Visitas

lunes, 25 de julio de 2011

Santiago

Podría hoy hablar de cómo los intereses progresistas siempre intentaron sustituir unos valores tradicionales por otros nuevos, y no necesariamente, ni siempre, mejores; podría señalar los empeños demudados y renovados en sustituir fiestas, conquistas de espacio público, señas de identidad, símbolos que encarnan valores de vida y de amor... Pero voy a tragar toda la saliva con hiel que nos han servido estos siete años atrás y regocijarme por el día que celebramos, más allá de la trascendencia espiritual y devocional de la figura del Apóstol Santiago. Porque a fin de cuentas, 1.167 años después de la Batalla de Clavijo, once siglos más tarde de aquel suceso entre lo legendario y lo ferviente, España repasa una historia fecunda de jaculatorias y arengas con el nombre del santo peregrino en sus labios, en aquellos tiempos donde los valores permanecían inmutables y el honor era cosa de hijos de buen nacer. 

Y por eso, apuro el último sorbo de despropósitos, confusiones provocadas, manipulaciones mediáticas y ataques frontales contra la dignidad, el credo y la historia de la mayoría de los españoles, para llevarme a la boca la mejor de las frases que hoy se me ocurren decir en voz alta y cuyo sentido espero transmitirles a todos y que la fortaleza moral de la misma se quede con cada lector de esta entrada...

SANTIAGO. Y CIERRA ESPAÑA.

1 comentario:

maripuri888888 dijo...

El epitafio perfecto para Artur Mas.