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martes, 2 de agosto de 2011

Exposición en Huéscar

Santa María; o la Colegiata, o la Mayor Parroquial de la Encarnación. Así puede designarse a la edificación sacra más grande de la Diócesis de Guadix, más extensa en su perímetro constructivo que la mismísima Catedral accitana y que es el monumento que descuella y sobresale dentro de la población de Huéscar, aquella localidad de la frontera de Granada más cerca del Levante español que del sur de la Península. 

Santa María es una de las Iglesias que uno jamás podría creer encontrarse en una población recoleta como la oscense, con 8.000 habitantes, y no ya solo por unas dimensiones como las suyas, sino por la perfección arquitectónica que hace de la Parroquial una muestra recomendable del renacimiento patrio y uno de los ejemplos de este estilo con más predicamento, sin obviar sus interesantes cúpulas que retrotraen directamente a los modelos fijados como a seguir de la península itálica. Al ser además Templo Jubilar Perpetuo y estar adscrita espiritualmente a la Basílica Mayor de Santa María de Roma, la vieja Colegiata de los oscenses, merecería ya de por sí la pena visitarla. A lo que yo sumo para el espectador que además de los atractivos del arte participe del credo católico, que en ella encontrará una de las atenciones espirituales más fervientes y plausibles de las que yo conozco, al punto de asegurar que el Obispo de la Diocésis ha de estar extraordinariamente feliz de contar con Ministros de Dios como los que en su día llegaron a Huéscar. 

Cada verano la Colegiata abre sus puertas a muestras expositivas de hondura artística. Este año, el que viene siendo su cerebro estético, su comisario y encargado de dotar de lección catequética y didáctica a las muestras artísticas, el Rvdo. Padre don Antonio Fajardo, ha demostrado una sensibilidad sin precedentes y ha querido dedicar todo el contenido patrimonial a la efemérides del XXV Aniversario de la hechura y bendición de la Virgen de la Esperanza, Titular de una de las hermandades de penitencia de la ciudad. 

Así las cosas, al ya indudable atractivo que tiene Huéscar, con sus arquitecturas civiles de parangón, su Palacio de Penalva que es un complejo ecléctico donde el modernismo campa a sus anchas y la ya mencionada joya que es la Iglesia de Santa María de la Encarnación, hay que sumar una reunión de piezas de difícil contemplación para el común de los amantes del arte y de una solidez museística inquebrantable. Y en donde hermandades granadinas como la de San Agustín, Esperanza y Resurrección han tenido que ver haciendo buena la frase del comisario: "la Iglesia ha de estar donde necesite la Iglesia". 

El primero de los espacios expositivos arranca a los pies del templo, en el lado de la Epístola; primero hay que franquear la artística portada dieciochesca que nos dará paso a la Sala de los Recuerdos, donde la Hermandad de Expiración y Esperanza, que ha recibido la gracia de la dedicación de esta muestra, enseña un conjunto de detalles, recordatorios, fotografías y una selección de enseres que hacen alusión a los 45 años de vida de su Banda de Cornetas, a los lazos fraternos mantenidos con hermandades de buena parte de Andalucía y el Levante o preseas relacionadas con su paso de palio y en donde descuellan imágenes de formato pequeño del imaginero malagueño David Anaya.

La Eucaristía es el leitmotive de la segunda sala recordando el carácter sacramental de la Hermandad. El fabuloso terno (casulla, capa y dalmáticas) de los Duques de Alba, ofrenda histórica del Gran Duque a la ciudad en el último cuarto del siglo XVI recibe poderosas atenciones. Cálices dieciochescos, platerías cordobesas barrocas, modelos decimonónicos y piezas presentes de los sacerdotes de la localidad giran en torno a la gran obra expuesta, una verdadera proeza platera y orfebre que Francisco Muñiz labra a partir de 1560 para configurar la Custodia Procesional de Huéscar, de las llamadas de asiento, tres cuerpo, banco y remate y un delicado programa iconográfico. Conocida como "La Torrecilla", ha sido requerida para exposiciones rotundas fuera de nuestro país inclusive, de ahí la inmensa valía de esta muestra que nos ocupa. Y no dejen de ver en esta sala, el incontestable Guión Sacramental en forma de Lábaro de la Hermandad de San Agustín de Granada, que a pesar de la competencia de bordados como los del terno ducal, sigue siendo de tan sobresaliente factura como de impactante impresión estética. 

La Sala Tercera tiene el lugar más pretendido, reservado y escenográfico, pues se ubica en el interior del poderoso coro colegial, a la manera de los coros catedralicios hispanos, debajo de la bóveda vaída de la nave central. Una de las mejores oportunidades para ver los sitiales tallados del mismo y admirar la disposición espacial es visitando la exposición. Allí, el original y hermoso palio de la Virgen del Triunfo, en malla de plata y bordado en plata y sedas, junto a sus varales maestros, los brazos de cola de la Virgen de las Lágrimas de Guadix (premio nacional de artesanía de su año) o el simplemente impactante manto de salida de la Virgen de la Esperanza de Granada, según patrones de 1931, hacen que el espacio sea de una rotundidad obligada. Y todo ello dispuesto con la intención de recrear un paso de palio en la estación de penitencia habitual. Por lo que sobre su plateada peana, la Virgen de la Esperanza de Huéscar, objeto de este importante esfuerzo museográfico/expositivo.

