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miércoles, 31 de agosto de 2011

Damos asco

Verano de 2010... La televisión nos traía un reportaje sobre la Fiesta del Agua en Villagarcía de Arosa, en Galicia. Una tierra históricamente rica en agua. La festividad, en honor a San Roque, tiene un componente especial y chocante para los que vivimos a centenares de kilómetros más al sur de esta Península. ¡Cientos de miles de litros de agua con los que se bañan literalmente los centenares de participantes! Unos meses más tarde, la Junta gallega daba a conocer la estadística del otoño, invierno y primavera en cuanto a los índices de precipitaciones indicando que habían sido los más bajos de los últimos tiempos y que dejaban los niveles de ciertos embalses en situaciones críticas. 

Verano de 2011... El estío es pródigo en la zona catalana y valenciana en fiestas muy particulares: "merenguina, raimá o tomatina" (y no sólo la famosa de Buñol) cunde por la geografía mediterránea, exceptuando las regiones de Murcia y Andalucía. Las calles y los enclaves urbanos se tiñen del color del tomate, de la uva (habría que incluir las batallas riojanas de Haro) o del merengue. Centenares de toneladas de alimentos como armas arrojadizas, como proyectiles festivos, como balas comestibles en el suelo, en las ropas, en las paredes y en el mobiliario urbano. 

Reconozco que nunca he disfrutado en mi tierra de fiestas como estas. Las nuestras tienen acentos históricos,  procesionales y tradicionales. Aplaudimos la mecida de un palio, la faena de un diestro y el cortejo de la ciudad, mientras bajo el abrigo de los toldos, usamos el yantar como medio de sociabilidad, como instrumento para el diálogo y con el fin de la risa y la buena sintonía. Tal vez, de haber nacido en cualquiera de esas poblaciones no me plantearía lo deleznable que supone estas fiestas... Tal vez. 

Mientras, en la Puebla del Duc (Valencia) 100.000 kilos de uva se desperdicia. En Buñol, otros 120.000 kilos de tomates se desaprovechan. Los organizadores aseguran que es tomate en mal estado. No opino. A su vez, en Villagarcía de Arosa (Pontevedra), 30.000 participantes se bañan con el agua despilfarrada que brindan camiones de bomberos o vecinos. Cientos de miles de litros de agua. Algo parecido a la Batalla del Agua de Vallecas (Madrid) o a la homónima fiesta de Lanjarón (Granada). Y la merenguina de Liria (Valencia) malgasta cientos de kilos de huevos y azúcar en su particular batalla festiva. ¡Nos imaginamos que la excusa aquí no es que estén los huevos en mal estado también! ¿No?

Es curioso cómo la funciona la inhibición de algunos. Y cómo la hipocresía está al orden del día. Es curioso cómo se puede criticar el coste de las pasadas Jornadas Mundiales de la Juventud con beneficios cercanos a los 200 millones de euros y una publicidad impagable para España y Madrid, pero no se pida que todo este despilfarro, toda esta inmoral juerga gastronómica, no se envíe de alguna forma a países como Somalia, con una hambruna descomunal. 

Es curioso que la Iglesia Católica atienda en 2011 a 3.000.000 de personas (¡tres millones) aquejados de necesidades imperiosas y sin embargo, instituciones y administraciones públicas apoyen, subvencionen y publiciten este tipo de fiestas. Es amoral, nada ético, rematadamente censurable que haya un 20 % de la población española bajo el umbral de la pobreza, que en nuestro país, 9 millones largos de ciudadanos tengan problemas para alimentarse, para subsistir, y existan estas fiestas. Y es condenable que nadie alce la voz por una vez en su vida, que no sea para criticar a aquellos estamentos que no les gustan, como el eclesiástico. Por una vez, los indignados podían demostrar de qué pasta están hechos. Y algún político. Y algún ciudadano honrado que se pregunte, como yo, cuando veía cada verano cómo se iban al garete cientos de miles de litros de agua (mientras los asistentes al festín se excusaban diciendo que en Galicia se lo podían permitir por lo que llovía) mientras por el sur la amenaza de las restricciones de agua eran siempre atenazantes, los agricultores murcianos se las veían y deseaban para sacar adelante la huerta y te enterabas que en ese fragmento del mundo olvidado que está debajo de España, algunos andaban decenas de kilómetros para poder beber agua. 

Si en efecto a nadie le remueve la conciencia los escalofriantes datos de pobreza y hambre que vivimos en la misma España (aunque el único que es capaz de paliar en algo esto se llame Iglesia) poco le importará lo que sucede bien lejos de aquí. Y pringará sus manos, su cara y el cuerpo entero de merengue, de tomate, de vino, de agua... Da igual. Es un ejemplo más de la crisis de este país. Una crisis de valores, de moralidad pero por supuesto, de principios, de cultura y de un mínimo de sensibilidad. Y por eso, entre el partido que entre en el Gobierno, o estirpa antes que nada a los españoles, o difícilmente hará de esta Nación algo parecido a lo que fue y hubo de ser. Porque me duele decirlo... Pero DAMOS VERGÜENZA. 

