de la Virgen Blanca en el País Vasco los familiares de presos etarras tengan una tribuna de preferencia...

Y al indignado por el hecho de Marca TV que se joda. Lo que indigna es que desde que los filoetarras están en las instituciones la bandera nacional vuelve a faltar en instituciones.

Ya está bien de tantos taifas chikilicuatres que viven a costa de un cuarto de mi salario que se come en impuestos el Estado... a ver si viene una mayoría absoluta acojonante y se pone orden en lo económico, se endurece el código penal... porque si no se arregla después de este malgobierno, apaga y vámonos... porque África si empezará en los Pirineos.

Santi.

Anónimo dijo...

BIEN POR GINÉS......PERO SI LA BANDERA ES LA CATALANA O LA VASCA NO SE ATREVE...TE LO DIGO YO
RAFALCALA
enga, cojones que salga ya uno de éfeso