La cuarta sala, "el tiempo en su plenitud" esconde uno de los discursos didácticos más acendrados, y la posibilidad de detenerse en lienzos marianos de firmas tan indiscutibles como Guido Reni, José Risueño, la escuela barroca granadina del siglo XVIII, modelos barrocos hispanos y anónimos de una trascendencia local consumada. 

Esta nos dirige a la arriesgada y envolvente quinta sala, el "Árbol de la Vida", donde descuella una serie de lienzos, atrevidos, rupturistas, innovadores, con una corrección de dibujo sin tacha y en la escena del Pecado Original, la aceptación de Eva y la ofrenda de la misma al espectador... La tan conseguida catequesis plástica dirime el tema del pecado, pero la remisión del mismo gracias a Cristo y su tarea salvadora, al igual que refuerza la idea del papel corredentor de María. Ocasión para ver el arcaico crucificado de la Expiración, con reminiscencias goticistas en su traza, el delicado Nazareno (y su notoria túnica bordada) del S.XVIII, una dolorosa del sin igual Romero Zafra y la Soledad Coronada, posiblemente la Imagen más devocional de Huéscar. 

Hay que verla. Es gratuita, total y rotundamente gratuita. Merece la pena ver la muestra, contemplar Santa María, pasear por una ciudad que sorprende y dejarse seducir por el gracejo y la inquebrantable amabilidad del oscense. Y si tienen oportunidad, oigan una misa. Los sacerdotes de la localidad elevan el concepto espiritual al que estamos acostumbrados, y la liturgia de las eucaristías, lejos de antagonismos, recuerdan a la verdad de nuestra Iglesia. ¡APROVECHEN Y DISFRUTEN!

3 comentarios:

Un cofrade más dijo...

Estimado David:

Aunque no con la frecuencia que es habitual en mí durante el año, sigo atentamente su blog dentro de las características propias del verano, y tengo que decirle que me gusta mucho esta entrada.
Por razones personales visito Huéscar con cierta frecuencia y he tenido oportunidad de ver dicha exposición. La palabra es sublime. Pocos "peros" se le puede poner a la muestra, estando a la altura (en mi humilde opinión) de algunas de las que podemos ver en nuestra capital. Y eso, como bien dice, en un pueblo de unos 8000 habitantes.
A propósito también de los datos que aporta sobre la Colegiata de Santa María y de las liturgias que en ella tienen lugar, me gustaría decirle que en ella cobran especial protagonismo la figura de los "Heraldos". No sé si los conoce o saben qué son. Ayudan en las misas cual monaguillos convencionales, con la peculiaridad de ir vestidos con un atuendo un tanto extravagante.
Hasta donde yo sé y he podido conocer, son una especie de "secta" (quizá no sea esta la palabra exacta, pero no me sale otra...), que sólo tiene lugar en Huéscar y que trabajan con niños desde muy jóvenes para inculcarles el servicio a la iglesia, retirándolos de sus familias incluso y llevándolos a residencias de "Heraldos". Como he dicho al principio, ayudan en las misas y son el principal apoyo del sacerdote, así que supongo que cuentan con el apoyo de la iglesia. Como le digo, esta es la poca información que poseo (créame que es de buena y autóctona tinta oscense), aunque propiamente la percibo como muy difusa.
Dado su conocimiento y aprovechando esta entrada, quisiera pedirle si es posible otra entrada abordando este tema y aportando un poco de luz al respecto. Al menos yo, seguidor confeso de su blog, le estaría muy agradecido.
Un placer como siempre y disfrute lo que queda de verano.

David R.Jiménez-Muriel dijo...

Estimado Un Cofrade más... La presencia de los Heraldos del Evangelio en Huéscar es fundamental para la liturgia de Santa María, el auxilio brindado a sus sacerdotes y la formación de buena parte de los jóvenes locales que quieren acercarse a este Instituto. Los llevo conociendo desde 2008, desconociendo si ya antes estaban en la ciudad oscense. Lo cierto es que sólo están presentes (en suelo español, porque abarcan 78 países) en la Casa Madre española (Madrid) y la diócesis de Guadix, y en concreto en el arciprestazgo de Huéscar...

Así que a su petición hago oídos prestos y espero responderle con mayor predicamento.

Gracias por la lectura y espero difunda las valías de la exposición.

EXPIRACION Y ESPERANZA dijo...

Magnífico post, muchísimas gracias, David. Que la Virgen de la Esperanza te bendiga.