5 comentarios:

Anónimo dijo...

David,

Comprendo la entrada, pero en creo que, como cuando se tira la cabra del campanario, quizás haya que ahondar más en las raíces históricas de la fiestas para comprender su origen. Además, hay dos temas:
1.- 15.000 Kg de tomate a 30 céntimos el Kg pagado en origen, porque no sean primera, son 4.500 € de gastos; la tomatina, por ejemplo, imagínate que atrae a 1.000 turistas (son más) y que cada uno se gasta el dinero en una botellita de agua y un bocadillo, nada más. Las fiestas reportan al pueblo, globalmente, un beneficio económico superior al gasto, más la publicidad gratuita en TV de la villa. Es el mismo argumento dado para las JMJs y que, por real, puede ser aplicado a los demás casos.
2.- Los católicos somos la primera organización de solidaridad del mundo, a años luz de cualquier organismo de cooperación público o privado, estatal, multinacional (ONU y sus agencias), etc. El problema es que esta ayuda está muy bien... pero no siempre queda patente la identidad católica de su actuación. SS Benedicto XVI ha realizado cambios en Caritas Internacional para reforzar su identidad católica. Ya es hora de que la mano derecha sepa lo que hace la izquierda, sobre todo cuando la Iglesia se quiere silenciar o la Verdad que ofrece se quiere poner en el mismo plano que otras religiones: y aqui que vengan islamistas, judíos... o budistas a jugarse los cuartos -y la vida- por el prójimo, que no los encontrarás.
Y es cierto que, junto a la Iglesia Católica, otros cristianos...
Nada más que por ésto, a sindicatos (incluído el de la ceja), partidos políticos, movimientos perroflaúticos y demás fauna se les debería caer la cara de vergüenza cada vez que intentan desprestigiar a la Iglesia... pero para eso hay que tener un mínimo de cultura y educación, no de libros, sino de la que dan los padres.


Santi.

David R.Jiménez-Muriel dijo...

Y no puedo quitarte un ápice de razón, Santi, pero en mi casa de siempre ha existido una curiosa costumbre: cuando por cualquier circunstancia un resto pan se ponía incomestible y había que deshacerse de él, recordaré siempre a mi abuela besándolo apesumbrada y musitando un padrenuestro mientras se deshacía de él...

Por eso, que las posibilidades de ingresos de una fiesta se organicen con tal falta de respeto a la comida, al agua, me sugiere directamente que esta sociedad necesita plantearse muchas cosas...

Anónimo dijo...

Tu te hechas las manos a la cabeza, quizas con mucha razón, con la frivolidad y derroche de alimentos necesarios en otras partes del mundo.... Ve y les preguntas a ellos que les parece que un manto necesita 9 kilos de hilo de oro y veras lo que te dicen.... Pisaste un "barrizal" complicado hermano
Un abrazo
Vicente Royo

Anónimo dijo...

"El pan tiene la gracia de Dios", decía también mi abuela... y que estar mal tirar comida, pero ese excedente alimentario/agua es intransportable al cuerno de África, por ejemplo.
Hay que saber separar un poquito el grano de la paja y ahondar más en estas cuestiones para evitar un argumento demagógico, que luego será empleado como vara de medir con nosotros.

Como historiador, a ver si arrojas luz sobre el origen de la fiesta del agua de Lanjarón y la tomatina; recopilas información y sintetizas, que seguro que tiene su razón de ser... o al menos, eso espero.

La sociedad tiene muchos males pero para replanteárselos hacen falta dos pilares que se dan la mano: educación-cultura, pero de verdad y no esta bazofia y estas reformas sin recursos que fracasan y que van a peor, y religión, reconociéndo el mensaje cristiano como positivo e integrador además de como raíz de esta sociedad. Por ejemplo, si se discute sobre si a las 20 semanas de gestación el niño es humano o no... si niñas con 16 años deciden sobre el aborto... si la subvención y el ir tirando (S.O.E.) anestesian a una sociedad... si la calle es sólo para los acosadores al amparo del gobierno de turno... si la universidad, de endogámica, expele un hedor a podredumbre insoportable... ¿cómo salir de la situación actual?

Perder poder adqusitivo para dedicar más tiempo a la prole... te lo digo yo que he tenido la posibilidad de hacerlo, "funcionariarme" para poder transmitir lo mejor de mi en conocimiento, ética y fe a mi niño y los que vengan... y poder ser sal.

Santi.

Pitu dijo...

Tanta hambre en el mundo y tanto tonto comiendo...