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miércoles, 10 de agosto de 2011

Dinero

En torno a monedas y billetes se ha ido creando siempre un universo léxico popular que de tanto repetirlo nos parece ya común y posiblemente nos cueste interpretar cuando no desconocido su origen. Es el caso de la entrada de ayer donde desentrañamos el por qué de la expresión "para ti la perra gorda". Y al hilo de ello, el castizo término que identifica el dinero con "las perras", haciendo alusión a aquella moneda de 5 y 10 céntimos del periodo del Gobierno Provisional español, hacia 1870. 


Igualmente nos referíamos a las cinco pesetas como duros, y fueron muchos los que se acostumbraron a traducir los costes de los productos trasladando su valor de pesetas a duros... Si el duro equivalía a cinco pesetas, no era más que por herencia de una moneda previa a la aparición de la peseta. Una peseta equivalía a cuatro reales y desde finales del siglo XVIII, acuñó España dos monedas con el valor de 10 y 20 reales, conociéndose la pequeña como el peso, y la de 20 reales, como peso duro. La sencilla operación matemática consistente en multiplicar los cuatro reales a los que equivale una peseta por cinco, arroja una cantidad de veinte reales, luego 5 pesetas era un duro. Y hasta la aparición del euro, fue común que a las 100 pesetas se les llamara "20 duros" y las monedas de 25 y 5 pesetas, los "Cinco Duros o el Duro". Y muchos de los que me leen desde Granada, recordarán la tienda que en Gonzalo Gallas vendía repostería de una muy poco recomendable calidad gastronómica que los más veteranos del Instituto Padre Manjón o de los Agustinos conocieron como "Los cinco duros" (por el valor de sus discutibles cuñas, tortas y otros manjares hipercalóricos) y que el común de los mortales conocimos como "Los seis duros", lugar de peregrinación de los bachilleres agustinos durante los escuetos recreos que teníamos. 

Y al fin, la otra curiosidad fue llamarle al millón de pesetas, como kilo. Todavía hoy nos referimos a varias cantidades de millones de pesetas de tal manera, y los hay que ya han interpretado el millón de euros por el millón de kilos, cuando lo cierto es que todo esto arranca del año 1951. Fue este el de la aparición del billete de mil pesetas dedicado al indiscutible pintor Joaquín Sorolla. Alguien descubrió que mil de estos billetes (es decir, un millón de pesetas), pesaban justo un kilo, o que cada uno de ellos, era de un gramo. La institucionalización del término "kilo" para referirse a un millón de pesetas la puso en boga Manuel Benítez "El Cordobés", que consagrado ya como torero de masas, exigía cobrar un kilo por corrida. Y el término ha calado espléndidamente al punto que no hace mucho, un amigo mío me contaba que su nuevo coche le había costado 5 kilos cuando su precio real no es otro que 30.000 euros. 

Las perras, los duros o los kilos... Curiosidades que monedas y billetes españoles han dejado ya en el vocabulario popular patrio. 

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